martes, 19 de marzo de 2013

Manhunt V


-Esta noche estamos pensando en ir a una fiesta- me comentó Josh- es una discoteca exclusiva y cara, pero conocí a Mr. Momo, un chico ruso que maneja las relaciones públicas del lugar y nos consigue descuentos y nos evita hacer la fila.
-Bueno, vamos- dije, sin verdaderas ganas de perder plata en una discoteca a la que no iría nunca en mi vida si no fuese porque estaba de viaje.
Fuimos a comer a un bar chiquito, mientras masticábamos unos sándwich orgánicos y tomábamos una sopa de espárragos le dije a Josh:
-Esta ciudad es ridícula, es como una trampa. En cada cuadra hay algo para hacer y algo para consumir, no está bien. Es como si fuese un parque de diversiones gratuito en el que sólo comprás y gastás y te sentís bien pero un poco perdido y no entendés tu rol en todo esto ni en el mundo y te ves obligado a cuestionarte todo y no sabés que hacer de tu vida cuando el viaje se acabe y a la vez no querés irte de la isla pero sentís que te está succionando la energía y aprovechándose de vos gracias al marketing pero a la vez lo disfrutás.
Josh trago y limpió su boca con una servilleta que sostenía con sus dedos que parecían pinzas para romper las pinzas de una langosta:
-Sí, te entiendo.

Salimos del negocio y había una pintada en aerosol violeta en una pared, era una serie de símbolos raros, similares a estos:
1 8 7 7 . 2 1 0 2 . 9 2 . 0 1 . 0 2 . 9 8 4
Josh los anotó en una libreta que escondía dentro de su sobretodo.
-Es un código encriptado- me dijo- es el atbash-akak, una forma de encriptación basada en los caracteres de la tipografía Wingdings 2 del Microsoft Word. También son las indicaciones para acceder a un nivel secreto en el Ultimate Fighter para Sega Saturn, me acuerdo exactamente cada movimiento.
Fuimos obligados al Apple Store de nuevo, ingresamos a una computadora cualquiera, abrimos el explorador. La página de inicio era un sitio porno, otro: www.xvids.net

Josh ingresó al sitio TOR y puso unos códigos y desencriptó los caracteres del graffiti y logró ingresar a un sitio horrible que parecía diseñado en Microsoft Frontpage que parecía hecho para ser visto en Netscape.
El sitio tenía un contador que permitía navegar en él tan sólo diez minutos, después se cerraba.
El titular decía en Times New Roman:
LA ORDEN DEL NUEVO MUNDO!!!!
No somos una secta. No somos un club privado. No somos un movimiento. Somos todos. El mundo está cambiando y en ese cambio nos vemos involucrados todos, de una manera u de otra. Todos formamos parte de este nuevo mundo que comenzará con el fin del año 2012. Las profecías Mayas han sido malinterpretadas, el nuevo comienzo no es el 21 de diciembre, sino el 1 de enero de 2013. Todos formaremos parte de este cambio. Tenemos que prepararnos. Si estás acá es porque estás listo para prepararte.
Restaban nueve minutos.
Apretamos un botón que decía Bases y Condiciones.
-Queremos preparar a las juventudes futuras para que puedan autoabastecerse en su presente (nuestro futuro)
-Queremos desarticular la hegemonía actual del mundo.
Restaban siete minutos.
-Estamos en contra de la idea de cualquier dios que domine las mentes de las personas
-El hombre es el ser más peligroso  pero también el que puede usar su capacidad mental para hacer del mundo un lugar mejor.
-Los animales y las plantas están por encima del hombre. Sólo nuestra propia extinción permitirá que los animales y las plantas vuelvas a reinar el mundo.
-Esto es como Doce Monos- pensé- pero sin Brad Pitt. Restaban cinco minutos.
-Solo unos pocos hombres, los calificados, podrán acceder al privilegio de sobrevivir para vivir en el Nuevo Mundo. (Te encontrás dentro de ellos por haber podido acceder a este sitio).

Nuestros diez minutos de tiempo se acabaron, el sitio se cerró y volvió a la página porno.
-No se preocupen, nos están volviendo locos- nos dijo un empleado del Apple Store que pasó a nuestro lado- alguien seteó todas las computadoras y aparatos con acceso a Internet con sitios porno como página de inicio. Los quitamos y al día siguiente vuelven a aparecer. Están bajando las ventas y los clientes que visitan la tienda, es un infierno. Se dice que son los de es Nueva Orden Mundial, un grupo de geeks que juegan a los Illuminati.
Josh intentó volver a ingresar al sitio pero el código ya no funcionaba.
-No importa, ingresemos a la Deep Web y compremos drogas ilegales para que las manden al hostel.

Era domingo por lo que era noche de Pizza libre en el hostel. Nos juntamos en el comedor a comer y a tomar cervezas (también gratis) y a ver televisión (una película malísima con Jodie Foster) y a hablar sobre cualquier cosa y a planificar la noche.
Ellos querían ir a esa fiesta pero yo prefería ir a hacer otra cosa. Era 23 de Diciembre y las dos siguientes noches serían una mierda porque toda New York festejaría navidad.

Mimi quería sacarse una foto con el árbol que había en el Rockefeller Center. Yo quería hacer cualquier cosa que no fuese pagar precios ridículos por una lata de cerveza, escuchar música horrible y que no comprendo, hablar con chicas ebrias y racistas y volver solo al hostel.
Nadie se ponía de acuerdo y las porciones de pizza con pepperoni tamaño Extra Large ya estaban frías y no quedaban latas de cerveza por lo que pasar las porciones de pizza con pepperoni extra larga ya frías era imposible.
-Yo iría a Sway, ese bar donde a veces va Vincent Gallo y Chloe Sevigny y Macaulay Caulkin y pasan música de The Smiths.
-Eso es los lunes, el resto de los días ese bar es la muerte.

Jodie Foster parecía que estaba secuestrada o algo así e intentaba escapar de las ataduras de sus muñecas con movimientos torpes de cadera.
-Ah, bueno, vayamos el lunes.
-Me tienen harta con The Smiths- dijo Peggy Sue- Me tiene cansada el fanatismo desmedido hacia esa banda. Son lo mismo que The Beatles o The Rolling Stones, dioses muertos de una época que no viví. No me representan más que la viruta de un lápiz recién afilado.

Me gustó su comentario, era una banda que se seguía adorando pese a que no estaban juntos hacía casi tres décadas. Mis padres tenían más derechos a escucharlos que yo.
-Voy a ir a comprar unos packs de cervezas- dijo Buddy Holly- porque sino esta noche no va a comenzar nunca.
Buddy Holly vestía un traje gris y tenía un chaleco y un corbatín y los anteojos limpios y un jopo engominado y zapatos que la mitad eran negros y la otra mitad blancos, como si fuesen para bailar swing o tango.
Mr. Momo le mandó un mensaje de texto a Josh preguntando cuantos iríamos esa noche a la discoteca. Ya no podía escapar.

Entraron al comedor un grupo de australianos, dos chicos y dos chicas. Todos eran rubios y con las mejillas rosadas por el frío, no parecían acostumbrados a la temperatura y suspiraban y sus cuerpos estaban agitados. Las dos chicas tenían el mismo buzo de GAP rosa. Se sentaron en una mesa a nuestro lado y hablaban a un volumen ridículamente bajo, como si no quisiesen molestarnos.

Pensé en invitar a Kesuke, pero era solamente por lastima para que no se quedara solo. Sabía que no iba a venir aunque lo invitase, por eso no lo hice.
Jodie Foster se besaba con un actor desconocido.
Josh se arremangó la camisa y tenía un tatuaje de un ancla que parecía ser un dibujo del Siglo XIX, con detalles y sombras.

-No entiendo los tatuajes- dije, por decir algo y evitar el silencio.
-¿Qué no entendés de los tatuajes?
-Para que sirven, que son, que sentido tienen. No los entiendo.
-Son dibujos que se hacen en la piel y no sirven para una mierda. Algunos son lindos, a mi me gustó el ancla, no hay razón alguna. Mis abuelos no eran marineros, eran granjeros, pero me gustó el dibujo.

-Pero sigo sin entender porqué la gente se hace dibujos eternos en el cuerpo, cual es la razón. ¿Por qué no nos hacemos brazos de madera y aluminio? Es igual de aleatorio.
-Sí, puede ser. Es cultural. Hay gente que se pone argollas en el cuello y se los estiran, otros se tatúan.
-El tema es que el tatuaje es igual de exótico que lo de las argollas en el cuello, una costumbre robada y descontextualizada y vaciada de contenido y sentido.
-Sí- dijo Peggy Sue defendiéndome- como ha pasado con los expansores. Hace unos años nadie los usaba en occidente y ahora de cada cinco personas que veo, dos los tienen. Es brutal.

El empleado del turno noche del hostel apareció en el comedor y le dijo a Josh que se acercara un momento a la oficina. Josh, sorprendido fue con pasos lentos y torpes.
Buddy Holly apareció con dos packs de seis cervezas: uno de Blue Moon y otro de Coors. También traía un whisky Jim Beam y una Coca-Cola.
-Invito yo- dijo.

Jodie Foster miraba el horizonte desde un precipicio. Tenía unos jeans azules y botas y una campera de cuero un poco corta y anteojos negros. Aparecieron las placas de créditos.

Josh apareció con una sonrisa en su cara. Emanaba frío del pasillo que separaba el comedor del lobby.
-Tengo un regalo- anunció y sacó un sobre de papel madera que vació sobre la mesa.

Estaba lleno de frascos con diferentes drogas.
-Les presento al: MDMA, el LSD, la Ketamina y la Cocaína.

Todos nos quedamos en silencio. Josh empezó a picar todo y a mezclarlo.
-No me miren así, las compré hoy con Ariel.
-¿Conmigo?- pregunté asombrado.
-Sí, en la Deep Web. Llegó mucho más rápido de lo que pensaba, en el mismo día. Genial. Lo gracioso es que frente al hostel hay una comisaría.

Empezaba una película de Universal Studios.
Yo era el único que tomaba una Blue Moon.
Los australianos miraban a Josh con pánico.
-Ya está- dijo.
En la mesa había una montaña de polvo que comenzó a separar en gruesas líneas.
-Una para cada uno.
Sin dudarlo, todos tomamos. Nuestras narices hacían un ruido rarísimo, como el de un motor de goma espuma.

jueves, 14 de marzo de 2013

MANHUNT IV


Caminé hasta el Dakota Building, donde Mark Chapman asesinó brutalmente a John Lennon. Había unos Deadheads parados en la puerta, parecían drogados, una pareja de alemanes (o eso parecían ser) lloraba. Me detuve tan sólo un momento y me alejé de ahí hasta ver la placa de IMAGINE. Había una larga fila para posar en el círculo y sacarse una foto. No me conmovió en lo más mínimo.

Un hombre cantaba las canciones más famosas de manera horrible y las personas le daban monedas y se sacaban fotos con él y las cantaban de manera fea acompañándolo. Tenía un sombrero de cowboy y pelo largo, pero supuse que debajo del sombrero había una calva con verrugas. Tenía un chaleco y botas texanas. No sé que tiene que ver esa vestimenta con The Beatles.

Otro hombre llegó y desenfundó una guitarra eléctrica que enchufó a un amplificador y comenzó a tocar otras canciones a tan sólo metros de distancia. Las melodías mal ejecutadas se superponían y era una bola de ruido horrible. Los hombres comenzaron a discutir. El segundo se escudó en La Primera Enmienda y el primero en que había llegado primero. Comenzaron a gritarse y todo el mundo miraba y el círculo de IMAGINE quedó sin nadie porque se formó otro, de personas entorno a ellos. No iban a golpearse, ese era el climax. Entonces me fui y pensé en ir al Tom´s Restaurant, conocido como “el bar de Seinfield” porque muchos capítulos se filmaron ahí. Me pareció que quedaba demasiado lejos para ir a sacarme solamente una foto y comer un desayuno que seguramente era carísimo. Además no soy muy fan de Seinfield, prefiero Curb Your Enthusiasm. Me pregunté cuando habría sido la última vez que Jerry Seinfield habría ido a comer ahí, o si alguna vez habrá ido más allá de la filmación del programa.

Atravesé el Central Park y fui a King Papaya, un pequeño negocio de panchos y jugo de papaya que queda del otro lado, al este del parque. En el transcurso me crucé con un libo perdido, dejado a propósito para que alguien lo encontrara, pero era un libro sobre el surgimiento de las religiones y me resultó muy aburrido y dejé que siguiese esperando a que alguien se entusiasmara con el juego anónimo.

Pensé en que quizás era dejado ahí por alguien de La Orden del Nuevo Mundo pero no quería empezar con paranoias que no iba a poder frenar, encima tan lejos de mi casa y de todas las personas que conocía.
Llegué al lugar de panchos que había conocido por el programa de televisión de Anthony Bourdain.
La mujer que atendía no se esmeraba en ayudarme a elegir el menú más conveniente, por lo que pedí un pancho con chili y otro con queso fundido, un vaso grande de jugo de papaya (que no sabía si me iba a gustar o a resultar vomitivo) y un vaso de papas fritas enruladas.

El local era minúsculo y sólo se podía comer de pie. A mi lado había una anciana, tendría unos ochenta años, estaba arrugada y temblaba pero estaba muy bien vestida. Me pregunté quien carajo sería esa mujer, como habría sido su vida, si siempre habría vivido en New York y que pensaría de la ciudad en estos días.
Comía un pancho y pinchaba papas de un vaso y tomaba el jugo espeso de color naranja pastel.
La imité y leí los carteles que había en el local:
“¿Sabía que la papaya tiene más vitamina C que un kilo de naranja y que previene enfermedades arteriales y distintos tipos de cáncer?”, “King papaya promueve el deporte y la buena alimentación”.
Dí un bocado al pancho, tragué e inmediatamente pinché las papas con el tenedor de plástico y las mojé en ketchup. Dí un trago del jugo de papaya que era extrañamente rico para bajar el sabor avinagrado del Ketchup. Me di cuenta de que no me gustaba mucho ese aderezo pero que me estaba obligando a creer que sí me gustaba.

Terminé la comida y ya estaba aburrido así que salí y tomé una foto con una cámara instantánea que había comprado en B&H, una tienda de electrónica gigante atendida por judíos ortodoxos en la que los pedidos viajaban por cintas corredizas por los techos.

Me sentí un poco idiota al sacar la foto, como si fuese ese personaje torpe de la novela Everything is Illuminited de Jonathan Safran Foer que si mal no me acuerdo es el mismo Jonathan Safran Foer.
Josh caminaba solo por la cuadra de enfrente. Pasó delante de mí y no me vio, por lo que me puse detrás de él y puse mi dedo detrás de su espalda como si fuese una pistola y le dije que eso era un asalto y se sorprendió mucho. Al darse vuelta estaba pálido y lucía con miedo. Yo me reí y me dijo que era un idiota.
Seguimos el día juntos.

Josh me contó que había estudiado cine en Escocia y que todo lo que había aprendido había sido en vano, que él quería hacer mierda experimental, eso era lo que a él le gustaba. Le dije que debería ir al IFC a ver mierda experimental o al PS2 en Queens o incluso al MOMA o al New Museum. Yo quería comprar un libro en el New Museum sobre la historia del ABC No Rio, una casa tomada que funcionaba como centro cultural desde hacía treinta años.

Josh me dijo que tenía pensado ir a todos lados porque pensaba quedarse mucho tiempo en Manhattan porque era su año sabático por haber terminado la universidad.
-Cuando pronuncias Manhattan pareciese que decís Manhunt.
-Mi acento es bastante escocés, pasé mucho tiempo allá. Es más cerrado que el inglés de Inglaterra, lo sé.
Josh lucía como una versión viva de Frankenstein. Era alto y tenía el cráneo rectangular y un corte de pelo similar al de Largo de la Familia Adams. Le faltaban los tornillos en el cuello y tener una voz más grave y lenta. En su frente tenía una cicatriz pero era minúscula, más cercana a la de Harry Potter que a la del monstruo de Mary Shelley. Sus brazos eran largos y los solía tener a sus costados, con lo hombros relajados, como si le pesaran y estuviesen rellenos de arena en vez de carne y huesos y venas y sangre. 

Siempre usaba un sobretodo azul que era muy largo porque el es muy alto.
-¿A dónde ibas?- le pregunté intrigado con sus actividades en la ciudad.
-Al Guggenheim, quería ver una muestra y comprar algo en la tienda de regalos.
En el Guggenheim había una muestra de un tal Maurizio Cattelan. Estaban todas sus obras. La muestra se llamaba All y consistía en todas sus esculturas colgadas del techo a diferentes alturas. La idea era subir al último piso del museo por el ascensor e ir bajando de a poco para ir viendo las obras desde diferentes ángulos y perspectivas. Una era una estatua de un nene que lucía como Adolf Hitler, otra era el cadáver de John F. Kennedy en un ataúd pero sin marcas de los disparos ejecutados por Lee Harvey Oswald, otra era un elefante disfrazado del Ku Klux Klan. Debajo de todo, en el suelo, estaba el Papa aplastado por un meteorito.

Con el precio de la entrada teníamos derecho a retirar un iPad con una video guía grabada por John Waters pero por alguna razón no lo aprovechamos. También con la entrada podíamos acceder a una muestra sobre Kandinsky y otra con obras de Roy Lichtenstein pero ninguna de las dos me interesaba y a Josh tampoco.
Entramos a la tienda y Josh compró unos papeles para hacer origamis que venían con indicaciones para hacer piezas para hacer un rompecabezas de origamis. Mientras recorríamos los muebles me dijo que su película favorita de Waters era Pink Flamingos. Yo le dije que la mía era Polyester porque actuaba Stiv Bator.

Al salir cruzamos al Central Park y escupimos en el lago Jacqueline Kennedy Onassis sin ninguna razón en especial. Pasamos por la puerta del Museo Metropolitano sin intención de ingresar en él y nos pusimos a levantar del suelo las chapitas redondas de colores con la M que te dan al ingresar. Las abrochamos al cuello de nuestras remeras. Yo tenía una amarilla y una rosa y Josh tenía una verde y una roja. Me gustaban más las suyas pero no dije nada.

No había una mierda que hacer entonces nos tomamos el subte para irnos lejos y terminamos en un lugar horrible llamado Roosvelt Island que es una isla que queda entre Manhattan y Queens y en la que antiguamente había una cárcel.
-Acá parece no haber nada- le dije a Josh decepcionado.
-No hay una mierda- respondió y comió la uña de uno de sus dedos que parecía un palito chino para comer comida china.

Caminamos por ahí y había escombros y un auto estacionado y unas viviendas sociales. Había un Duane Reade al que ingresamos para pasar un rato.
-Me perturba que vendan cerveza en lo que supuestamente es una farmacia- le dije a Josh.
-Sí, da asco. Esta sociedad está corrompida y enferma.
-Todo está corrompido y enfermo. Deberíamos morir todos. Si eso pasara, a los pocos años las plantas cubrirían la gran mayoría de las rutas y de los edificios; y los animales se reproducirían y se curaría la capa de ozono y el tiempo dejaría de existir porque no habría nadie que lo necesitara y tampoco habría nadie apurado ni nadie enojado ni nadie triste. Yo estoy enojado y a veces triste pero después se me pasa y después vuelve, pero siempre estoy enojado.
-Esta isla es una mierda, es el típico lugar que yo usaría como base de operaciones si fuese el líder de La Orden del Nuevo Mundo.
-Hablás mucho sobre la Orden del Nuevo Mundo ¿Cómo sé que no sos el lider de la Orden del Nuevo Mundo? ¿Cómo sé siquiera que ese grupo existe? Solamente lo mencionaste en ese deli kosher en el que la televisión estaba en un idioma que no entendía.
-Solo vas a ver que esa mierda es más real de lo que crees, está en todos lados. Todos formamos parte de un modo u otro, es como la sociedad, aunque no quieras, aunque vayas en contra, sos parte. Es imposible esconderse.
-¿Sabías que el inventor de la Cienciología era un escritor de ciencia ficción?- elegí un té frío sabiendo que era una mala elección porque decía ser orgánico y por lo tanto era obvio que no tenía edulcorante ni conservantes químicos, lo que significaba que no iba a tener sabor a nada. Así fue. Josh se compró una gaseosa horrible con sabor a vainilla y zarzaparrilla. A él le gustaba.

Miramos el puente de Queensboro y Manhattan y tomamos las bebidas en silencio. Volvimos al subte, era la estación más linda en la que había estado.
Una vez en Manhattan, Josh miró Google Maps en su celular y había varias cosas para visitar en esa isla y nos entristecimos porque supimos que era un lugar al que no íbamos a volver nunca más en nuestras vidas, a menos que volviesen a abrir la cárcel y cometiésemos un crimen y nos llevaran ahí.

domingo, 10 de marzo de 2013

MANHUNT III


Me desperté por las gárgaras de Kesuke, era la tercera mañana y la tercera que escuchaba sus escupitajos, pero ya sentía que era una costumbre impuesta, imposible de cambiar.
Mantuve los ojos cerrados todo lo que pude y me tapé con la sábana dura intentando no escuchar los sonidos que hacía mi compañero de habitación, pero fue imposible: aghhhghtshrtha tfshuuu, aghrthstrhstr  tsdhfuuuu, agggghhhathrhnsghnsthr tshfuuuu, se escuchaba reiteradas veces. Yo me escudaba debajo de la almohada y en la oscuridad de los ojos cerrados para evitar asumir que ya estaba despierto, por culpa de un chico unos años menor con el que apenas me podía comunicar por las diferencias idiomáticas.

La primera noche, Kesuke me había contado que había venido de Japón hacía seis meses para un intercambio de un año en una Universidad de California para estudiar economía. Su inglés era una mierda, peor que el mío. Estaba de vacaciones y se había decidido a conocer New York, una ciudad que lo asombraba porque él era de un poblado pequeño y lejano, nunca había estado en Tokio.
Temía sufrir de discriminación por el caso de Cho Seung Hui, pero eso había pasado hacía varios años y en la otra punta del país y además en Estados Unidos a nadie le importa un carajo nada. Además Cho Seung Hui era coreano y el japonés, pero en sus propias palabras me explicó “los americanos distinguen no una mariposa de un murciegalo”.

Mimi en su infancia había sido amiga de Cho Seung Hui, vivían en la misma cuadra y sus padres jugaban por las tardes a las damas y sus madres lavaban la ropa al aire libre, al margen de un arroyo. Ellos correteaban por la calle hasta altas horas de la noche.
Me contó de lo extraño que le resultó, todavía viviendo en Corea, enterarse de la masacre que había hecho ese chico con el que había compartido sus primeros años y del que casi nada recordaba. Era un completo extraño pero a la vez un conocido.
Mimi también, al igual que Kesuke había llegado a Estados Unidos hacía poco con las mismas dificultades idiomáticas, su inglés era muy primitivo o eso me parecía a mí. Era un inglés rústico con un montón de falencias debidas a su idioma natal. Aunque pensándolo seguramente mi inglés es igual de malo para los estadounidenses.

Me destapé cuando me estaba ahogando, lo primero que pensé fue en la muerte de David Carradine. Pensé en su familia avergonzada, en sus hijos (si es que los tenía) encontrándose con un padre que no reconocían, en su esposa con un marido que era en verdad un extraño, un tipo con el que vivió durante décadas seguramente, y que en el fondo escondía los deseos sexuales más extremos y perturbadores. Ahora yacía ahí, en un placard de un hotel de en Bangkok, Tailandia.

El día estaba hecho un asco, el cielo no se diferenciaba de las nubes, todo tenía un color gris pálido, como el de un papel higiénico barato hecho con diarios viejos.
Miré a Kesuke, se estaba peinando, tenía el pelo lacio y grueso. Me sonrió y se acomodó sus anteojos de nerd.
Yo también sonreí, no sé porqué, porque en verdad quería insultarlo, pero no hice nada. Me levanté con torpeza y dolores de espalda, me quedé sentado en el colchón, en boxers y sin remera, asfixiado por la calefacción de la habitación, asqueado por el olor humano.
Me paré y el colchón hizo un sonido gracioso, pensé en todas las personas que habrían dormido sobre esos resortes, en todas las pajas y pedos, sueños y pesadillas que habrán pasado por ahí.
Mientras me vestía con la ropa del día anterior pensaba en que hacer del día, le pregunté a Kesuke que haría él.
-Y Kesuke ¿Qué vas a hacer en el día de hoy?
-Voy a comprar algo ropa e ir al Museo de Naturales Ciencias.
-Entretenido
Las medias estaban húmedas por el sudor y la nieve de la noche anterior.
-¿Vos que vas a hacer?
-Voy a ir a…no tengo idea de lo que voy a hacer.

Abrí el candado y la puerta de mi locker, hizo un ruido mecánico. Saqué mi mochila con la cámara de fotos y todos los papeles que había impreso con referencias de cosas para hacer en la ciudad.
Dejé la campera abierta, me despedí de Kesuke con un gesto con la cabeza, inclinándome un poco como hacía él y bajé las escaleras. Los peldaños crujían, sonaban como una soga atada a una madera en un puerto, con el otro extremo atado a un bote que se tambalea y obliga a la soga a ejercer presión sobre la madera y emitir un sonido relajante y orgánico.
Abrí la puerta y el frío me impactó e invadió por completo, como si un grupo de skinheads me hubiesen interceptado por sorpresa y golpeado hasta dejarme temblando.

Me cerré la campera y caminé por la Calle 20 hasta la Séptima Avenida y subí hasta la Calle 23  para tomar el subte.
Una vez dentro del vagón comencé el libro que había comprado, Basketball Diaries de Jim Carroll. Había visto la película una vez por cable, la que actúa Lonardo Di Caprio. El libro cuenta la historia de un chico que toma drogas en la New York en los años sesenta. Para ese entonces la ciudad ya era un caos.

Leí unas quince carillas y era muy aburrido y decidí abandonarlo en el asiento antes de bajar. Eran dólares desperdiciados pero no pensaba cargar con esa mierda que ya sabía que no iba a leer. Preferí jugar a eso del libro perdido encontrado, muy neoyorkino. Me parecía la actitud correcta, dejarlo ahí abandonado para que alguien lo encontrara, lo leyese o se aburriera igual que yo y lo volviese a abandonar en otro lugar, así hasta recorrer todo el mundo o mojarse y perderse para siempre de verdad a causa de la lluvia o por quedar en algún lugar inaccesible.

Fui al Apple Store o Mac Store, no se como se llama la tienda. Esa que queda unas cuadras por debajo del Central Park, en la Quinta Avenida y la Cale 58. Es un cubo transparente con una escalera caracol y la tienda se encuentra debajo de la tierra.
Busqué una computadora libre y abrí el explorador. La página principal era un sitio porno y me sentí incómodo y supuse que algo andaba mal, no en la computadora ni en el local, sino en el mundo. No me mal interpreten, no soy un conservador, miro porno, demasiado seguido si tengo que ser sincero, pero que sea la página de inicio de una computadora tan cara en una tienda tan…¿Universal? me resultó particularmente abyecto.

Ingresé a Gmail y busqué en la carpeta llamada NY NY el mail que me había mandado un compañero del primario al que no vi nunca más pero con el que eventualmente chateo por Facebook y  que viaja muy seguido y que está muy metido en lugares podris y tomados:

From: Ivan  <ivan.cxplxn@gmail.com>
Date: 2011/12/1
Subject: Re: NYC
To: Ariel Pukacz <
arielpukacz@gmail.com>
ok.
Para arrancar, una buena guía de eventos de recitales y etc  es 
http://www.brooklynvegan.com/ No te asustes con el nombre de vegan, no tiene nada mas que el nombre, es una muy buena guía de recitales y ese tipo de cosas...

DISQUERIAS
http://www.academy-records.com/
http://www.academyannex.com/blog/
Esta es la bomba tiene mil cosas y es bastante agradable , hay 2  Academy. La de Williamsburg se llama Annex, no recuerdo que dias (preguntá) venden discos en la calle altamente regateables.
http://www.generationrecords.com/
Estos tipos son los mismos dueños de otra que esta ahí a unas cuadras , precios 0 económicos. Tiene una muy buena colección de remeras en el piso de abajo en el que también a veces tocan bandas. Yo ví un par, es cuestión de que chekees el sitio si bien no es la bomba lo que tiene es que esta en el Village, mas abajo te escribo sobre cosas para hacer ahí.

Hay varias ferias de discos esta es una 
http://wfmu.org/recfair/ pero la cuestión es que si tratás de encontrar alguna es la bomba.
En la zona del Village y Williamsburg hay otras disquerías pero vos sabés, es cuestión de patear y buscar la ganga y el disco correcto. Ahora me acuerdo de estas de nombre pero lo bueno es que a la vuelta hay otras. En Williamsburg hay muy buenas librerías también, aunque no se bien que buscas... 

VILLAGE
Hace rato que el Village no es el barrio cutre de los Ramones y pasó a ser una conchetada extrema pero sin embargo ahí sigue estando concentrado un puñado de buenas cosas para hacer...
Si bien ya te comente sobre el asunto discos en Village es que esta Generation Records y tantas otras disquerías , también está el Guitar Center donde podés pasar un día tocando
 guitarras caras y nadie te va a decir nada aunque si te interesa la actividad de tocar cosas caras te puedo mandar otro mail explayandome en eso y te recomendaría que no dejes de ir a lo que antes era Sammys, Rudys o el nuevo  showroom de amplificadores de Rudys Music en Time Square en el que te va a atender un argentino y te va a decir no me importa si no comprás. Man probá lo que quieras, yo cuando vine la flasheé....
Volviendo, en el Village está uno de mis restaurants veganos favoritos de los que conocí en el mundo (yo soy vegetariano así que guiarte en comida va a ser un tema) que se llama
 red bamboo pero si lo que te va es lo podri hay un point también en el village que hacen unas de las quizas mejores papas fritas que puedas comer en tu vida se ve sucio y se llena de gente pero al igual que la pizza acá: si es sucio es bueno...
Si se te da por ir al cine el vVllage es sin dudas el lugar ya que concentra por un lado el 
IFC center (si agarrás los cortos de Jem Cohen andá!) y por otro lado con un aspecto menos corporativo podes ir a el film forum a ver pelis y tomarte un café comiendo las mismas galletitas que comía Derrida , hahah.
Por otro lado del otro lado del village vas a ver la zona de chinos hahha ahi podes regatear absolutamente todo y podés como yo indignarte en lugares como 
search and destroy y en menor medida trash and vaudeville donde podés comprarte una campera de cuero con las tachas y los parches ya puestos , hahah  pero la movida es que ahí los chinos venden bocha de chucherías.
No se que tanto más te puedo tirar para hacer...
Ootra cosa que esta buena para hacer si te interesa de casualidad el video arte y todo ese rollo es sacarte un turno en electronic art intermix que tienen si no me equivoco el catalogo de videoarte mas grande que debe haber en el mundo y podes ir ahi y ver todo 
http://www.eai.org/  En la zona de intermix hay un montón de galerías re caretonas, pero bueno no se si estas por ahí las podes checkear, muy cheto todo...

En cuanto a librerías mas ayuda de la que yo te puedo dar podes encontrar 
aca

Por otro lado están las cosas obvias para hacer como no sé, ir al MoMA, el Guggenheim y ese tipo de pavadas. Recuerdo una pelea con el amigo con el que viajé, yo me negué a pagar 60 dólares para subir el estúpido ascensor del Empire State hahah.
Acá 
tmb tenés mas data de eventos...

El abc no rio me dijeron que esta muy venido a menos yo justo no llegué a ir pero toda la info esta 
aca , te recomiendo en cambio que vayas algún día al stolen sleeves collective lugar donde viven unos conocidos y yo paré.  Ahí en su facebook chequeá que eventos hay, esto es en Brooklyn lugar donde por otro lado suceden la gran cantidad de recitales. Si ahí conoces a un chico que se llama Adam, el es un nerd de los discos y te va a tirar buenas puntas. Decile que ibas al elementary school conmigo haha. Si ves una chica Lauren, nada, es buena piba y si ves un argentino que se llama xxxxxx sabe que es un hijo de puta de movida y no me menciones ,hahahha
Por ahora no se me ocurre mucho mas cualquier cosa preguntame.
Mas especifico por otro lado te hiper recomiendo que te vayas aunque sea un finde o unos días a Washington DC. Con los micros del barrio chino vas por 20 dólares y llegas en menos de 2 horas. Ahí los discos son mucho mas baratos y tenés 2 disquerías, una al lado de la otra. En una te atiende Ian Svenoius de Nation of Ulysses y en la otra un pibe bastante copado (yo paraba en la casa de un amigo de él). Esa, Smash si no me equivoco, es de un tipo que tocaba en 86 mentality. En el medio de las 2 disquerías tenés un fallafel que explota re barato que le podes meter todo el humus que quieras gratis , haha
Cualquier cosa que te pueda ayudar decime....

Anoté todo lo que pude en mi cuaderno MUJI que me había traído de un viaje anterior. Mi letra era una mierda porque estaba apurado y también porque al segundo párrafo se me había cansado la mano. Revisé mi Facebook pero nadie me extrañaba, sólo me invitaban a eventos a los que no iría aunque no estuviese de viaje.

Cerré todas mis sesiones con bastante paranoia y borré el historial y los cookies del explorador. No quería que la secta esa que había visto en la tele pudiese acceder a mis datos.

Fui al puesto callejero de la librería Strand y compré un libro sobre anécdotas de la escena hardcore de Irlanda del Norte y sobre los recitales que organizaban para bandas de otros países. Cada anécdota venía acompañada por una receta vegetariana que las bandas enseñaban a los organizadores del recital.
También había varios ejemplares de libros de Charles Bukowski con las tapas originales. En otro momento de mi vida los hubiese comprado todos y no habría leído ninguno, pero no ahora.

martes, 5 de marzo de 2013

MANHUNT II

Frente a nosotros había una cervecería y propuse ir a tomar algo y a pasar el rato pero todos preferían pasarla mal bajo el frío. Ver las luces que nunca se apagan de la ciudad y cuando ya la situación se hiciese intolerable y aburrida, ir a tomar una puta cerveza.
Caminamos la media cuadra que nos quedaba hasta Broadway y avanzamos hasta la Calle Cuarenta, para darnos cuenta de que nos habíamos confundido y que teníamos que volver a la Séptima Avenida, donde Time Square comienza. Entonces pudimos disfrutar de las estúpidas luces de colores y de los cientos de turistas sacándose fotos, latinos en familia, orientales con amigos, australianos en grupos estudiantiles, un montón de otras personas en un montón de otras situaciones, solas y acompañadas.

Las pantallas infinitas, los anuncios que nos hacen sentir bien, los locales de comida rápida, las miles de tiendas que explotan a sus empleados haciéndolos trabajar hasta horas ridículas, los precios ridículamente baratos y el bullicio que genera toda esa masa de gente, de luces, de taxis, de policías y de cosas.
Me sentí saturado pero bien, y de pronto mal, angustiado. Esa ciudad existía y yo estaba en ella, pero no por siempre. El viaje tenía un fin, faltaba pero en algún momento tendría que volver y solo quedarían las fotos sin sentido y las historias torpemente anotadas en un cuaderno, sin detalles porque el brazo se me acalambra al escribir a mano. El viaje quedaría reducido a nada, a una experiencia vivida, por lo tanto muerta. El viaje no tenía sentido y entonces me amargué. Para sentirme menos mal me saqué una foto con Naked Cowboy e insistí a todo el grupo de entrar a la tienda de M&M y aceptaron de mala gana. Una vez adentro nos robamos chocolates de los sabores más raros y nos sacamos fotos en broma con peluches y demás merchandising.

Le propuse a Mimi sacarnos la típica foto sonriendo, un poco agachados y con los dedos haciendo el símbolo de la paz, como suelen hacer los orientales. Me respondió que eso es una ofensa, que lo hacen los chinos y no los coreanos, que ellos no tienen nada que ver con esa estupidez. Me sentí avergonzado y no supe que decir pero ella sonrió y me motivó a que robáramos más chocolates. Inventó un juego: ganaba el que salía de la tienda con más piezas sin ser deportado a su país por la policía. Por suerte ninguno perdió.
La noche todavía era nuestra, eran tan sólo las ocho, nos quedaban seis horas antes de que las últimas tiendas cerraran. Tan sólo por diversión entramos a Forever 21, teníamos la certeza de que no compraríamos nada pero Peggy Sue le costó unos buenos billetes a Buddy Holly. Salió de allí con cuatro bolsas, dos en cada brazo. Dentro de la tienda todos los empleados sonreían y parecían más limpios, perfumados y vivos que yo. Había una música horrible y ropa horrible pero ahí dentro uno se sentía bien, contenido y protegido.

Caminábamos por la calle en grupo, eso me hacía sentir seguro pero a la vez estaba impaciente por ese grupo terrorista pseudo secta religiosa.
Caminamos derecho, sin detenernos un solo segundo, mirando lo que podíamos y dejando el resto atrás, avanzando y olvidando. Haciendo con la ciudad lo que la ciudad hace con nosotros, avanzar y dejar atrás, olvidar.

Teníamos que espera para ingresar al bar, esperar a que algunos clientes salieran para que se hiciese el suficiente lugar para que nosotros pudiésemos ingresar. Nos quedamos en silencio, suspirando con fuerza, temblando del frío. El guardia de seguridad del bar era un hombre vestido de traje que no tiritaba y su mirada parecía estar más allá de nosotros, en la calle, en algo que no llegaba pero que se aparecería pronto. Como si estuviese expectante a algo que iba a suceder inevitablemente.
Salieron tres personas del bar y recién entonces nos pidió nuestros ID para corroborar que fuésemos quienes decíamos ser.

El bar estaba casi en penumbras y todas las mesas estaban ocupadas por hipsters y personas cool, no había ningún red neck ni persona que pareciese que podría iniciar alguna clase de pelea. Era un lugar aburrido y sin emoción. Nos sentamos en nuestro cubículo, me tocó contra la pared junto a Mimi por lo que me veía obligado a mirar hacia el pasillo para poder hablar con todos, una ventaja para poder ver a las chicas que pasaban.

Eso es una obsesión que tengo, al ver cualquier chica estadounidense, no puedo evitar imaginarla teniendo sexo como en las películas porno que me educaron.
Sonaba una canción de Buddy Holly, el otro Buddy Holly, el que había muerto en un accidente aéreo más de medio siglo atrás, dejando una gran cantidad de hits y abriendo la carrera a The Beatles.
Se acercó una mesera y yo pedí una Blue Moon, Buddy Holly y Peggy Sue dos Colt 45, Mimi una Saporo y Josh una Pabst Blue Ribbon. Le dije que era un hipster por pedir esa cerveza y él me dijo que yo era un idiota por decirle que era un hipster por pedir esa cerveza. Lo dijo con su tonada británica que un poco me irritaba, pero no estaba en posición de quejarme porque esas cuatro personas eran las únicas que conocía en toda la ciudad, por lo tanto, mis únicos amigos, por lo tanto, debería adaptarme a ellos, por lo tanto era la única forma de tener alguna contención y no pasar todo el día sin decir una sola palabra, por lo tanto, me jodí y acepté su respuesta y su tonada.

-¿Se dieron cuenta que todos los lunáticos de Estados Unidos se encuentran en la Costa Oeste?
-Bajá al subte y vas a ver varios lunáticos que están en esta ciudad, no hace falta cruzar el país para encontrarlos, los hay en cada esquina, en cada rincón, en ese mismo bar, en esta misma mesa- dijo Peggy Sue.
-Hablarás por vos- respondió Josh, con su tonada que ya tanto no me molestaba. En verdad sí me molestaba pero intenté convencerme de que no me molestaba.
-Dejenme terminar de hablar- dije, de fondo sonaba Link Wray- La costa Oeste tiene los asesinos seriales más famosos, desde Charles Manson al Asesino del Zodíaco.
-Acá hay algunos muy buenos también, Charlie Chop-off, Joel David Rifkin, etcétera.
-Pero en California estuvo Richard Ramírez, Ted Bundy atacó por Oregón y el estado de Washington.
-En New York estuvo el legendario Albert Fish.
-Pero ese hombre es cosa del pasado.
-Todos son cosas del pasado.

Ahora sonaba Felt.

-Pero Albert Fish fue en el Siglo XIX, ni siquiera había pasado la Primera Guerra Mundial. Es como decir que Abraham Lincoln representa claramente a los Republicanos. Es obvio que no.
En ese momento llegaron las cervezas, la camarera sonreía y tenía tetas muy grandes y un escote que dejaba ver gran parte de ellas. La imaginé practicando sexo anal y diciendo con una vos falsamente sexy que no dejaran de cogerle el culo.

Dí un trago y agregué:
-Además no todos los crímenes de Fish fueron en New York. Pero a lo que voy es que no entiendo que mierda pasa del otro lado de este país que hace que todos sean unos neuróticos extraños. No solo hubo asesinos seriales, también hippies y beats, drogadictos y motoqueros, ricos excéntricos. Incluso el slogan de Portland es “Keep Portland Weird”.
-Es mentira eso, robaron esa frase de Austin, Texas.
-Mentira Peggy Sue, deberías dejar de contradecir y acusar a todos- dijo Buddy Holly.
-Soy de ahí, les aseguro que es como yo digo. Vos también sos de Texas Buddy Holly, sabés de lo que hablo.
-Yo soy de Lubbock, no de Austin, no tenemos nada que ver con ustedes.
-Ojalá mueras en un accidente aéreo
-Ojalá que estallen las oficinas de Whole Food Market con vos adentro.

Ahora sonaba AC DC y me dio ganas de vomitar, odio AC DC.
-No tendría nunca en mi vida alguna razón para ir a las oficinas de Whole Food Market, de hecho nunca voy a ese lugar.
-Nunca sabés lo que te depara la vida.
Mi cerveza ya se había acabado y le hice un gesto a la mesera para que trajera otra ronda, me tomé ese atrevimiento sin saber si el resto de mis compañeros quería otra. Supuse que sí, nadie espera en la calle con frío para entrar a un bar y tomar una sola cerveza.
-Mierda Ariel- dijo Peggy Sue- yo quería pedir sidra tirada, no otra de estas mierdas.
Peggy Sue me estaba empezando a cansar con su pesimismo y actitud belicosa frente a lo que todos dicen y todos hacen. Pero la traté con respeto para no pelear.
-Perdón, le cancelo el pedido.
-No, dejá.
La mesera apareció a los pocos segundos con los cinco nuevos porrones. Buddy Holly y Josh terminaron los suyos, ya calientes, de un solo trago.
-Entonces, en mi opinión, la Costa Oeste tiene muchos más enfermos que la Este. Fin de la discusión.

Comenzó una canción de Bob Dylan pero a los pocos segundos se frenó y sonaba una canción de Nine Inch Nails pero hecha por Johnny Cash, lo cual era genial pero a la vez deprimente, no mucho más deprimente que Bob Dylan sonando en un bar.

Para mi sorpresa si se inició una pelea, había una sola mesa de gente que no estaba a la moda (además de la nuestra) y era de un puñado de barbudos grandotes, parecían forma parte de esa subcultura gay conocida como osos. Al parecer ellos eran los que estaban seleccionando la música en la rockolla y uno de ellos quitó la canción de Bob Dylan, faltándole el respeto a otro y comenzaron a golpearse y a tirarse botellas. El guardia irrumpió en el local y sacó a los dos tipos con gran facilidad, pero en el momento en que ingresó para sacar a los osos, varias personas lograron colarse logrando que las reglas del establecimiento se quebrasen y poniendo en juego su licencia para vender alcohol.
La música se frenó y tanto el guardia como las meseras y los barman indicaron a los intrusos que salieran, que no se repartiría más alcohol hasta que salieran y esperasen como era debido. Como era de esperar se demoró un buen rato hasta agotar la paciencia de los nuevos clientes que salieron e hicieron que todo volviese a la normalidad.
Seguimos con las cervezas, en silencio, sin ya nada que decir por esa noche.
Ahora sonaban The The.

viernes, 1 de marzo de 2013

Manhunt I


Entramos al primer lugar que vimos, agotados y mojados por la nieve. Era un Deli kosher en la calle 38 a metros de la Séptima Avenida, era atendido por latinos e indios que parecían esconderse de algo. Me encontraba con mis compañeros de hostel. Cada uno pidió un plato diferente. Un británico de nombre Josh desmenuzaba un kebab y comía solamente los pedazos de ternera untados en la salsa agria, dejando a un lado la verdura. Usaba sus dedos como torpes pinzas, parecía un ser primitivo intentando no tocar las partes peligrosas (la lechuga) de un animal venenoso.
Mimi era de Corea, no sé de que cual de las dos, calculo que de la que no es comunista. Había pedido un chow mien que tenía un aspecto horrible, traía lo que parecían ser cubos de pollo empetrolados con brotes de soja secos y unos fideos al fondo del plato en los que todo lo demás navegaba.
Peggy Sue y Buddy Holly compartían un plato de pastas con bolognesa que parecía un vómito reordenado para parecer lo que era antes de ser un vómito.
El mío era el único que traía papas fritas, había pedido una hamburguesa que no parecía kosher, solamente se notaba que lo era porque no traía queso. Le hacía falta.
-Hay un bar- dijo Josh- en el que el barman es una cebra, por alguna razón nadie se asombra.
Sorbió un espagueti como si fuese la medula de una vértebra en una sopa pobre de algún país de Europa del este.
Mojé una papa frita, ya fría, en un montón de Ketchup y al meterla en mi boca me asqueó lo avinagrado de la salsa pero tragué de todas maneras. Imaginé que así se deberían sentir las actrices porno cuando las denigran en las películas y las obligan a tragar grandes cantidades de semen y encima tienen que sonreír a cámara y actuar como si la estuviesen pasando bien, aunque es probable que alguna la pase bien haciendo eso. También es probable que alguna se contagie de sida por hacer eso.
Me pregunté cuanto de suicida tiene dejar que una prostituta te practique sexo oral sin preservativo.
-¿Cómo que una cebra?- pregunté y me fijé en los empleados del deli, todos vestidos igual pero lucían diferente.
-Así parece, es un bar oculto en Chinatown, deberíamos ir. Un conocido me contó que hace poco viajó en taxi y el chofer era un búfalo.
-Esa es mierda racista- respondió Peggy Sue mientras limpiaba sus anteojos- seguro es una forma despectiva de decirle a los árabes que manejan dignamente los taxis de la ciudad. Tu amigo es un racista.
Sus ojos parecían muy pequeños, los lentes de los anteojos los amplificaban y hacían que luciesen de un tamaño normal.
-Eso no es cierto, no es un racista. No veo razón para que me mintiese. Además en ese bar el entretenimiento no es la cebra, sino que la gracia es que es secreto. Nadie parece molestarlo o molestarla, está ahí y hace su trabajo.
-¿Tendrá olor a zoológico?- pregunté, lamentando haberme quedado sin gaseosa.
-Eso es racista- respondió Peggy Sue- sólo porque es una cebra suponés que tiene feo olor.
-Todo es racista para vos Peggy Sue, me tenés harto, todos somos unos putos racistas según tu perspectiva- le respondió Buddy Holly mientras limpiaba sus anteojos de culo de botella, tenía un escarbadientes entre los dos labios y una barba crecida que lo hacía lucir como un texano ignorante.
-Son todos unos islamofóbicos- dijo Peggy Sue y yo dudé de que esa palabra siquiera existiese.
-No todos estudiamos en Harvard Peggy Sue- le respondió Josh ante las acusaciones mientras hacía un bollo con los restos de la comida. Mimi no decía nada, se escudaba en su plato ya frío e intentaba sorber la salsa de soja que quedaba en el fondo del plato.
Volví a ver a los empleados del deli, todos miraban hipnotizados el televisor. Recién ahí comprendí que había un sonido más en el ambiente, el de la tele encendida, transmitiendo noticias que no me importaban.
Entró una pareja de religiosos, un hombre que lucía más anciano de lo que seguramente era con su mujer (que parecía bastante joven) y un cochecito con un bebé de unos pocos meses.
Volteé para ver las noticias de la tele. No entendía nada de lo que sucedía porque el telempromter estaba en árabe por alguna razón extraña. Las imágenes eran de unos edificios en algún lugar de la isla, luego había imágenes de unas pintadas con aerosol bastantes fatalistas.
-Esos hijos de puta-gruñó Buddy Holly.
El hombre judío miraba el televisor disgustado por estar en un canal árabe y se acerco con lentos pasos al mostrador a exigir que cambiaran de canal, los empleados aceptaron la orden asustados.
-¿Qué es lo que pasa?- pregunté desentendido.
-Es una movida que está haciendo una nueva secta terrorista llamada El Orden del Nuevo Mundo o algo así. Nadie sabe bien que pretende o que hacen, nadie sabe nada pero están en todos lados.
-Son una mezcla entre la Cienciología, The Warriors y el proyecto Caos de el Club de la Pelea- dijo Josh bromeando pero a la vez definiéndolos certeramente, aunque yo todavía no lo sabía.
-Tienen algo de el Guazón en el Batman de Christopher Nolan- dijo Peegy Sue.
-Sí, también algo de la última de la trilogía, algo de la pandilla de Bane ¿No? Esa cosa anárquica pseudo Unabomber casi infantil.
Mimi seguía silenciosa y quieta, como si no estuviese, pero estaba y su presencia hacía la diferencia. Ella me daba la sensación de que éramos un verdadero grupo, una cantidad importante de personas para ser una especie de pandilla interracial y deforme.
-¿Es un grupo islámico extremista?- pregunté sin entender.
-No, son un montón de red necks desempleados con demasiado tiempo libre, o eso al menos creo yo. Nadie entiende muy bien de que se trata todo eso.
Peggy Sue volvió a servirse gaseosa en el vaso descartable aunque no se podía, pero los empleados querían cerrar el lugar y ya les importaba un carajo. El que parecía ser el jefe era un mexicano que tenía un trapo húmedo al hombro y estaba expectante a que nos fuésemos para comenzar a poner las sillas sobre la mesa.
-Es hora de que nos vayamos- indicó Buddy Holly mientras desmenuzaba una galleta de la fortuna. No entendí porqué tenía una galleta de la fortuna porque no venía en el menú. Leyó la predicción que viene escrita aleatoriamente en el papel sedoso. Abrió los ojos asombrado, como si le dijese una verdad que esperaba ratificar y lo arrugó y rompió por la mitad. Estrenó un paquete de chicle y se lo metió en la boca, era de helado de naranja y crema.
Salimos al frío. Ya no nevaba pero la temperatura parecía mayor a la que había cuando ingresamos al deli kosher.
-Que comida más horrible- atacó Josh- en un lugar judío esperaba al menos comer sano, bien, barato y rico. No pasó ninguna de todas esas cosas.
Me reí pero me sentí ofendido y no respondí nada.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Linea B: Florida-Los Incas 21.43 a 22.09

Hay una chica en el subte que se parece a una chica con la que tuve sexo una vez, en verdad dos veces. Pensé en mandarle un mensaje de texto pero no sé si el número que yo tengo sigue siendo su número actual. Me arrepentí de la idea por si la chica que está de espaldas a mi es ella pero voltea y no es, entonces mando el mensaje a la chica con la que tuve sexo dos veces pero no responde.

Se sube una monjita y nadie le cede el asiento. Me pregunto que hubiese pasado en esta misma situación en la época en la que la religión le importaba a alguien.

La chica de al lado mío es sexy y manda un sms o por ahí está hablando por Whatsapp pero no lo sé, y mira de reojo lo que escribo y me pregunto si habrá leído que escribí que es sexy y que pensará de que haya escrito eso y si es considerado una ofensa que haya escrito eso o incluso acoso sexual.

Suben unos músicos al vagón pero el subte van tan rapido y hace tanto ruido que no se escucha la música que tocan. Uno le pega a un tambor y el otro toca el saxo. no se presentan. Bajan una estación después sin terminar el tema y sin pedir plata.

La chica que se parece a la chica con la que tuve sexo dos veces parece estar sacándome una foto con el celular pero hace que escribe un sms. Por ahí escribe un sms y no me está sacando una foto.

La chica sexy de al lado mío habla por teléfono con su tía y su voz no es nada sexy, es nasal y arrugada. Sé que habla con su tía porque dijo "hola tía".

Me mordí el labio y me duele pero no puedo dejar de morder la herida.

Nunca uso la palabra sexy, no se que significa y no me gusta. Sólo cuando canto la canción de una película en la que actúa Will ferrell la uso pero la canto en privado en mi casa o frente a pocos amigos porque me da verguenza.

Tengo mucha hambre. Comería pizza o un sandwich de carne con queso gratinado aunque no debería proque soy judío y no esta permitido pero yo no cumplo nada pero me da culpa de todas formas. Casi seguro pida pizza, estoy de mal humor. También voy a comer chocolate y a tomar mucha Pepsi y voy a mirar Curb your enthusiasm. Ayer se me quemó el pochoclo y todavía no lo limpié.

http://youtu.be/6r1LrRdGKOM

martes, 30 de octubre de 2012

Hypomnémata II


De la botella tostada chorreaban gotas gruesas, se deslizaban por el vidrio y caían hasta la madera reseca de la mesa del bar San Bernardo. La levanté y quedó un círculo perfecto trazado sobre una servilleta, llené su vaso y luego el mío. Una vez que la apoyé nuevamente sobre el círculo perfecto, y que cada uno dio un sorbo, nos dedicamos a hablar.
-Así que Medina te trajo por acá, a todos les toca parece ¿eh?
Dio otro trago, vi su nuez retorcerse, acomodarse, intentar escapar de su garganta. Golpeó el vaso con fuerza y pude escuchar como el gas huía silbante. Quedaba una pequeña lámina blanca de espuma en el fondo, nada más.
-A todos nos toca- retruqué.
-Que garrón venir hasta acá sólo por una muerte.
-Todavía no está muerto.
-Si acá de por sí no hay esperanza, en su situación, todavía menos.
Tenía razón pero no quería darle el gusto de aceptar la derrota, la muerte próxima de Medina.
Macumba se acercó moviendo la cola, con la lengua afuera y su hedor.
-Salí perro de mierda, sarnoso, tomatelás- le gritó el Chino.
 Con la pata trasera, contorsionado, el perro se rascó detrás de la oreja con movimientos lentos y precisos pero se marchó con pesadez y torpeza, su andar tenía cadencia de borracho, como todos en ese bar.
Miré por la ventana, la calle seguía sin pavimentar. Tantos años después y sin pavimentar. Igual, detenida en el tiempo. Todas las casas estaban en su lugar, un poco más despintadas, más cansadas y viejas, como sus dueños, como Medina.

sábado, 27 de octubre de 2012

HOY CUMPLO AÑOS

Hoy es mi cumple y por eso presento un tonto listado de los mejores libros que leí y releí este año, cronológicamente.

Enero
High adventure on the great outdoor- Henry Rollins
Fight Club- Chuck Palahniuk
Leer y Escribir- Ariel Bermani

Febrero
A salto de mata- Paul Auster
American Hardcore- Steven Blush
Evocación de Matías Stimmberg- Alain Paul Mallard
Prisión perpetua- Ricardo Piglia
La invensión de la soledad- Paul Auster
Pequeño mundo ilustrado- María Negroni

Marzo
Sol Artificial- J.P. Zooey
After pop- Eloy Fernández Porta
Black Coffee Blues- Henry Rollins

Abril
Maus- Art Spiegelman
El gaucho insufrible- Roberto Bolaño
Lgar común: el motel americano- Bruce Beguot
Glaxo- Hernán Ronsino
La invasion- Ricardo Piglia

Mayo
Critica y ficción- Ricardo Piglia
Cuentos Morales- Ricardo Piglia
Nombre Falso- Ricardo Piglia

Junio
Punk, la muerte joven- Juan Carlos Kreimer
Ciudad ausente- Ricardo Piglia
Una novelita lumpen-Roberto Bolaño

Julio
El extranjero- Albert Camus

Agosto
No es país para viejos- Cormac McCarthy
Ocio- Fabián Casas
El oficio de sobrevivir- Marcelo Damiani
Literatura y otros cuentos- Martín Rejtman

Septiembre
Siete ensayos sobre Walter Benjamin- Beatriz Sarlo
Hollywood Babylon- Kenneth Anger
Denkbilder- Walter Benjamin
La invasión- Ricardo Piglia
De qué hablamos cuando hablamos de amor- Raymond Carver
Respiración artificial- Ricardo Piglia

Octubre
El astillero- Juan Carlos Onetti
Homenaje a Ricardo Piglia- Teresa Orechiaadsf
Prisión perpetua- Ricardo Piglia
Nombre Falso- Ricardo Piglia

viernes, 19 de octubre de 2012

DOMINGO LEO

Me invitaron a leer pero no podía y al final sí pero la fecha ya estaba cerrada pero me dejan colarme a contar un cuenton que forma parte de un tríptico que estoy por terminar.

UNTO DE FUGA presenta DÜNAMIS VI
Un ciclo que reúne música, cine, literatura y arte.

ATRÁS HAY TRUENOS
atrashaytruenos.bandcamp.com

HURRICANE HEART ATTACKS
sadness.bandcamp.com/album/hurricane-love-hurricane-heart-attacks

CINE - CORTOS
"Soy tan feliz" de Vladimir Durán
"Cantautor" de Emiliano Romero

POESÍA
Agustina Paz Frontera
Camilo Sce
Lu Martínez
Ariel Pukacz

ARTE
"Nítido Inconsciente"
Dibujos a tinta de DIEGO ALFONSO

DJ/VJ: Punto de Fuga
Fotografía: María Celeste Escobar y Pato Parodi

Entrada $20

Punto de Fuga, programa de radio.
Lunes de 20 a 22hs
Por www.ciclopradio.com.ar

viernes, 12 de octubre de 2012

Hypomnémata I

Hypomnémata es junto a Un círculo perfecto, parte de un tríptico llamado Epecuén.



I
Había perdido casi todo el pelo desde la última vez que lo había visto. Aseguraba haber cenado con Franz Stangl, Adolf Eichmann, Erwin Rommel y Adolf Hitler en Bariloche. Nadie le creía del todo, pero su insistencia nos hacía sospechar. Lo decía con orgullo, pese a eso (un detalle que me permitía  pasar por alto) lo quería; y él a mi. Por eso había vuelto. No para cuidarlo, sino para despedirme.
Ambos sabíamos que moriría pronto. Por eso insistía con verme, tantos años después; y fue la curiosidad lo que me arrastró hasta ese pueblo de nuevo, ese pueblo que ya había  casi logrado olvidar.
Llevaba una bata de tela celeste que parecía de papel. Estaba hundido en el colchón frío y duro del hospital, pese a que cientos de personas ya habían muerto sobre esos mismos resortes sin lograr ablandarlo. Las barandillas despintadas de la cama opacaban la habitación. Una habitación de por sí triste, decorada vulgarmente con una cruz de madera, un espejo con una de sus esquinas oxidadas y una mesita de luz con un velador, un teléfono de disco y una Biblia en el cajón, cubierta por una lámina de polvo.
Nadie lee la Biblia cuando se encuentra en mi situación, por eso está roñosa, olvidada, me dijo. Una Biblia en un hospital no tiene nada que hacer. Hasta acá no llega el poder de Dios. Su bondad no se ve, es el día a día; sólo somos capaces de percibir y de sentir su maldad. Por eso somos mortales y él es Dios, claro está. Si tuviese una mujer sería probable que cuando yo muriese lo culpara a Él y no a los médicos; no a mí por haber hecho caso omiso a las advertencias. Yo escuchaba paciente su agonía de viejo. Era lo único que podía hacer por él, estar ahí y escuchar.

martes, 9 de octubre de 2012

Barrefondo

Barrefondo es un documental  que dirigí y que tiene por protagonista al escritor Felix Bruzzone quien se gana la vida limpiando piletas. Junto a Gabriela Cabezón Cámara, Hernán Ronsino y Osvaldo Baigorria, reflexiona sobre el acto de escribir y el trabajo.