Hoy es mi cumple y por eso presento un tonto listado de los mejores libros que leí y releí este año, cronológicamente.
Enero
High adventure on the great outdoor- Henry Rollins
Fight Club- Chuck Palahniuk
Leer y Escribir- Ariel Bermani
Febrero
A salto de mata- Paul Auster
American Hardcore- Steven Blush
Evocación de Matías Stimmberg- Alain Paul Mallard
Prisión perpetua- Ricardo Piglia
La invensión de la soledad- Paul Auster
Pequeño mundo ilustrado- María Negroni
Marzo
Sol Artificial- J.P. Zooey
After pop- Eloy Fernández Porta
Black Coffee Blues- Henry Rollins
Abril
Maus- Art Spiegelman
El gaucho insufrible- Roberto Bolaño
Lgar común: el motel americano- Bruce Beguot
Glaxo- Hernán Ronsino
La invasion- Ricardo Piglia
Mayo
Critica y ficción- Ricardo Piglia
Cuentos Morales- Ricardo Piglia
Nombre Falso- Ricardo Piglia
Junio
Punk, la muerte joven- Juan Carlos Kreimer
Ciudad ausente- Ricardo Piglia
Una novelita lumpen-Roberto Bolaño
Julio
El extranjero- Albert Camus
Agosto
No es país para viejos- Cormac McCarthy
Ocio- Fabián Casas
El oficio de sobrevivir- Marcelo Damiani
Literatura y otros cuentos- Martín Rejtman
Septiembre
Siete ensayos sobre Walter Benjamin- Beatriz Sarlo
Hollywood Babylon- Kenneth Anger
Denkbilder- Walter Benjamin
La invasión- Ricardo Piglia
De qué hablamos cuando hablamos de amor- Raymond Carver
Respiración artificial- Ricardo Piglia
Octubre
El astillero- Juan Carlos Onetti
Homenaje a Ricardo Piglia- Teresa Orechiaadsf
Prisión perpetua- Ricardo Piglia
Nombre Falso- Ricardo Piglia
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sábado, 27 de octubre de 2012
martes, 18 de septiembre de 2012
Un círculo perfecto (PARTE V DE V)
V
Medina lleva puesta la misma ropa
que el día anterior pero arrugada. Ella también, lo que me obliga a deducir que
mis sospechas son en verdad una realidad. Me siento vulnerable y tonto,
humillado pese a que nadie se ha complotado en mi contra ¿O sí?
Los obreros no están pero su
presencia resuena, sigue vibrando en el ambiente por el polvillo blanco, dañino,
que nos acompañará durante los siguientes tres meses.
Esquivel transcribe a máquina un
acta del caso Rosendo. Simplemente lo oigo, no lo veo, me irrita pensar en sus
dedos presionando las teclas y los martillos, con las letras, entintando la
hoja.
Tomo la carpeta caratulada como
Caso Salvucci-Correa, la abro. Leo el primer expediente pero mi mente está en
otro lado. En la camisa arrugada de Medina, en el vestido pálido de ella, en el
polvo del aire. Me levanto y me dirijo a la cocina. Preparo un café en una taza
cualquiera, lo sirvo con lentitud porque en verdad es tan solo una excusa para
despejar la cabeza, tomarme un minuto de descanso e intentar pensar en otra
cosa pero me es imposible. Las imágenes inexistentes, supuestas, que creo para auto
flagelarme, para crear un enemigo, una excusa para odiarla y lograr aceptar que
no es mía, continúan girando dentro de mí, trazando un circulo perfecto.
Tomo el café de pie, en la
minúscula cocina de azulejos celestes, gastados, tristes. Los miro, intento
comprenderlos, pensar en su fabricante, en porqué son necesarios. No despego
los ojos de ellos, entre trago y trago noto que me angustian. Lavo la taza y la
vuelvo a colocar, boca abajo, junto a las otras. Gotea.
Regreso a mi cubículo, desganado.
Oigo a Medina monologar, lo supongo frente a Vanesa.
“Los artistas no tienen un plan b, no les queda otra que tener un
trabajo en el que no puedan progresar, estático, que los haga infelices, para
así, verse obligados a triunfar con su arte, con lo que realmente les importa.
Focalizar su energía en una sola dirección, en un único interés”.
Muerdo un lápiz, con violencia, por
la bronca de no ser nadie, por las palabras de Medina.
“Yo no tengo un plan”, pienso.
Me levanto mareado ante el
descubrimiento, observo a mis compañeros y todos trabajan, levemente inclinados
sobre los escritorios, jorobados. Tomo aire y miro por la ventana que se
encuentra lejos, al final del corredor, deja ver un paisaje mutilado, seco.
La vista me da una extraña
tranquilidad que dura unos minutos pero luego me sumerge en una profunda
tristeza y me veo obligado a reflexionar para mis adentros, apretando los
dientes. No surge ningún pensamiento. Observo y me abstraigo de lo que veo:
árboles derrotados.
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