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viernes, 12 de octubre de 2012

Hypomnémata I

Hypomnémata es junto a Un círculo perfecto, parte de un tríptico llamado Epecuén.



I
Había perdido casi todo el pelo desde la última vez que lo había visto. Aseguraba haber cenado con Franz Stangl, Adolf Eichmann, Erwin Rommel y Adolf Hitler en Bariloche. Nadie le creía del todo, pero su insistencia nos hacía sospechar. Lo decía con orgullo, pese a eso (un detalle que me permitía  pasar por alto) lo quería; y él a mi. Por eso había vuelto. No para cuidarlo, sino para despedirme.
Ambos sabíamos que moriría pronto. Por eso insistía con verme, tantos años después; y fue la curiosidad lo que me arrastró hasta ese pueblo de nuevo, ese pueblo que ya había  casi logrado olvidar.
Llevaba una bata de tela celeste que parecía de papel. Estaba hundido en el colchón frío y duro del hospital, pese a que cientos de personas ya habían muerto sobre esos mismos resortes sin lograr ablandarlo. Las barandillas despintadas de la cama opacaban la habitación. Una habitación de por sí triste, decorada vulgarmente con una cruz de madera, un espejo con una de sus esquinas oxidadas y una mesita de luz con un velador, un teléfono de disco y una Biblia en el cajón, cubierta por una lámina de polvo.
Nadie lee la Biblia cuando se encuentra en mi situación, por eso está roñosa, olvidada, me dijo. Una Biblia en un hospital no tiene nada que hacer. Hasta acá no llega el poder de Dios. Su bondad no se ve, es el día a día; sólo somos capaces de percibir y de sentir su maldad. Por eso somos mortales y él es Dios, claro está. Si tuviese una mujer sería probable que cuando yo muriese lo culpara a Él y no a los médicos; no a mí por haber hecho caso omiso a las advertencias. Yo escuchaba paciente su agonía de viejo. Era lo único que podía hacer por él, estar ahí y escuchar.

martes, 2 de marzo de 2010

Mr Lennon

Y cuatro tiros lo callaron.
Así murió el nuevo Jesús.
Así nació el nuevo Hitler.
Murió al lado de Judas.

Un personaje anónimo se ganó todo el odio del mundo.
Tan anónimo como el que te vende forros en la farmacia de cabildo y olleros a las 4 AM de un miércoles y te mira con envidia.

El nuevo Jesús no era inmortal. Un solo tiro, bien puesto, hubiese bastado.
La mística se intensificó. De Hércules a Zeus en un pestaneo. Su muerte le dio más vida. Leyenda.
Aquel gordito se cargó a un solo hombre. Hitler a seis millones de judíos y hay quienes lo siguen negando y quienes lo siguen apoyando.

Por eso visto una remera con la imagen de Mark Chapman.
Mató a un solo hombre y se gano el odio de la humanidad.
Una sola persona vale más que seis millones.

Y esa es la historia de la humanidad: gente intentando dominar a otra gente.
Cualquiera podría haber sido Chapman, hasta el que me vende forros en el Farmacity de Avenida Beiró. Podría haber sido yo.

Y Nueva York y el mundo lloró. Yo ni había nacido. Cuando me enteré, no me importó.
Nueva York lloró y siguió caminando y sus torres cayeron y muchas otras se levantaron y cuando me enteré no me importó. Era feriado, el día del maestro. Estaba bajando un disco de Flema del Napster.