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miércoles, 20 de marzo de 2013

MANHUNT VI


Subí a la habitación para cambiarme. Kesuke jugaba con una PSP. En su cama había una guía de New York en japonés. Fue entonces que recordé un libro que había comprado que estaba en japonés, era de fotos muy extrañas.
-Kesuke ¿Me ayudarías a traducir un poco un libro que está en japonés?- le pregunté mientras buscaba una camisa en mi valija.
-Sí, claro- dijo y apagó la consola de videojuegos. Abrió una lata de jugo de uva y la bebió de un trago.

Le pasé el libro y luego de analizarlo con detenimiento durante un rato me dijo lo siguiente: “Bienvenido al oculto Japón, a lo que ni siquiera habitantes sus conocen de su tierra. Este libro muestra el lado secreto y lujuria del país, principiomente de la ciudad de Tokio. Un infierno disfrazado de neón. Atrevete a ingresar a este sitio aunque por ahí no encuentres la salida”.
-Guau- dije admirado.

Kesuke miraba el libro sin comprender de qué se trataban las fotos de consoladores de Hello Kitty pegados a platos de sushi y las estatuas de Hombres de Neandertal vestidos de chicas Pin Up.
Terminé de vestirme y bostecé con fuerza estirando los brazos.
-¿Estás cansado?- me preguntó Kesuke.
-Sí, pero voy a salir igual ¿Vos vas a hacer algo?
-Sí, voy a ir a ver el Rey León- le dijo- Saqué buenos asientos.
-Genial
-En verdad saqué un solo buen asiento, porque voy solo.
-Oh

Ambos quedamos en silencio.
La canilla goteaba, parecía el sonido de las agujas de un reloj pero con más eco.
-Otro día si querés podemos ir a pasear Kesuke- le dije más por lástima que por verdadero interés.
-Oh- respondió- me gustaría.
-Tengo que irme.
-Buenas noches.

Bajé los peldaños contento. Crujían como si fuesen los dientes de un león masticando los huesos de una gacela que lleva muerta varios días bajo el sol de la Sabana.

Esto es lo que recuerdo de la fiesta:
“( 





)”

Me desperté por los escupitajos de Kesuke. Era temprano, tenía resaca. Abrí un ojo y veía todo fuera de foco. Kesuke estaba sin remera y tenía una toalla atada a su cintura.
Miré su cama y había unos afiches tirados sobre la colcha, estaban en japonés y en inglés.
-¿Qué es eso Kesuke?- pregunté con la voz agarrotada, como si una prensa apretara mi traquea. Tenía la boca pastosa y un aliento fatal.
-Son unos anuncios que encontré en el subte cuando volvía ayer de la obra. No comprendí del todo de que se tratan, parecen sacados del libro que me mostraste ayer.
Me levanté de la cama y tomé uno.
-Esto es peligroso Kesuke.
-No tengo idea de lo que es.
Son malos.
-No sé si son malos. Dicen cosas que no son malas, no es malo.

“El futuro es nuestro. De nosotros depende el cambio. Esta atento a lo que pasará pronto.
El 1 de enero de 2013 el mundo como lo conocemos llegará a su fin, por causas naturales o motivado por nuestro movimiento, la Orden del Nuevo Mundo.
El sistema económico domina a las vidas de las personas, el consumismo, la tecnología, la mala alimentación. Pretendemos destruir todo eso, volver al inicio, al hombre nómade y libre, desposeído de los objetos y los bienes materiales. El hombre libre es aquel que no tiene nada a lo que atarse, ni un trabajo, ni un hogar, ni un nombre.
Volveremos a ser hombres pero también animales, el sistema capitalista colapsará, implosionará y habrá reticencia pero es lo único que le queda al hombre para que el mundo pueda seguir existiendo.
Las medidas deberán ser drásticas para que puedan ser efectivas. No hay vuelta atrás, el fin del mundo comienza. Un mundo nuevo surgirá para el bien de todos.”

-Mierda Kesuke ¿Leíste esto? En unos días algo malo va a pasar.
-¿Crees que es algo malo? Ni sabemos que es lo que va a pasar, pero parece liberador. Las cosas van a cambiar.
-Mierda Kesuke, te hacía un conservador de pueblo pero sos peor que el Unabomber.
-Solamente me parece interesante que cambien las cosas. Yo soy de un pueblo muy pequeño en el que nada cambia nunca, no pasa nada. Venir a Estados Unidos fue sido una experiencia loca mi para. California, la playa, nunca había visto la playa. Ahora New York, una ciudad extrema, grande, una isla también. Es muy raro todo. Mi vida cambió mucha en la último tiempo. Un cambio a todos me parece correcto. Estoy aprendiendo cosas nuevos.
-Te entiendo Kesuke. Es que lo nuevo asusta. Yo pensaba poder publicar alguna novela, filmar algún documental. Vivir solo Kesuke, mierda, vivir solo. Pero si todo cambia eso no va a poder ser y serán otras cosas. Es decir, no me molesta el cambio, pero quería lograr esas cosas en este sistema, quedar mínimamente satisfecho y que después cambiara.
-Es esperar lo que queda.

Buddy Holly fumaba en la calle y estaba vestido como un Rudie Boy.
-Mierda, te estamos esperando todos, hace un frío terrible.
-Deberías abrigarte. El placer por delante de la moda.
Buddy Holly olía muy bien y su jopo parecía perfecto.
Caminamos hasta la esquina de la Séptima Avenida y ahí estaban todos reunidos, todos tenían café en sus manos.
-El desayuno del hostel es un asco- dijo Peggy Sue.
-Cigarrillos y Café, son unos hipsters, parecen salidos de una película mala de Jim Jarmusch- dije.

Avanzamos hacia el subte y yo no sabía a donde estábamos yendo.
En la estación había unos chicos raperos con un Boom Box, escuchaban rap de los ochentas. El sonido era tan primitivo que rozaba con el funk. Por ahí era hip hop y no era rap, no se cual es la diferencia.
Pregunté cual era la diferencia pero nadie tenía idea y me sentí tonto por preguntar pero a gusto por no ser un ignorante, o al menos no más ignorante que el resto de lo que ya en ese entonces, se podía considerar mi grupo de amigos.

En el vagón había un hombre de rastas y tatuajes de preso o marinero que no tenía remera y parecía que vivía en la calle. Ocupaba cuatro asientos, estaba acostado en ellos y murmuraba palabras extrañas y cada tanto gritaba. Nadie parecía realmente consternado por su presencia satánica.

Nos sentamos lo más lejos posible de él. Yo estaba junto a Mimi y ella junto a una mujer embarazada que tenía un vestido con barcos azules. Buddy Holly estaba sentado y encima de él se encontraba Peggy Sue. Josh iba parado y parecía un criminal.

Me vi reflejado en la ventana opaca del subte, mi silueta aparecía distorsionada. Fue la primera vez que pude imaginarme calvo. Lejos de aterrarme sentí calma, como si tuviese cáncer y hubiese descubierto una cura casera y secreta. Ya nada podía aterrarme, podía visualizarme a mi mismo en el peor de los estados: sin pelo. Me hizo comprender que el mayor de mis miedos estéticos no era tan grave como parecía.

-Cuando llegué al hostel entré a la habitación y había unos zapatos y una camisa y una plancha y un libro de autoayuda del publicista Paul Arden. Eso me había dejado tranquilo, mi compañero de habitación parecía un chico tranquilo. A la noche lo conocí, era un muchacho negro que acababa de llegar de la Florida y no conocía a nadie y estaba solo. No hablaba casi pero leía bastante y el tacho de basura siempre estaba lleno de comida chatarra de todo tipo, pero el era muy flaco. Se iba a ir a Queens porque le resultaba muy caro el hostel. Una mañana se fue y me quedé solo una noche y al día siguiente tuve que cambiarme de habitación porque esa tuvo una falla eléctrica; y ahí estaba Kesuke. Y ahora Kesuke está a favor de La Orden del Nuevo Mundo.

-¿Qué mierda es Kesuke?- preguntó Buddy Holly. Su voz sonaba desgarrada, como si estuviese por parir, pero eso es imposible porque es hombre. Seguramente era por el peso de su novia encima de él.
-Mi compañero de habitación.
-Sí, entendí eso, pero…no importa. Estaría bueno que los cinco estuviésemos en la misma habitación.

El viaje era largo y las estaciones en las que frenábamos eran cada vez más feas. Muchas personas bajaban y muchas otras subían. Los peinados y las ropas y los rasgos cambiaban y era interesante imaginar las vidas de esas personas que no iba a ver nunca más y de las que nada nunca sabría.
Las últimas dos personas que subieron antes de que nosotros bajásemos lucían extrañas. Ambos tenías los ojos celestes y vestían trajes negros y parecían ser una mezcla entre testigos de Jehová y los chicos de El Pueblo de los malditos.

-Miembros de La Orden- me susurró Josh al oído.
Bajamos en Coney Island. Hacía mucho frío y el viento soplaba.
-Perfecto- dijo Peggy Sue- este lugar es una mierda.
Caminamos por la Avenida Surf hasta una tienda que vendía remeras y Mimi compró una de The Warriors porque los personajes de la película son de ahí. Pensé en comprar una pero no lo hice y después me arrepentí. La tienda era como un Surf Shop pero deprimente.

domingo, 10 de marzo de 2013

MANHUNT III


Me desperté por las gárgaras de Kesuke, era la tercera mañana y la tercera que escuchaba sus escupitajos, pero ya sentía que era una costumbre impuesta, imposible de cambiar.
Mantuve los ojos cerrados todo lo que pude y me tapé con la sábana dura intentando no escuchar los sonidos que hacía mi compañero de habitación, pero fue imposible: aghhhghtshrtha tfshuuu, aghrthstrhstr  tsdhfuuuu, agggghhhathrhnsghnsthr tshfuuuu, se escuchaba reiteradas veces. Yo me escudaba debajo de la almohada y en la oscuridad de los ojos cerrados para evitar asumir que ya estaba despierto, por culpa de un chico unos años menor con el que apenas me podía comunicar por las diferencias idiomáticas.

La primera noche, Kesuke me había contado que había venido de Japón hacía seis meses para un intercambio de un año en una Universidad de California para estudiar economía. Su inglés era una mierda, peor que el mío. Estaba de vacaciones y se había decidido a conocer New York, una ciudad que lo asombraba porque él era de un poblado pequeño y lejano, nunca había estado en Tokio.
Temía sufrir de discriminación por el caso de Cho Seung Hui, pero eso había pasado hacía varios años y en la otra punta del país y además en Estados Unidos a nadie le importa un carajo nada. Además Cho Seung Hui era coreano y el japonés, pero en sus propias palabras me explicó “los americanos distinguen no una mariposa de un murciegalo”.

Mimi en su infancia había sido amiga de Cho Seung Hui, vivían en la misma cuadra y sus padres jugaban por las tardes a las damas y sus madres lavaban la ropa al aire libre, al margen de un arroyo. Ellos correteaban por la calle hasta altas horas de la noche.
Me contó de lo extraño que le resultó, todavía viviendo en Corea, enterarse de la masacre que había hecho ese chico con el que había compartido sus primeros años y del que casi nada recordaba. Era un completo extraño pero a la vez un conocido.
Mimi también, al igual que Kesuke había llegado a Estados Unidos hacía poco con las mismas dificultades idiomáticas, su inglés era muy primitivo o eso me parecía a mí. Era un inglés rústico con un montón de falencias debidas a su idioma natal. Aunque pensándolo seguramente mi inglés es igual de malo para los estadounidenses.

Me destapé cuando me estaba ahogando, lo primero que pensé fue en la muerte de David Carradine. Pensé en su familia avergonzada, en sus hijos (si es que los tenía) encontrándose con un padre que no reconocían, en su esposa con un marido que era en verdad un extraño, un tipo con el que vivió durante décadas seguramente, y que en el fondo escondía los deseos sexuales más extremos y perturbadores. Ahora yacía ahí, en un placard de un hotel de en Bangkok, Tailandia.

El día estaba hecho un asco, el cielo no se diferenciaba de las nubes, todo tenía un color gris pálido, como el de un papel higiénico barato hecho con diarios viejos.
Miré a Kesuke, se estaba peinando, tenía el pelo lacio y grueso. Me sonrió y se acomodó sus anteojos de nerd.
Yo también sonreí, no sé porqué, porque en verdad quería insultarlo, pero no hice nada. Me levanté con torpeza y dolores de espalda, me quedé sentado en el colchón, en boxers y sin remera, asfixiado por la calefacción de la habitación, asqueado por el olor humano.
Me paré y el colchón hizo un sonido gracioso, pensé en todas las personas que habrían dormido sobre esos resortes, en todas las pajas y pedos, sueños y pesadillas que habrán pasado por ahí.
Mientras me vestía con la ropa del día anterior pensaba en que hacer del día, le pregunté a Kesuke que haría él.
-Y Kesuke ¿Qué vas a hacer en el día de hoy?
-Voy a comprar algo ropa e ir al Museo de Naturales Ciencias.
-Entretenido
Las medias estaban húmedas por el sudor y la nieve de la noche anterior.
-¿Vos que vas a hacer?
-Voy a ir a…no tengo idea de lo que voy a hacer.

Abrí el candado y la puerta de mi locker, hizo un ruido mecánico. Saqué mi mochila con la cámara de fotos y todos los papeles que había impreso con referencias de cosas para hacer en la ciudad.
Dejé la campera abierta, me despedí de Kesuke con un gesto con la cabeza, inclinándome un poco como hacía él y bajé las escaleras. Los peldaños crujían, sonaban como una soga atada a una madera en un puerto, con el otro extremo atado a un bote que se tambalea y obliga a la soga a ejercer presión sobre la madera y emitir un sonido relajante y orgánico.
Abrí la puerta y el frío me impactó e invadió por completo, como si un grupo de skinheads me hubiesen interceptado por sorpresa y golpeado hasta dejarme temblando.

Me cerré la campera y caminé por la Calle 20 hasta la Séptima Avenida y subí hasta la Calle 23  para tomar el subte.
Una vez dentro del vagón comencé el libro que había comprado, Basketball Diaries de Jim Carroll. Había visto la película una vez por cable, la que actúa Lonardo Di Caprio. El libro cuenta la historia de un chico que toma drogas en la New York en los años sesenta. Para ese entonces la ciudad ya era un caos.

Leí unas quince carillas y era muy aburrido y decidí abandonarlo en el asiento antes de bajar. Eran dólares desperdiciados pero no pensaba cargar con esa mierda que ya sabía que no iba a leer. Preferí jugar a eso del libro perdido encontrado, muy neoyorkino. Me parecía la actitud correcta, dejarlo ahí abandonado para que alguien lo encontrara, lo leyese o se aburriera igual que yo y lo volviese a abandonar en otro lugar, así hasta recorrer todo el mundo o mojarse y perderse para siempre de verdad a causa de la lluvia o por quedar en algún lugar inaccesible.

Fui al Apple Store o Mac Store, no se como se llama la tienda. Esa que queda unas cuadras por debajo del Central Park, en la Quinta Avenida y la Cale 58. Es un cubo transparente con una escalera caracol y la tienda se encuentra debajo de la tierra.
Busqué una computadora libre y abrí el explorador. La página principal era un sitio porno y me sentí incómodo y supuse que algo andaba mal, no en la computadora ni en el local, sino en el mundo. No me mal interpreten, no soy un conservador, miro porno, demasiado seguido si tengo que ser sincero, pero que sea la página de inicio de una computadora tan cara en una tienda tan…¿Universal? me resultó particularmente abyecto.

Ingresé a Gmail y busqué en la carpeta llamada NY NY el mail que me había mandado un compañero del primario al que no vi nunca más pero con el que eventualmente chateo por Facebook y  que viaja muy seguido y que está muy metido en lugares podris y tomados:

From: Ivan  <ivan.cxplxn@gmail.com>
Date: 2011/12/1
Subject: Re: NYC
To: Ariel Pukacz <
arielpukacz@gmail.com>
ok.
Para arrancar, una buena guía de eventos de recitales y etc  es 
http://www.brooklynvegan.com/ No te asustes con el nombre de vegan, no tiene nada mas que el nombre, es una muy buena guía de recitales y ese tipo de cosas...

DISQUERIAS
http://www.academy-records.com/
http://www.academyannex.com/blog/
Esta es la bomba tiene mil cosas y es bastante agradable , hay 2  Academy. La de Williamsburg se llama Annex, no recuerdo que dias (preguntá) venden discos en la calle altamente regateables.
http://www.generationrecords.com/
Estos tipos son los mismos dueños de otra que esta ahí a unas cuadras , precios 0 económicos. Tiene una muy buena colección de remeras en el piso de abajo en el que también a veces tocan bandas. Yo ví un par, es cuestión de que chekees el sitio si bien no es la bomba lo que tiene es que esta en el Village, mas abajo te escribo sobre cosas para hacer ahí.

Hay varias ferias de discos esta es una 
http://wfmu.org/recfair/ pero la cuestión es que si tratás de encontrar alguna es la bomba.
En la zona del Village y Williamsburg hay otras disquerías pero vos sabés, es cuestión de patear y buscar la ganga y el disco correcto. Ahora me acuerdo de estas de nombre pero lo bueno es que a la vuelta hay otras. En Williamsburg hay muy buenas librerías también, aunque no se bien que buscas... 

VILLAGE
Hace rato que el Village no es el barrio cutre de los Ramones y pasó a ser una conchetada extrema pero sin embargo ahí sigue estando concentrado un puñado de buenas cosas para hacer...
Si bien ya te comente sobre el asunto discos en Village es que esta Generation Records y tantas otras disquerías , también está el Guitar Center donde podés pasar un día tocando
 guitarras caras y nadie te va a decir nada aunque si te interesa la actividad de tocar cosas caras te puedo mandar otro mail explayandome en eso y te recomendaría que no dejes de ir a lo que antes era Sammys, Rudys o el nuevo  showroom de amplificadores de Rudys Music en Time Square en el que te va a atender un argentino y te va a decir no me importa si no comprás. Man probá lo que quieras, yo cuando vine la flasheé....
Volviendo, en el Village está uno de mis restaurants veganos favoritos de los que conocí en el mundo (yo soy vegetariano así que guiarte en comida va a ser un tema) que se llama
 red bamboo pero si lo que te va es lo podri hay un point también en el village que hacen unas de las quizas mejores papas fritas que puedas comer en tu vida se ve sucio y se llena de gente pero al igual que la pizza acá: si es sucio es bueno...
Si se te da por ir al cine el vVllage es sin dudas el lugar ya que concentra por un lado el 
IFC center (si agarrás los cortos de Jem Cohen andá!) y por otro lado con un aspecto menos corporativo podes ir a el film forum a ver pelis y tomarte un café comiendo las mismas galletitas que comía Derrida , hahah.
Por otro lado del otro lado del village vas a ver la zona de chinos hahha ahi podes regatear absolutamente todo y podés como yo indignarte en lugares como 
search and destroy y en menor medida trash and vaudeville donde podés comprarte una campera de cuero con las tachas y los parches ya puestos , hahah  pero la movida es que ahí los chinos venden bocha de chucherías.
No se que tanto más te puedo tirar para hacer...
Ootra cosa que esta buena para hacer si te interesa de casualidad el video arte y todo ese rollo es sacarte un turno en electronic art intermix que tienen si no me equivoco el catalogo de videoarte mas grande que debe haber en el mundo y podes ir ahi y ver todo 
http://www.eai.org/  En la zona de intermix hay un montón de galerías re caretonas, pero bueno no se si estas por ahí las podes checkear, muy cheto todo...

En cuanto a librerías mas ayuda de la que yo te puedo dar podes encontrar 
aca

Por otro lado están las cosas obvias para hacer como no sé, ir al MoMA, el Guggenheim y ese tipo de pavadas. Recuerdo una pelea con el amigo con el que viajé, yo me negué a pagar 60 dólares para subir el estúpido ascensor del Empire State hahah.
Acá 
tmb tenés mas data de eventos...

El abc no rio me dijeron que esta muy venido a menos yo justo no llegué a ir pero toda la info esta 
aca , te recomiendo en cambio que vayas algún día al stolen sleeves collective lugar donde viven unos conocidos y yo paré.  Ahí en su facebook chequeá que eventos hay, esto es en Brooklyn lugar donde por otro lado suceden la gran cantidad de recitales. Si ahí conoces a un chico que se llama Adam, el es un nerd de los discos y te va a tirar buenas puntas. Decile que ibas al elementary school conmigo haha. Si ves una chica Lauren, nada, es buena piba y si ves un argentino que se llama xxxxxx sabe que es un hijo de puta de movida y no me menciones ,hahahha
Por ahora no se me ocurre mucho mas cualquier cosa preguntame.
Mas especifico por otro lado te hiper recomiendo que te vayas aunque sea un finde o unos días a Washington DC. Con los micros del barrio chino vas por 20 dólares y llegas en menos de 2 horas. Ahí los discos son mucho mas baratos y tenés 2 disquerías, una al lado de la otra. En una te atiende Ian Svenoius de Nation of Ulysses y en la otra un pibe bastante copado (yo paraba en la casa de un amigo de él). Esa, Smash si no me equivoco, es de un tipo que tocaba en 86 mentality. En el medio de las 2 disquerías tenés un fallafel que explota re barato que le podes meter todo el humus que quieras gratis , haha
Cualquier cosa que te pueda ayudar decime....

Anoté todo lo que pude en mi cuaderno MUJI que me había traído de un viaje anterior. Mi letra era una mierda porque estaba apurado y también porque al segundo párrafo se me había cansado la mano. Revisé mi Facebook pero nadie me extrañaba, sólo me invitaban a eventos a los que no iría aunque no estuviese de viaje.

Cerré todas mis sesiones con bastante paranoia y borré el historial y los cookies del explorador. No quería que la secta esa que había visto en la tele pudiese acceder a mis datos.

Fui al puesto callejero de la librería Strand y compré un libro sobre anécdotas de la escena hardcore de Irlanda del Norte y sobre los recitales que organizaban para bandas de otros países. Cada anécdota venía acompañada por una receta vegetariana que las bandas enseñaban a los organizadores del recital.
También había varios ejemplares de libros de Charles Bukowski con las tapas originales. En otro momento de mi vida los hubiese comprado todos y no habría leído ninguno, pero no ahora.

martes, 5 de marzo de 2013

MANHUNT II

Frente a nosotros había una cervecería y propuse ir a tomar algo y a pasar el rato pero todos preferían pasarla mal bajo el frío. Ver las luces que nunca se apagan de la ciudad y cuando ya la situación se hiciese intolerable y aburrida, ir a tomar una puta cerveza.
Caminamos la media cuadra que nos quedaba hasta Broadway y avanzamos hasta la Calle Cuarenta, para darnos cuenta de que nos habíamos confundido y que teníamos que volver a la Séptima Avenida, donde Time Square comienza. Entonces pudimos disfrutar de las estúpidas luces de colores y de los cientos de turistas sacándose fotos, latinos en familia, orientales con amigos, australianos en grupos estudiantiles, un montón de otras personas en un montón de otras situaciones, solas y acompañadas.

Las pantallas infinitas, los anuncios que nos hacen sentir bien, los locales de comida rápida, las miles de tiendas que explotan a sus empleados haciéndolos trabajar hasta horas ridículas, los precios ridículamente baratos y el bullicio que genera toda esa masa de gente, de luces, de taxis, de policías y de cosas.
Me sentí saturado pero bien, y de pronto mal, angustiado. Esa ciudad existía y yo estaba en ella, pero no por siempre. El viaje tenía un fin, faltaba pero en algún momento tendría que volver y solo quedarían las fotos sin sentido y las historias torpemente anotadas en un cuaderno, sin detalles porque el brazo se me acalambra al escribir a mano. El viaje quedaría reducido a nada, a una experiencia vivida, por lo tanto muerta. El viaje no tenía sentido y entonces me amargué. Para sentirme menos mal me saqué una foto con Naked Cowboy e insistí a todo el grupo de entrar a la tienda de M&M y aceptaron de mala gana. Una vez adentro nos robamos chocolates de los sabores más raros y nos sacamos fotos en broma con peluches y demás merchandising.

Le propuse a Mimi sacarnos la típica foto sonriendo, un poco agachados y con los dedos haciendo el símbolo de la paz, como suelen hacer los orientales. Me respondió que eso es una ofensa, que lo hacen los chinos y no los coreanos, que ellos no tienen nada que ver con esa estupidez. Me sentí avergonzado y no supe que decir pero ella sonrió y me motivó a que robáramos más chocolates. Inventó un juego: ganaba el que salía de la tienda con más piezas sin ser deportado a su país por la policía. Por suerte ninguno perdió.
La noche todavía era nuestra, eran tan sólo las ocho, nos quedaban seis horas antes de que las últimas tiendas cerraran. Tan sólo por diversión entramos a Forever 21, teníamos la certeza de que no compraríamos nada pero Peggy Sue le costó unos buenos billetes a Buddy Holly. Salió de allí con cuatro bolsas, dos en cada brazo. Dentro de la tienda todos los empleados sonreían y parecían más limpios, perfumados y vivos que yo. Había una música horrible y ropa horrible pero ahí dentro uno se sentía bien, contenido y protegido.

Caminábamos por la calle en grupo, eso me hacía sentir seguro pero a la vez estaba impaciente por ese grupo terrorista pseudo secta religiosa.
Caminamos derecho, sin detenernos un solo segundo, mirando lo que podíamos y dejando el resto atrás, avanzando y olvidando. Haciendo con la ciudad lo que la ciudad hace con nosotros, avanzar y dejar atrás, olvidar.

Teníamos que espera para ingresar al bar, esperar a que algunos clientes salieran para que se hiciese el suficiente lugar para que nosotros pudiésemos ingresar. Nos quedamos en silencio, suspirando con fuerza, temblando del frío. El guardia de seguridad del bar era un hombre vestido de traje que no tiritaba y su mirada parecía estar más allá de nosotros, en la calle, en algo que no llegaba pero que se aparecería pronto. Como si estuviese expectante a algo que iba a suceder inevitablemente.
Salieron tres personas del bar y recién entonces nos pidió nuestros ID para corroborar que fuésemos quienes decíamos ser.

El bar estaba casi en penumbras y todas las mesas estaban ocupadas por hipsters y personas cool, no había ningún red neck ni persona que pareciese que podría iniciar alguna clase de pelea. Era un lugar aburrido y sin emoción. Nos sentamos en nuestro cubículo, me tocó contra la pared junto a Mimi por lo que me veía obligado a mirar hacia el pasillo para poder hablar con todos, una ventaja para poder ver a las chicas que pasaban.

Eso es una obsesión que tengo, al ver cualquier chica estadounidense, no puedo evitar imaginarla teniendo sexo como en las películas porno que me educaron.
Sonaba una canción de Buddy Holly, el otro Buddy Holly, el que había muerto en un accidente aéreo más de medio siglo atrás, dejando una gran cantidad de hits y abriendo la carrera a The Beatles.
Se acercó una mesera y yo pedí una Blue Moon, Buddy Holly y Peggy Sue dos Colt 45, Mimi una Saporo y Josh una Pabst Blue Ribbon. Le dije que era un hipster por pedir esa cerveza y él me dijo que yo era un idiota por decirle que era un hipster por pedir esa cerveza. Lo dijo con su tonada británica que un poco me irritaba, pero no estaba en posición de quejarme porque esas cuatro personas eran las únicas que conocía en toda la ciudad, por lo tanto, mis únicos amigos, por lo tanto, debería adaptarme a ellos, por lo tanto era la única forma de tener alguna contención y no pasar todo el día sin decir una sola palabra, por lo tanto, me jodí y acepté su respuesta y su tonada.

-¿Se dieron cuenta que todos los lunáticos de Estados Unidos se encuentran en la Costa Oeste?
-Bajá al subte y vas a ver varios lunáticos que están en esta ciudad, no hace falta cruzar el país para encontrarlos, los hay en cada esquina, en cada rincón, en ese mismo bar, en esta misma mesa- dijo Peggy Sue.
-Hablarás por vos- respondió Josh, con su tonada que ya tanto no me molestaba. En verdad sí me molestaba pero intenté convencerme de que no me molestaba.
-Dejenme terminar de hablar- dije, de fondo sonaba Link Wray- La costa Oeste tiene los asesinos seriales más famosos, desde Charles Manson al Asesino del Zodíaco.
-Acá hay algunos muy buenos también, Charlie Chop-off, Joel David Rifkin, etcétera.
-Pero en California estuvo Richard Ramírez, Ted Bundy atacó por Oregón y el estado de Washington.
-En New York estuvo el legendario Albert Fish.
-Pero ese hombre es cosa del pasado.
-Todos son cosas del pasado.

Ahora sonaba Felt.

-Pero Albert Fish fue en el Siglo XIX, ni siquiera había pasado la Primera Guerra Mundial. Es como decir que Abraham Lincoln representa claramente a los Republicanos. Es obvio que no.
En ese momento llegaron las cervezas, la camarera sonreía y tenía tetas muy grandes y un escote que dejaba ver gran parte de ellas. La imaginé practicando sexo anal y diciendo con una vos falsamente sexy que no dejaran de cogerle el culo.

Dí un trago y agregué:
-Además no todos los crímenes de Fish fueron en New York. Pero a lo que voy es que no entiendo que mierda pasa del otro lado de este país que hace que todos sean unos neuróticos extraños. No solo hubo asesinos seriales, también hippies y beats, drogadictos y motoqueros, ricos excéntricos. Incluso el slogan de Portland es “Keep Portland Weird”.
-Es mentira eso, robaron esa frase de Austin, Texas.
-Mentira Peggy Sue, deberías dejar de contradecir y acusar a todos- dijo Buddy Holly.
-Soy de ahí, les aseguro que es como yo digo. Vos también sos de Texas Buddy Holly, sabés de lo que hablo.
-Yo soy de Lubbock, no de Austin, no tenemos nada que ver con ustedes.
-Ojalá mueras en un accidente aéreo
-Ojalá que estallen las oficinas de Whole Food Market con vos adentro.

Ahora sonaba AC DC y me dio ganas de vomitar, odio AC DC.
-No tendría nunca en mi vida alguna razón para ir a las oficinas de Whole Food Market, de hecho nunca voy a ese lugar.
-Nunca sabés lo que te depara la vida.
Mi cerveza ya se había acabado y le hice un gesto a la mesera para que trajera otra ronda, me tomé ese atrevimiento sin saber si el resto de mis compañeros quería otra. Supuse que sí, nadie espera en la calle con frío para entrar a un bar y tomar una sola cerveza.
-Mierda Ariel- dijo Peggy Sue- yo quería pedir sidra tirada, no otra de estas mierdas.
Peggy Sue me estaba empezando a cansar con su pesimismo y actitud belicosa frente a lo que todos dicen y todos hacen. Pero la traté con respeto para no pelear.
-Perdón, le cancelo el pedido.
-No, dejá.
La mesera apareció a los pocos segundos con los cinco nuevos porrones. Buddy Holly y Josh terminaron los suyos, ya calientes, de un solo trago.
-Entonces, en mi opinión, la Costa Oeste tiene muchos más enfermos que la Este. Fin de la discusión.

Comenzó una canción de Bob Dylan pero a los pocos segundos se frenó y sonaba una canción de Nine Inch Nails pero hecha por Johnny Cash, lo cual era genial pero a la vez deprimente, no mucho más deprimente que Bob Dylan sonando en un bar.

Para mi sorpresa si se inició una pelea, había una sola mesa de gente que no estaba a la moda (además de la nuestra) y era de un puñado de barbudos grandotes, parecían forma parte de esa subcultura gay conocida como osos. Al parecer ellos eran los que estaban seleccionando la música en la rockolla y uno de ellos quitó la canción de Bob Dylan, faltándole el respeto a otro y comenzaron a golpearse y a tirarse botellas. El guardia irrumpió en el local y sacó a los dos tipos con gran facilidad, pero en el momento en que ingresó para sacar a los osos, varias personas lograron colarse logrando que las reglas del establecimiento se quebrasen y poniendo en juego su licencia para vender alcohol.
La música se frenó y tanto el guardia como las meseras y los barman indicaron a los intrusos que salieran, que no se repartiría más alcohol hasta que salieran y esperasen como era debido. Como era de esperar se demoró un buen rato hasta agotar la paciencia de los nuevos clientes que salieron e hicieron que todo volviese a la normalidad.
Seguimos con las cervezas, en silencio, sin ya nada que decir por esa noche.
Ahora sonaban The The.

viernes, 1 de marzo de 2013

Manhunt I


Entramos al primer lugar que vimos, agotados y mojados por la nieve. Era un Deli kosher en la calle 38 a metros de la Séptima Avenida, era atendido por latinos e indios que parecían esconderse de algo. Me encontraba con mis compañeros de hostel. Cada uno pidió un plato diferente. Un británico de nombre Josh desmenuzaba un kebab y comía solamente los pedazos de ternera untados en la salsa agria, dejando a un lado la verdura. Usaba sus dedos como torpes pinzas, parecía un ser primitivo intentando no tocar las partes peligrosas (la lechuga) de un animal venenoso.
Mimi era de Corea, no sé de que cual de las dos, calculo que de la que no es comunista. Había pedido un chow mien que tenía un aspecto horrible, traía lo que parecían ser cubos de pollo empetrolados con brotes de soja secos y unos fideos al fondo del plato en los que todo lo demás navegaba.
Peggy Sue y Buddy Holly compartían un plato de pastas con bolognesa que parecía un vómito reordenado para parecer lo que era antes de ser un vómito.
El mío era el único que traía papas fritas, había pedido una hamburguesa que no parecía kosher, solamente se notaba que lo era porque no traía queso. Le hacía falta.
-Hay un bar- dijo Josh- en el que el barman es una cebra, por alguna razón nadie se asombra.
Sorbió un espagueti como si fuese la medula de una vértebra en una sopa pobre de algún país de Europa del este.
Mojé una papa frita, ya fría, en un montón de Ketchup y al meterla en mi boca me asqueó lo avinagrado de la salsa pero tragué de todas maneras. Imaginé que así se deberían sentir las actrices porno cuando las denigran en las películas y las obligan a tragar grandes cantidades de semen y encima tienen que sonreír a cámara y actuar como si la estuviesen pasando bien, aunque es probable que alguna la pase bien haciendo eso. También es probable que alguna se contagie de sida por hacer eso.
Me pregunté cuanto de suicida tiene dejar que una prostituta te practique sexo oral sin preservativo.
-¿Cómo que una cebra?- pregunté y me fijé en los empleados del deli, todos vestidos igual pero lucían diferente.
-Así parece, es un bar oculto en Chinatown, deberíamos ir. Un conocido me contó que hace poco viajó en taxi y el chofer era un búfalo.
-Esa es mierda racista- respondió Peggy Sue mientras limpiaba sus anteojos- seguro es una forma despectiva de decirle a los árabes que manejan dignamente los taxis de la ciudad. Tu amigo es un racista.
Sus ojos parecían muy pequeños, los lentes de los anteojos los amplificaban y hacían que luciesen de un tamaño normal.
-Eso no es cierto, no es un racista. No veo razón para que me mintiese. Además en ese bar el entretenimiento no es la cebra, sino que la gracia es que es secreto. Nadie parece molestarlo o molestarla, está ahí y hace su trabajo.
-¿Tendrá olor a zoológico?- pregunté, lamentando haberme quedado sin gaseosa.
-Eso es racista- respondió Peggy Sue- sólo porque es una cebra suponés que tiene feo olor.
-Todo es racista para vos Peggy Sue, me tenés harto, todos somos unos putos racistas según tu perspectiva- le respondió Buddy Holly mientras limpiaba sus anteojos de culo de botella, tenía un escarbadientes entre los dos labios y una barba crecida que lo hacía lucir como un texano ignorante.
-Son todos unos islamofóbicos- dijo Peggy Sue y yo dudé de que esa palabra siquiera existiese.
-No todos estudiamos en Harvard Peggy Sue- le respondió Josh ante las acusaciones mientras hacía un bollo con los restos de la comida. Mimi no decía nada, se escudaba en su plato ya frío e intentaba sorber la salsa de soja que quedaba en el fondo del plato.
Volví a ver a los empleados del deli, todos miraban hipnotizados el televisor. Recién ahí comprendí que había un sonido más en el ambiente, el de la tele encendida, transmitiendo noticias que no me importaban.
Entró una pareja de religiosos, un hombre que lucía más anciano de lo que seguramente era con su mujer (que parecía bastante joven) y un cochecito con un bebé de unos pocos meses.
Volteé para ver las noticias de la tele. No entendía nada de lo que sucedía porque el telempromter estaba en árabe por alguna razón extraña. Las imágenes eran de unos edificios en algún lugar de la isla, luego había imágenes de unas pintadas con aerosol bastantes fatalistas.
-Esos hijos de puta-gruñó Buddy Holly.
El hombre judío miraba el televisor disgustado por estar en un canal árabe y se acerco con lentos pasos al mostrador a exigir que cambiaran de canal, los empleados aceptaron la orden asustados.
-¿Qué es lo que pasa?- pregunté desentendido.
-Es una movida que está haciendo una nueva secta terrorista llamada El Orden del Nuevo Mundo o algo así. Nadie sabe bien que pretende o que hacen, nadie sabe nada pero están en todos lados.
-Son una mezcla entre la Cienciología, The Warriors y el proyecto Caos de el Club de la Pelea- dijo Josh bromeando pero a la vez definiéndolos certeramente, aunque yo todavía no lo sabía.
-Tienen algo de el Guazón en el Batman de Christopher Nolan- dijo Peegy Sue.
-Sí, también algo de la última de la trilogía, algo de la pandilla de Bane ¿No? Esa cosa anárquica pseudo Unabomber casi infantil.
Mimi seguía silenciosa y quieta, como si no estuviese, pero estaba y su presencia hacía la diferencia. Ella me daba la sensación de que éramos un verdadero grupo, una cantidad importante de personas para ser una especie de pandilla interracial y deforme.
-¿Es un grupo islámico extremista?- pregunté sin entender.
-No, son un montón de red necks desempleados con demasiado tiempo libre, o eso al menos creo yo. Nadie entiende muy bien de que se trata todo eso.
Peggy Sue volvió a servirse gaseosa en el vaso descartable aunque no se podía, pero los empleados querían cerrar el lugar y ya les importaba un carajo. El que parecía ser el jefe era un mexicano que tenía un trapo húmedo al hombro y estaba expectante a que nos fuésemos para comenzar a poner las sillas sobre la mesa.
-Es hora de que nos vayamos- indicó Buddy Holly mientras desmenuzaba una galleta de la fortuna. No entendí porqué tenía una galleta de la fortuna porque no venía en el menú. Leyó la predicción que viene escrita aleatoriamente en el papel sedoso. Abrió los ojos asombrado, como si le dijese una verdad que esperaba ratificar y lo arrugó y rompió por la mitad. Estrenó un paquete de chicle y se lo metió en la boca, era de helado de naranja y crema.
Salimos al frío. Ya no nevaba pero la temperatura parecía mayor a la que había cuando ingresamos al deli kosher.
-Que comida más horrible- atacó Josh- en un lugar judío esperaba al menos comer sano, bien, barato y rico. No pasó ninguna de todas esas cosas.
Me reí pero me sentí ofendido y no respondí nada.