miércoles, 5 de septiembre de 2012

Un círculo perfecto (Parte III)


III

Pende un hilo de una taza,  del extremo visible se lee una etiqueta que indica el sabor del té, elresto está sumergido en la infusión.  La taza esta apoyada en mi escritorio pero no me pertenece. La mía tiene un águila polaca, esta tiene un lobo marino y dice Mar del Plata. Humea, huele rico. Cintia la levanta y sonríe. “Me mandaron a compartir la oficina con vos hasta que terminen de pintar y remodelar la mía”, dice. Yo sonrío o hago algo parecido con la boca y con toda mi cara. Transpiro, ella se da cuenta. De mi incomodidad, de mi olor, de mi miedo. Como si fuese un perro de policía en busca de cocaína.
Miro su oficina y esta aprisionada por paredes de yeso. Dos hombres entran con herramientas. Sus mamelucos son azules. Están teñidos de polvillo blanco. No usan barbijo. Pienso en sus pulmones, en sus venas, azules.  Pienso en la muerte y en edificios destruidos. Pienso en inundaciones (como si me adelantara a los hechos, como si tuviese una premonición) de agua azul al principio, marrón con el tiempo.  Imagino mosquitos revoloteando y dejando sus huevos en el agua infectada.
“A Vanesa la mandaron con el alemán”, me informa Cintia.  Mi sudor se seca, en un instante se torna frío. El alemán es Medina, así le comenzarán a decir, por su pelo rubio y finito, su altura, los ojos verdes, la tez rosada. Observo la oficina de Medina, mi nuevo enemigo. Se que Cintia me mira, quiere ver mi reacción. Mi cara tosca, fruncida por el enojo o la rabia. Por la violencia o la impotencia. La lejanía. Intento no darle importancia, simular.
Me surge un deseo de acostarme con Cintia, en forma de venganza. Venganza hacia Vanesa. Una venganza que no existe, nadie la sufre. “Todavía”, pienso con intención de moralizarme.
Esquivel escuchó, lo se. También sé que me mira, quiere ver mi reacción. Complotarse contra ese. 

lunes, 3 de septiembre de 2012

Un círculo perfecto (Parte II)


II

Escucho las quejas de las gotas del gas, la espuma blanca luce violeta por la luz negra del bar. Doy un trago, es amarga, más de lo que esperaba. Es importada.
Esquivel mete la mano en la canastita de pochochos, maníes y palitos; están todos mezclados. No discrimina, no elije, mete la mano.
“Elegir es de puto, el macho agarra, da igual lo que toque”, me dice, imponiendo principios. No le respondo, doy otro trago, lo sufro.
La rocola escupe una canción de Oscar Alemán, interpretada por él, no es de él. No sé de quien es.
“Que pibe más boludo este Medina eh, para mí no va a durar una semana”, dice Esquivel, y el cadáver queda sobre la mesa; es cuestión de comenzar a desmembrarlo.
“Ya trabaja hace cuatro meses”, digo, sin querer defenderlo, solamente ubicando la charla en un plano real.
“Me da igual, es un pelotudo. Alto, con cara de miedo, incompetente.  Para mí tiene algún retraso”. Da un trago al vaso de cerveza, y mete de nuevo la mano, roñosa, en el canasto de frituras. Hace ruido, araña el mimbre, clava sus uñas, se lleva la mano a la boca. Mastica con ruido, sin cuidado. Da otro sorbo. Yo lo observo. Doy un trago a la cerveza, limpio la espuma de mi boca y barba. Seco mi mano. Opino.
“Hay que darle tiempo, es nuevo. Es terrible la necesidad que tenemos de hacer pagar derecho de piso”, respondo. Me incluyo en su maldad, colaboro, para no discutir. “La necesidad que tenemos”, pienso, “La necesidad que tenemos de encasillar en cualquier ambiente. Encontrar un enemigo, un aliado, una mujer que nos interese, alguien a quien criticar. Cada ámbito, por más minúsculo que sea, es una representación de una totalidad impuesta”. No se lo digo a Esquivel, lo pienso nomás, en cambio le respondo: “Me chupa un huevo, no lo conozco. Ni me enoja ni me da pena. Vamos a jugar un billar”.
Todas las mesas están ocupadas, ahí ya encuentro enemigos. Vanesa toma fernet con amigas, ella resalta. Ahí encuentro el amor.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Un círculo perfecto (Parte I)


I
Un círculo perfecto, marrón, húmedo, se superpone a otro círculo perfecto, marrón, seco. Una taza se apoya, sale humo de ella. Alguien tose. Levanta la taza, de cerámica, con una frase escrita en ella, con el asa rota. Un tercer circulo, perfecto, marrón, húmedo, se yuxtapone a los otros dos en la madera del escritorio de roble.
-Medina, la puta madre, le dije que apoyara la taza en una servilleta, un mantel, sobre algo. Va a marcar toda la madera y no sale ¿En su casa hace lo mismo Medina?- le grita Acevedo.
Medina, con torpeza, en un nervioso reflejo levanta la taza y vuelca gran parte del café en su camisa. Su camisa es blanca.
-Medina, Medina ¿Se encuentra bien? ¿Se quemó?- pregunta Acevedo.
Medina no responde. Cintia sonríe y mira con complicidad a Vanesa que le devuelve la mirada y otra sonrisa a través de la mampara transparente, se muerde el labio.
Medina, tan alto y callado, torpe. El típico hombre que desea ser invisible. La camisa, mal abrochada, con el cuello torcido, los zapatos sin lustrar, el pelo finito. Años después lo tendrá blanco, grueso; y lo llevará largo, por los hombros. Tendrá una incipiente calvicie en la coronilla que tapará con sombreros que comprará en La Capital, como los que usan los sheriff en las películas.
Escondo mi taza detrás de mí, para que Acevedo no la vea. Me sonríe y levanta su mano. Agacho la cabeza y la vuelvo a levantar, adorándolo, saludándolo.
Medina va al baño, deja la puerta abierta. Lo miro observarse en el espejo y baja la vista, avergonzado. Refriega la camisa con agua caliente y jabón. La mancha de café, lejos de desaparecer, empeora. Continúa el día con el saco puesto.

VOLVER Y LEER

Decidí volver con el blog.

NOTICIAS:


CONCURSO
 Mi cuento "En la pausa" (creo que acá lo subí con el nombre de "Resistencia")está participando de un concurso de la Editorial Planeta. Lo que tienen que hacer es ingresar a este link leer e ltexto y si les gusta, votarlo para que quede entre los textos seleccionados para su futura publicación en papel y e-book.

LECTURAS

Leo el viernes 7 de septiembre en el ciclo "Como un grano en ÉL", se realizará en el bar del Hotel Lynns (Costa Rica 4752- Palermo Soho) de 19:00 a 21:00 hs. aprox.

Leen:  Ariel Pukacz- Gabriela Sambuccetti- Nuncio Petitto

Tocan:  Bernal Chavez

Artista plástica invitada: Paula Gonzalez Nogueira.

Sorteos, regalos, sorpresas y mas.
¡Te esperamos!


Equipo C.U.G.E.É
https://www.facebook.com/comoungranoenel


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Leo el once de Septiembre:

https://www.facebook.com/events/145145255625495/

CICLO DE POESÍA Realizado en El Quetzal (Guatemala 4516) De 20HS hasta las 24hs

Es un ciclo enteramente dedicado a la lectura de poesía. Y en cada ciclo va a surgir una anexo que complemente el espacio con otra rama artística.
En este primer ciclo va a tocar: Jesur ACÚSTICO

 Expo Visual: Gabriela Kozakievich

Leen: Miguel David Barrenechea
João Moojen
Sombrero Galáctico
Sebastían Pandolfelli
Julian Mur
Luis Leopoldo Franco
Ariel Pukacz

 Organiza: Florencia Mayra Gargiulo Cel: 15-50097461

 EVENTO A LA GORRA! O $10

martes, 2 de agosto de 2011

POEMAS EN STAY HUNGRY STAY ANGRY Y NO TE CONFORMES CON NADA




MI NUEVO FANZINE STAY HUNGRY STAY ANGRY Y NO TE CONFORMES CON NADA SE CONSIGUE EN:

DISQUERÍA VERTIGO: Cabildo 2040 - Local 69 - Galería Boulevard Los Andes

LIBRERIA PURR: Av. Santa Fe 2729, local 32
...
ESPACIO MOEBIUS: Bulnes 658

FERIA DEL CIRCULO FELINO.

los deje a consignación a dos pesos, no se a cuanto los venderan. También los pueden pedir por acá y se los mando o vemos que onda.

arielpukacz@gmail.com

INDICE DEL ZINE:

-INTRO

-TEXTOS PARA REFLEXIONAR

-ENTREVISTA AL CINEASTA/DOCUMENTALISTA JEM COHEN

-HISTORIA DE SST RECORDS (BLACK FLAG SONIC YOUTH; MINUTEMEN; HUSKER DU; DINOSAUR JR, ETC)

-POEMAS

-RECETA DE TE CHAI

-BIOGRAFÍA DE L.L. ZAMENHOF (CREADOR DEL IDIOMA ESPERANTO) Y DE LA ISLA DE LAS ROSAS (PLATAFORMA ARTIFICIAL CON INTENCIÓN DE SER PARQUE TURISTICO QUE DECLARÓ SOBREANÏA EN LOS AÑOS 60s).

-HISTORIA DE LA GUITARRA TRAVIS BEAN DE MASTIL DE METAL, UNICA EN EL MUNDO UTILIZADA POR CAPOS COMO LOS SONIC YOUTH Y STEVE ALBINI.

domingo, 27 de febrero de 2011

Hiatus

Este blog lo tengo hace más de un año y medio y siento que llegó el momento de dejarlo por aunque sea un período sin una actualización constante y regular hasta nuevo aviso.
Si algún texto mío es leído por otro, será mediante alguna publicación tangible y obviamente avisaré por acá.
Un saludo.
Ariel Pukacz

jueves, 17 de febrero de 2011

Resistencia Parte III(Fin)

III

Un día, el sexo dejó de tener sentido y sólo me importaban las historias. Porque me eran ajenas, como la mía propia, distantes, opacas, errantes. Decidí recuperar mi historia, no la de mi papá, no su pasado oculto y todo lo que ignoré de ese hombre en su rol fuera de el de padre. Fui a recuperar lo que había dejado trunca mi existencia.

Monte Chingolo ya no era lo mismo. Ninguno de mis vecinos quedaba. Sólo a la viuda de Herrera reconocí porque seguía viviendo enfrente de lo que había sido mi casa.
Al conejo Filipo lo tiene mi sobrina, le comenté y ella sonrió. Mis tíos se habían ido a España y Darío vivía en el anonimato, con otro nombre, me contó la viejita. Me dijo que le dejara mi teléfono a ella, que él cada tanto volvía, se aparecía de noche. Regresaba para asegurarse de que su pasado, en cierto aspecto, se preservaba, aunque sea el lugar físico.

No tuve un número de teléfono que darle porque ya no tenía domicilio fijo, no pensaba volver a Paraná.
Intenté olvidarme rápido del asunto y conseguir un trabajo o modo de subsistir. Comencé a trabajar como recepcionista en hoteles alojamiento de Zona Sur. Unos meses en uno, algunos en otro. Me recordaba a mi misma revolcándome en esas habitaciones con esos hombres sin nombre. Dormía en una habitación de los hoteles, aquellos antros se habían tornado mi hogar.

Un día, muchos meses después de mi visita a Monte Chingolo, una llamada telefónica me sorprendió.
Sí, quería hablar con Andrea.
Habla ella, respondí.

Soy Darío, dijo la voz desde el otro lado. Ambos quedamos en silencio. Años, añoré volver a escucharlo y dialogar con él como solíamos hacer allá, cuando todavía estaba viva.

¿Dónde estás? Pregunté casi llorando.
La viuda de Herrera me dijo que volviste al barrio y preguntaste por mí.
¿Cómo me localizaste? Pregunté cuando en verdad eso no importaba, tenía preguntas mucho más urgentes que hacer.
Tardé en hacerlo, me respondió.

Escuchar su voz era como volver a aquellos años, hablar con él, reencontrarme con alguien que no conocía. Un cercano desconocido.

No tuviste razón le dije.
Me preguntó en qué.
En que no iba a volver ni a acordarme de vos.
Tardó en responder, supuse que se rascaba la cabeza como cuando pensaba atentamente una respuesta. Una cabeza con menos pelo, imaginé o talvez ese hábito lo había perdido y el silencio se debía a que aguantaba el llanto.

Quise que te fueras, era demasiado chico pero sabía que si no te ibas de una vez por todas, no podría seguir con mi vida. De hecho, no pude.
Quise responderle pero me dijo: Tengo que cortar.

Seguí en la oscuridad del hotel alojamiento entre los gemidos y la tristeza, esperando a la próxima pareja y preguntándome como sería mi vida desde ahí en adelante.

martes, 8 de febrero de 2011

Resistencia Parte II

II

A mi papá lo mataron allá, en Resistencia, Chaco. Siempre me resultó como si fuese una cínica coincidencia o algo planeado, un mensaje encriptado. Nosotras, para ese entonces ya estábamos en Paraná. No hubo tiempo de llorar a papá, nos llevamos las pocas cosas que pudimos, Filipo, el perro, la carta de Lucía. Pensamos en volver a Monte Chingolo pero temimos que no fuese seguro. Yo comencé la universidad, Lucrecia el secundario, no tuvo problemas en hacer nuevos amigos. Yo ya estaba resignada, creía que nunca conocería a alguien como Darío.

Obviamente no conocí a alguien como él pero sí a alguien que me conmovió e hizo sentir así de nuevo, diferente.

Damián era asistente de cátedra. Militaba en secreto, me lo admitió años después de casados. No me atraía pero me urgía la necesidad de sacarme a Darío de una vez por todas de la cabeza, que seguía ocupando todo el espacio de mi mente. Con el tiempo, la imagen de Darío se fue tamizando y haciéndose cada vez más finita, distante y la idea de Damián como figura masculina en mi vida fue tomando cada vez más presencia.
La vida con él se tornó monótona muy rápido pero aunque sea ya no escapaba de nada. No pudo, en todos los años que convivimos, darme un hijo. Nunca quiso averiguar quien de los dos era infértil, prefería vivir con la incertidumbre, pero yo sabía que él lo era, luego de sobrevivir a un aborto.

A Ricardo lo conocí en mi propia casa, en el departamento de Damián en verdad. Ricardo se había quedado encerrado fuera de su casa, era tarde y no había ningún cerrajero al que pudiese acudir. Damián lo invitó a dormir al sofá de su minúsculo departamentito.

Había hecho estofado de carnaza porque era invierno, Ricardo a modo de agasajo llevó un vino barato con la poca plata que tenía encima. La botella se inauguró con la cena y se terminó en la sobremesa, antes de que hiciera el café. Al volver con la bandeja, ellos dos ya estaban inmersos en una de sus hipotéticas, utópicas e interminables discusiones que no los llevaban a ningún lado. Ricardo hablaba pero en mi mente, la voz no era la suya, era la de mi padre. Escucharlo hablar fue volver en el tiempo, recordar a Darío que enterrado ya estaba. Fue revivir una vida, tan distante que no sentía mía.

Con Ricardo esa noche apenas nos dirigimos la palabra, por cortesía. Pero en el silencio abyecto ya se olía el romance, la traición.
Nunca le mentí a Damián porque nunca peguntó, simplemente mantuve una vida privada, mía y ajena a él. Sólo mi hermana se enteró, cuando tuve que abortar.

No se de donde vas a sacar la plata, me dijo con indiferencia mientras masticaba sus uñas y agitaba un encendedor que no tenía más gas. Filipo estaba sobre la mesa, ahora pertenecía a mi sobrina que dormía la siesta junto al perro.

No fue problema la plata ni explicárselo a la familia de Ricardo para que pagara el aborto. El problema fue el vicio, Ricardo fue el inicio de una serie de engaños que perpetué, hacia, contra Damián y su monotonía. Llenaba de sexo mi ser como un intento de llevar adelante la infantil presencia de mi pareja. Al principio fueron sus compañeros de trabajo pero en algún momento una clase de culpa me invadió y comencé a engañarlo con completos extraños. Ellos me contaban sus vidas y yo, a cada uno de ellos les inventaba una versión diferente, distorsionada, de la mía. Nunca mencionaba a mi papá ni Esteban Echeverría ni El Chaco ni a Darío.

Sólo a Damián, a mi hermana, al triste trabajo que tenía mi mamá como cajera de un supermercado.
Justificaba el engaño diciéndome a mi misma que era por no sentirme parte de ningún lado ni apegada a nadie realmente. Como si todo hubiese sido un gran esfuerzo al irme de Monte Chingolo. Como si al irme de ahí hubiese comenzado a vivir una vida paralela a la mía, lejana a mi misma. Una falsa pantomima de lo que mi papá, egoístamente había querido para él y por lo tanto, para nosotras tres.

lunes, 7 de febrero de 2011

Resistencia

I

La trompa casi tocaba la rueda del auto. Es lo último que recuerdo, la trompa de Tapita, el perro de Nicanor, a centímetros de la llanta de nuestra camioneta. Como si fuese una extensión de Darío que quisiera que no me fuese de allá. Aunque Darío quería que me fuese, de una vez por todas.

No te preocupes, mintió mi mamá mirándome por el espejo retrovisor, ya te vas a hacer amigos nuevos.
Mi papá manejaba y puteaba por encima de un discurso que pasaban por la radio. Mi hermana intentaba dormir y dejar todo atrás sin importarle nada. Ella sí se haría nuevas amigas en otro lado. Nuestro perro ladraba, le respondía a Tapita. Nadie nos despedía, sólo Tapita.

Las despedidas fueron a lo largo de varias noches de a grupos reducidos que venían a vernos a casa, en la oscuridad y en silencio.
En resistencia ya están avisados que están yendo para allá, escuché que le decía mi tía a mi mamá mientras yo jugaba con mi hermana y con Filipo, un conejo de peluche que nos había regalado la vecina de enfrente. En el auto mi hermana intentaba dormir abrazada a él.

Parecía ser que todos los rencores entre mi mamá y mi tía habían quedado sepultados, por la desesperación. No se abrazaron pero sus miradas aterradas lo hicieron por ellas, sus ojos pedían disculpas, como si supieran desde el vamos que no se volverían a ver.
En cambio mi papá y su hermano se abrazaron y lloraron. Mi papá intentó disimularlo para que no comprendiera, ni yo ni mi hermana, la situación o para que no me preocupara o que no lo viese como un hombre débil. Nunca lo había visto llorar e hice como si no hubiese visto nada.

A mis amigos los despedí durante el día, en la plaza, junto a las hamacas. Lucía me escribió una extensa carta que conservé mucho tiempo pero perdí hace unos años en alguna de las mudanzas. No me dijo una sola palabra, todo estaba dicho en aquel papel.
Nicanor me abrazó y llenó de besos, me dijo que una estrella (no aclaró cual porque era de día) sería nuestra y que cuando la mirase los recordaría a todos. Me pareció una idea tonta en su momento pero más de una vez, cuando en Chaco me tiraba en el pasto con mi hermana y el perro a mirar el cielo, cualquier estrella me recordaba a ellos. Me gustaba creer que siempre miraba la misma.

Darío se arrepintió de su despedida, me lo dijo muchos años después, la única vez que volvimos a contactarnos.
Yo tenía razón, vos te ibas a ir y no te vas a acordar nunca más de mí, me dijo. Cuando quise reaccionar y responder algo, él ya estaba de espaldas, yéndose. Lo insulté y le grité que no era mi culpa, que yo no quería irme, huir. Que por mí cumpliría con el iluso amor eterno que nos habíamos prometido.

Mi hermana no se despidió de nadie, ella se haría nuevos amigos en el lugar al que fuéramos. Era lo suficientemente chica como para poder desprenderse de la gente con facilidad, para no extrañar.

El perro fue un regalo de la tía, para que nos fuéramos por lo menos con un amigo y supuse que para asegurarse de que la recordemos.

martes, 4 de enero de 2011

Epecuén (Fin)

Esa noche Leandro no habló, fue en silencio junto a Martín a buscar al amigo judío de este para llevarlos al cine.

El silencio no fue indicio de nada para un nene de doce años. Pero Leandro se encargó de devolverlo sano y salvo a su casa, para que Martín hablara bien de él y de los otros, de que lo trataron bien, de que no lo lastimaron durante toda esa semana.

A los diez días de aquella fallida salida al cine, finalmente lo llevó a él y a su judío amigo, pero no en el Abasto para que no le evocara a aquella situación.

-Escuché el disco de Crimson- dijo Martín.
-Yo el de Korn ¿Qué te pareció?
-Raro ¿A vos?
-Lo mismo.- mintió y le guiñó un ojo por el retrovisor.

Al llegar, Leandro se apresuró a abrirle la puerta, a ayudarlo a bajar e hizo la fila del cine, para que Martín le dijera a sus padres que hacía bien su trabajo, que era atento, que no sólo manejaba sino que lo asistía, para que no sospecharan de él.

Epecuén (Parte VI)

Nuevamente al skatepark, el mismo camino de siempre, las mismas calles, el mismo transito constituido por diferentes autos. Sus marcas, modelos, patentes no importaban, la presencia de otros vehículos era la que armaba la fantasía de un viaje similar al anterior. Una replica, inexacta, de un recorrido que se hacía solo. Una estructura fantasmal por la que se avanzaba de memoria.

¿Cómo afectó todo esto a tus papás?- preguntó Leandro para comenzar a charlar.
-Los puso nerviosos solamente, no tuvieron grandes perdidas, creo.
Leandro sintió que Martín se arrepentía de haber dicho eso y tuvo que trasformar la afirmación en un gran signo de pregunta.
-Está jodida la cosa ¿Viste el reality show ese? Al que ganó le terminaron garpando con Patacones, eso no lo cobra más. Se pasó tres meses en una casa de mierda y le pagan con fotocopias.
-Pero aunque sea esos tres meses no tuvo que trabajar- agregó Martín sin saber exactamente que aportar a la charla.
-Pero no tuvo ni el tiempo de sacar la guita del banco, sabé que si tenía algo no lo ve más. Todo pesificado.
- Sí, depende, si lo tenía afuera no le pasaba nada.
-Son pocos los que la tienen afuera.
-Si.

Leandro no supo como evitar el silencio y fue Martín quien se encargó de solucionarlo, en parte para evitar el silencio y en parte para sacar de la mente de Leandro la imagen de las cuentas en el exterior de sus padres.

-¿Escuchaste el disco que te traje la otra vez?
-No todavía no tuve un minuto pero ya lo voy a escuchar. Mañana te digo que onda, hoy a la noche lo escucho.
Martín asintió pero no dijo una sola palabra sobre el disco de King Crimson, Leandro se sintió ofendido en un primer momento, luego herido. Después recordó que estaba hablando con un nene de doce años.

Como siempre, estacionó y se apuró en bajar para abrirle la puerta a Martín, ayudarlo a bajar y darle su patineta que ahora la guardaban en el baúl. Para que Martín le dijese a sus padres que Leandro hacía bien su trabajo, que era atento, que no sólo manejaba sino que lo asistía. Para que los padres se sintiesen seguros, para que pronto le aumentaran el sueldo, para tener su confianza.

Leandro estaba por ir al bar de siempre, donde el mozo lo veía entrar y le llevaba el café con leche y dos medialunas pero prefirió pasear por Munro, localidad que apenas conocía al cansarse de las aburridas calles decidió por ir al skatepark para ver andar a Martín.

“Ya me va a salir, tengo que seguir practicando y no darles bola. En sus vidas van a poder comprar estas tablas, estas ruedas, que se rían todo lo que quieran.”- pensaba Martín mientras hacía el ridículo tirando fallidos trucos en una rampa aislada.
Leandro lo observaba de lejos, con pena, sólo con pena.

-No vengas más al skatepark, quédate en el auto o anda a tomar algo a otro lado, pero no vengas acá.- le recriminó Martín al cansarse de intentar patinar y verlo en el lugar.

Leandro le pidió disculpas por lo bajo al nene de doce años pero este ya estaba subido en el auto cuando las palabras salieron con timidez de su boca y se perdieron en el aire, sin un emisor que las procesara.

lunes, 3 de enero de 2011

Epecuén (Parte V)

Al día siguiente Leandro le llevó a Martín el disco de King Crimson copiado en un cd, esta vez no tendría excusa para no escucharlo pero prefirió que el chico lo hiciera en su casa, para resguardarse así de un disgusto en caso de que no le gustara.

Martín nunca hizo una devolución sobre el disco pero ambos entablaron algo cercano a una amistad.

-Te traje uno de Korn para que escuches.- dijo martín sin decir hola, mientras se subía despacio al auto.- Salió hace tres años, es el mejor que grabaron, el siguiente habrá salido hace un año y pico y es muy bueno, pero este es mejor.

Leandro agradeció con un volumen de voz tan bajo que casi fue como si no hubiese dicho nada, más por vergonzoso que por mal educado.

El sobre que contenía al disco tenía una prolija letra, casi femenina. No supo si era la de Martín o la de la madre de Martín. La misma letra que ella. El rebote, la boca abierta, dejando al descubierto sus dientes con braquets y las altas encías, los ojos cerrados, por placer, por dolor. Recordó todo como si estuviese narrado en tercera persona, él viéndose a sí mismo desarmar el ano de la alumna de su madre.

Como si se lo estuviesen contando. Podía visualizar la cara grotesca, contraída, deformada, con las venas de la frente marcadas por el dolor y el placer aunque en verdad nunca se la había visto. Sólo el rebote del culo contra su panza mientras sonaban las guitarras distorsionadas y los violines del primer tema del álbum.

Guardó el disco compacto en la guantera, junto a la pistola y los papeles del auto y la petaca vacía y el casette de King Crimson que había copiado para Martín.

Hacía mucho que no pensaba en Mariela, porque pensar en Mariela significaba pensar en su madre, pensar en ambas significaba pensar en ese lugar. Pensar en ese lugar significaba pensar en la inundación y en perder su lugar, en tornarse un bastardo y mejor bastardo en Capital que en otro pueblo de mierda.

¿Habría el tiempo y el agua destruido su vinilo de King Crimson o flotaría como un frisbee entre las abandonadas edificaciones?