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domingo, 27 de febrero de 2011

Hiatus

Este blog lo tengo hace más de un año y medio y siento que llegó el momento de dejarlo por aunque sea un período sin una actualización constante y regular hasta nuevo aviso.
Si algún texto mío es leído por otro, será mediante alguna publicación tangible y obviamente avisaré por acá.
Un saludo.
Ariel Pukacz

lunes, 3 de enero de 2011

Epecuén (Parte V)

Al día siguiente Leandro le llevó a Martín el disco de King Crimson copiado en un cd, esta vez no tendría excusa para no escucharlo pero prefirió que el chico lo hiciera en su casa, para resguardarse así de un disgusto en caso de que no le gustara.

Martín nunca hizo una devolución sobre el disco pero ambos entablaron algo cercano a una amistad.

-Te traje uno de Korn para que escuches.- dijo martín sin decir hola, mientras se subía despacio al auto.- Salió hace tres años, es el mejor que grabaron, el siguiente habrá salido hace un año y pico y es muy bueno, pero este es mejor.

Leandro agradeció con un volumen de voz tan bajo que casi fue como si no hubiese dicho nada, más por vergonzoso que por mal educado.

El sobre que contenía al disco tenía una prolija letra, casi femenina. No supo si era la de Martín o la de la madre de Martín. La misma letra que ella. El rebote, la boca abierta, dejando al descubierto sus dientes con braquets y las altas encías, los ojos cerrados, por placer, por dolor. Recordó todo como si estuviese narrado en tercera persona, él viéndose a sí mismo desarmar el ano de la alumna de su madre.

Como si se lo estuviesen contando. Podía visualizar la cara grotesca, contraída, deformada, con las venas de la frente marcadas por el dolor y el placer aunque en verdad nunca se la había visto. Sólo el rebote del culo contra su panza mientras sonaban las guitarras distorsionadas y los violines del primer tema del álbum.

Guardó el disco compacto en la guantera, junto a la pistola y los papeles del auto y la petaca vacía y el casette de King Crimson que había copiado para Martín.

Hacía mucho que no pensaba en Mariela, porque pensar en Mariela significaba pensar en su madre, pensar en ambas significaba pensar en ese lugar. Pensar en ese lugar significaba pensar en la inundación y en perder su lugar, en tornarse un bastardo y mejor bastardo en Capital que en otro pueblo de mierda.

¿Habría el tiempo y el agua destruido su vinilo de King Crimson o flotaría como un frisbee entre las abandonadas edificaciones?

miércoles, 14 de julio de 2010

Martinez y ruptura

Iván: Y llegamos al río, me dijo que no estaba enamorada de mí y se fue. La vi deshacer el camino que habíamos hecho juntos hasta ahí, tomados de la mano. Ahora sé que su puño, cerrado contra el mío, llevaba dentro una daga con un filo muy real y cruel, lleno de hipocresía y mentira.

Me quedé ahí parado, como un boludo. Si saber que hacer o que decir. Miré el agua putrefacta. No quería estar ahí, solo; Pero ahí estaba, sólo.
Caminé por Libertador con la esperanza de que volviese corriendo hacia mí, pero solo me topé con skaters y nuevos ricos en Mini Cooper.
Me perdí por unas callecitas de adoquines, caminé por la mitad de ellas, con la intención de dejar a un lado la tristeza y apreciar la belleza de aquel barrio que es mejor que el mío. No pude. Pero no lloré. Me consentí con un alto cucurucho de Vía Flaminia.

Lo llamé a Alex, necesitaba hablar con alguien. Estaba trabajando, ocupado.
Seguí con el cucurucho, esperando que todo se solucionase o aunque sea concluya, sin saber en verdad que carajo esperaba realmente.