Al día siguiente Leandro le llevó a Martín el disco de King Crimson copiado en un cd, esta vez no tendría excusa para no escucharlo pero prefirió que el chico lo hiciera en su casa, para resguardarse así de un disgusto en caso de que no le gustara.
Martín nunca hizo una devolución sobre el disco pero ambos entablaron algo cercano a una amistad.
-Te traje uno de Korn para que escuches.- dijo martín sin decir hola, mientras se subía despacio al auto.- Salió hace tres años, es el mejor que grabaron, el siguiente habrá salido hace un año y pico y es muy bueno, pero este es mejor.
Leandro agradeció con un volumen de voz tan bajo que casi fue como si no hubiese dicho nada, más por vergonzoso que por mal educado.
El sobre que contenía al disco tenía una prolija letra, casi femenina. No supo si era la de Martín o la de la madre de Martín. La misma letra que ella. El rebote, la boca abierta, dejando al descubierto sus dientes con braquets y las altas encías, los ojos cerrados, por placer, por dolor. Recordó todo como si estuviese narrado en tercera persona, él viéndose a sí mismo desarmar el ano de la alumna de su madre.
Como si se lo estuviesen contando. Podía visualizar la cara grotesca, contraída, deformada, con las venas de la frente marcadas por el dolor y el placer aunque en verdad nunca se la había visto. Sólo el rebote del culo contra su panza mientras sonaban las guitarras distorsionadas y los violines del primer tema del álbum.
Guardó el disco compacto en la guantera, junto a la pistola y los papeles del auto y la petaca vacía y el casette de King Crimson que había copiado para Martín.
Hacía mucho que no pensaba en Mariela, porque pensar en Mariela significaba pensar en su madre, pensar en ambas significaba pensar en ese lugar. Pensar en ese lugar significaba pensar en la inundación y en perder su lugar, en tornarse un bastardo y mejor bastardo en Capital que en otro pueblo de mierda.
¿Habría el tiempo y el agua destruido su vinilo de King Crimson o flotaría como un frisbee entre las abandonadas edificaciones?
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lunes, 3 de enero de 2011
sábado, 1 de enero de 2011
Epecuén (parte IV)
Las charlas continuaron en cada visita de Martín al skatepark, en cada mañana en que Martín iba al colegio, y volvía a su casa, en cada salida al cine, y necesidad que tuviese fuera de la comodidad y seguridad del departamento en Avenida Alvear donde vivía con sus padres.
-Te traje algo- dijo Leandro mientras se aseguraba de que Martín se pusiera el cinturón y le dio un casette.
-¿Qué es esto?- preguntó Martín y abrió la ventana, lo justo para no despeinarse.
-Un casette.
Martín no respondió.
-De King Crimson- agregó Leandro para dejar que el silencio ocupara la menor cantidad de espacio posible dentro de ese auto.- Lark´s Tounges in Aspics, lo más pesado que grabó Crimson. Creo que te va a gustar.
-No tengo casettera en casa- respondió Martín, rechazándole el casette.
Leandro guardó el casette en la guantera, junto a su pistola, una petaca vacía y los papeles del auto. Prendió el motor. El rebote del culo de Mariela contra su panza mientras sonaban los violines y las guitarras del primer tema del disco, cuando el tenía veintiún años y ella quince, vino a modo de sensación a su cuerpo, no sólo a su mente, no a modo de imagen. Escuchó el ruido del cuerpo de Mariela y sus gemidos que disonaban con las guitarras y las patas de la cama que tironeaban como las de un perro que se niega a abandonar un arbolito pese a la insistencia de su dueño.
Volvió a Capital, trajo su cuerpo y mente de regreso al auto y arrancó hacia el barrio de Once a buscar a Lucas para que ambos fueran al cine.
-¿Es un amigo del cole?- preguntó Leandro para iniciar la charla.
-No, lo conocí en el skatepark hace un tiempo.
-¿Es buena onda?
-No, es judío.
-¿Cómo?
-Que no es copado, que es judío. No digo que no sea copado por ser judío, digo que no es copado y que además es judío.
-Ah ¿para qué lo vez si no es judío? Digo, copado. Igual yo pegunté si era buena onda.
-Da igual, porque, no se por qué, me acostumbré a su compañía. Andamos en skate, vamos al cine, comemos.
Martín se tomó el atrevimiento de poner un disco de Korn en el equipo del auto sin consultar y se perdió la primera estrofa por un camión que pasó por su izquierda.
-Te traje algo- dijo Leandro mientras se aseguraba de que Martín se pusiera el cinturón y le dio un casette.
-¿Qué es esto?- preguntó Martín y abrió la ventana, lo justo para no despeinarse.
-Un casette.
Martín no respondió.
-De King Crimson- agregó Leandro para dejar que el silencio ocupara la menor cantidad de espacio posible dentro de ese auto.- Lark´s Tounges in Aspics, lo más pesado que grabó Crimson. Creo que te va a gustar.
-No tengo casettera en casa- respondió Martín, rechazándole el casette.
Leandro guardó el casette en la guantera, junto a su pistola, una petaca vacía y los papeles del auto. Prendió el motor. El rebote del culo de Mariela contra su panza mientras sonaban los violines y las guitarras del primer tema del disco, cuando el tenía veintiún años y ella quince, vino a modo de sensación a su cuerpo, no sólo a su mente, no a modo de imagen. Escuchó el ruido del cuerpo de Mariela y sus gemidos que disonaban con las guitarras y las patas de la cama que tironeaban como las de un perro que se niega a abandonar un arbolito pese a la insistencia de su dueño.
Volvió a Capital, trajo su cuerpo y mente de regreso al auto y arrancó hacia el barrio de Once a buscar a Lucas para que ambos fueran al cine.
-¿Es un amigo del cole?- preguntó Leandro para iniciar la charla.
-No, lo conocí en el skatepark hace un tiempo.
-¿Es buena onda?
-No, es judío.
-¿Cómo?
-Que no es copado, que es judío. No digo que no sea copado por ser judío, digo que no es copado y que además es judío.
-Ah ¿para qué lo vez si no es judío? Digo, copado. Igual yo pegunté si era buena onda.
-Da igual, porque, no se por qué, me acostumbré a su compañía. Andamos en skate, vamos al cine, comemos.
Martín se tomó el atrevimiento de poner un disco de Korn en el equipo del auto sin consultar y se perdió la primera estrofa por un camión que pasó por su izquierda.
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viernes, 31 de diciembre de 2010
Epecuén (parte III)
La primera vez que lo vio sintió pena, pena y envidia, venía rengueando. Pena por su andar, envidia por no tener que preocuparse nunca por trabajar. Se saludaron y charlaron, a Martín le gustaba andar en patineta y eso haría y se reirían por lo bajo de él y sentirían pena y envidia. Pena por su andar, envidia por la calidad de su tabla y las marcas de sus ropas.
El clima, agradable, fresco pero soleado, fue tema de conversación y también las bandas que Martín escuchaba, mientras él miraba de reojo su alrededor y hacía de cuenta que lo escuchaba y Martín seguía mencionando esas bandas estadounidenses de nombres difíciles, al pedo. Leandro intentaba preguntar cualquier cosa cuando Martín se agotaba de hablar de un tema, para así dispararle otro monologo y entretenerlo consigo mismo, haciendo que le cuente cosas que no importaban, para evitar los silencios incómodos.
-Me gustan las bandas en inglés porque el castellano me parece un idioma horrible para cantar- comentó Martín.
-Pero ¿Entendés las letras?
-No, pero las leo de Internet.
-¿Crimson escuchaste?
-No.
-Eso es rock, la última gran banda de rock.
-Si…A mi me gusta Korn, esas cosas, más modernas.
Leandro no supo que responder pero por suerte dobló a la izquierda y estacionó. No hubo necesidad de pensar la siguiente pregunta para evitar silencios incómodos. Martín le dio la mano y bajó del auto con lentitud y tosquedad. Leandro se apuró en dar la vuelta al coche, abrir la puerta y bajarle la patineta a Martín antes de que él lo hiciera, para evitarle movimientos bruscos, para cumplir bien con su trabajo, para que Martín hablase bien de él a sus padres, para recibir dentro de no mucho un aumento y tener la confianza de los padres de Martín.
Leandro lo esperó en un bar, tomando un café que pagarían los padres de Martín mientras él intentaba andar en patineta y el resto de los chicos reían por lo bajo y sentían pena, y envidia.
El clima, agradable, fresco pero soleado, fue tema de conversación y también las bandas que Martín escuchaba, mientras él miraba de reojo su alrededor y hacía de cuenta que lo escuchaba y Martín seguía mencionando esas bandas estadounidenses de nombres difíciles, al pedo. Leandro intentaba preguntar cualquier cosa cuando Martín se agotaba de hablar de un tema, para así dispararle otro monologo y entretenerlo consigo mismo, haciendo que le cuente cosas que no importaban, para evitar los silencios incómodos.
-Me gustan las bandas en inglés porque el castellano me parece un idioma horrible para cantar- comentó Martín.
-Pero ¿Entendés las letras?
-No, pero las leo de Internet.
-¿Crimson escuchaste?
-No.
-Eso es rock, la última gran banda de rock.
-Si…A mi me gusta Korn, esas cosas, más modernas.
Leandro no supo que responder pero por suerte dobló a la izquierda y estacionó. No hubo necesidad de pensar la siguiente pregunta para evitar silencios incómodos. Martín le dio la mano y bajó del auto con lentitud y tosquedad. Leandro se apuró en dar la vuelta al coche, abrir la puerta y bajarle la patineta a Martín antes de que él lo hiciera, para evitarle movimientos bruscos, para cumplir bien con su trabajo, para que Martín hablase bien de él a sus padres, para recibir dentro de no mucho un aumento y tener la confianza de los padres de Martín.
Leandro lo esperó en un bar, tomando un café que pagarían los padres de Martín mientras él intentaba andar en patineta y el resto de los chicos reían por lo bajo y sentían pena, y envidia.
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