Entre los dos no hacemos uno
Me dijiste
Y me reí
Porque era verdad
Estábamos perdidos
Y tristes
Y asustados
Pero juntos
Pero no hacíamos uno
Ni con todas
Nuestras partes juntas
Y mezcladas
Y pegadas
Con precisión
Fueron mis fallas
No las tuyas
Las que hicieron
Que esos pedazos sean miles más
Incontables fragmentitos
De nosotros
Mezclados
E irreconocibles
No intentes limpiar
Te dije
Esto ya no tiene arreglo.
domingo, 25 de julio de 2010
sábado, 24 de julio de 2010
El billete de dos pesos
Alex: Paré en un quiosco a comprarle cigarrillos a Ramiro antes de llegar a su casa, me había pedido por mensaje de texto.
Aproveché y me compré un alfajor nuevo que había salido, compro todas las golosinas nuevas. Siento que si no las pruebo talvez me esté perdiendo de algo muy increíble.
Cuando el quiosquero me dio el vuelto me quedé mirando los billetes, no conté si me había dado bien o mal el vuelto. Me quedé hipnotizado mirando el billete de dos pesos de arriba de todo. Tenía una inscripción en azul, torcida y lavada. El billete era casi inútil, tan gastado que era suave, negro de haber pasado por tantas manos. Me quedé mirando el billete porque me pregunté si ese billete ya había pasado antes por mis manos. No recordaba el número de serie pero por alguna razón recordaba el billete.
Salí del lugar y volví a entrar antes de que la puerta de vidrio llena de calcomanías de marcas se cerrase porque dejé lo que había comprado en el mostrador.
Ramiro me abrazó, nunca nos habíamos abrazado. Creo. Pasé directo a su habitación, su perro me acompañó todo el trayecto saltando y ladrándome para que lo saludase. No lo hice.
Entramos a su habitación, era un chiquero. Estaba tomando Pepsi del pico de una botella de litro y medio de vidrio.
El perro se coló con nosotros y se puso frenéticamente a oler todo.
Su tacho de basura estaba en la mitad de la habitación, era de metal y estaba abollado. Rebalzaba de basura: latas de gaseosa, papeles y preservativos. Nunca ponía bolsita para la basura. La empleada tenía que juntar con las manos los forros llenos de semen.
Me desplomé en su cama y salió una nube de polvo como había pasado hacía tan solo unos días en el telo cuando Cinthia golpeó la frazada.
Nos pusimos a hacer música con uno de sus sintetizadores y bases de batería con un programa que tenia en su computadora.
Hicimos una improvisación desarticulada durante un buen rato hasta que nos cansamos del ruido y nos sinceramos con nosotros mismos, estábamos haciendo mierda. Por ser dos y con aparatos no éramos tan buenos como Suicide. No éramos tan buenos como nadie, no éramos buenos. No éramos nada.
Le pedí prestado un controlador midi para hacer la música de un cortometraje que estaba editando para la facultad. Nunca más se lo devolví, no llegué a dárselo. Más de una vez pensé en devolvérselo a su padre pero para el sería solamente un objeto y para mi tenía un gran valor, sentimental y también útil. Una de las octavas no andaba del todo, nunca la mandé a arreglar, quise conservarlo exactamente como me lo había dado mi amigo. Alterarlo sería pisotear su memoria de algún modo.
Después de tocar se puso a tomar de la botella de Pepsi que tapó mal y me la pasó sin preguntarme si quería pero acepté y le di un sorbo.
-Antes que el perro.- dijo Ramiro. No entendía de que hablaba.
-Dale, agarrala antes que el perro- repitió y me quedé mirándolo sin comprender.
¿Me haces el favor de agarrar la tapa antes de que el perro se la coma Alex?
La levanté y la ajuste a la botella de Pepsi de dos litros. No la limpié.
Ramiro me contó que estaba participando de varios concursos literarios con sus cuentos y que todavía no había tenido respuesta positiva de ninguno. Estaba un poco decepcionado. Le dije que no se desesperara, que creyera en sus textos. Pero era yo el que no creía en lo que le estaba diciendo.
Aproveché y me compré un alfajor nuevo que había salido, compro todas las golosinas nuevas. Siento que si no las pruebo talvez me esté perdiendo de algo muy increíble.
Cuando el quiosquero me dio el vuelto me quedé mirando los billetes, no conté si me había dado bien o mal el vuelto. Me quedé hipnotizado mirando el billete de dos pesos de arriba de todo. Tenía una inscripción en azul, torcida y lavada. El billete era casi inútil, tan gastado que era suave, negro de haber pasado por tantas manos. Me quedé mirando el billete porque me pregunté si ese billete ya había pasado antes por mis manos. No recordaba el número de serie pero por alguna razón recordaba el billete.
Salí del lugar y volví a entrar antes de que la puerta de vidrio llena de calcomanías de marcas se cerrase porque dejé lo que había comprado en el mostrador.
Ramiro me abrazó, nunca nos habíamos abrazado. Creo. Pasé directo a su habitación, su perro me acompañó todo el trayecto saltando y ladrándome para que lo saludase. No lo hice.
Entramos a su habitación, era un chiquero. Estaba tomando Pepsi del pico de una botella de litro y medio de vidrio.
El perro se coló con nosotros y se puso frenéticamente a oler todo.
Su tacho de basura estaba en la mitad de la habitación, era de metal y estaba abollado. Rebalzaba de basura: latas de gaseosa, papeles y preservativos. Nunca ponía bolsita para la basura. La empleada tenía que juntar con las manos los forros llenos de semen.
Me desplomé en su cama y salió una nube de polvo como había pasado hacía tan solo unos días en el telo cuando Cinthia golpeó la frazada.
Nos pusimos a hacer música con uno de sus sintetizadores y bases de batería con un programa que tenia en su computadora.
Hicimos una improvisación desarticulada durante un buen rato hasta que nos cansamos del ruido y nos sinceramos con nosotros mismos, estábamos haciendo mierda. Por ser dos y con aparatos no éramos tan buenos como Suicide. No éramos tan buenos como nadie, no éramos buenos. No éramos nada.
Le pedí prestado un controlador midi para hacer la música de un cortometraje que estaba editando para la facultad. Nunca más se lo devolví, no llegué a dárselo. Más de una vez pensé en devolvérselo a su padre pero para el sería solamente un objeto y para mi tenía un gran valor, sentimental y también útil. Una de las octavas no andaba del todo, nunca la mandé a arreglar, quise conservarlo exactamente como me lo había dado mi amigo. Alterarlo sería pisotear su memoria de algún modo.
Después de tocar se puso a tomar de la botella de Pepsi que tapó mal y me la pasó sin preguntarme si quería pero acepté y le di un sorbo.
-Antes que el perro.- dijo Ramiro. No entendía de que hablaba.
-Dale, agarrala antes que el perro- repitió y me quedé mirándolo sin comprender.
¿Me haces el favor de agarrar la tapa antes de que el perro se la coma Alex?
La levanté y la ajuste a la botella de Pepsi de dos litros. No la limpié.
Ramiro me contó que estaba participando de varios concursos literarios con sus cuentos y que todavía no había tenido respuesta positiva de ninguno. Estaba un poco decepcionado. Le dije que no se desesperara, que creyera en sus textos. Pero era yo el que no creía en lo que le estaba diciendo.
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jueves, 22 de julio de 2010
HOY DESDE LAS 23 EN MI.CASA. CICLO MENSTRUAL
HOY LEO. ES GRATIS. POR LA DIRECCIÓN MANDEN MAIL A arielpukacz@gmail.com
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Jotge Ignacio Huarte (El Baterista que escribe)
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lunes, 19 de julio de 2010
Mail de rechazo N°...
domingo, 18 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
Martinez y ruptura
Iván: Y llegamos al río, me dijo que no estaba enamorada de mí y se fue. La vi deshacer el camino que habíamos hecho juntos hasta ahí, tomados de la mano. Ahora sé que su puño, cerrado contra el mío, llevaba dentro una daga con un filo muy real y cruel, lleno de hipocresía y mentira.
Me quedé ahí parado, como un boludo. Si saber que hacer o que decir. Miré el agua putrefacta. No quería estar ahí, solo; Pero ahí estaba, sólo.
Caminé por Libertador con la esperanza de que volviese corriendo hacia mí, pero solo me topé con skaters y nuevos ricos en Mini Cooper.
Me perdí por unas callecitas de adoquines, caminé por la mitad de ellas, con la intención de dejar a un lado la tristeza y apreciar la belleza de aquel barrio que es mejor que el mío. No pude. Pero no lloré. Me consentí con un alto cucurucho de Vía Flaminia.
Lo llamé a Alex, necesitaba hablar con alguien. Estaba trabajando, ocupado.
Seguí con el cucurucho, esperando que todo se solucionase o aunque sea concluya, sin saber en verdad que carajo esperaba realmente.
Me quedé ahí parado, como un boludo. Si saber que hacer o que decir. Miré el agua putrefacta. No quería estar ahí, solo; Pero ahí estaba, sólo.
Caminé por Libertador con la esperanza de que volviese corriendo hacia mí, pero solo me topé con skaters y nuevos ricos en Mini Cooper.
Me perdí por unas callecitas de adoquines, caminé por la mitad de ellas, con la intención de dejar a un lado la tristeza y apreciar la belleza de aquel barrio que es mejor que el mío. No pude. Pero no lloré. Me consentí con un alto cucurucho de Vía Flaminia.
Lo llamé a Alex, necesitaba hablar con alguien. Estaba trabajando, ocupado.
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sábado, 10 de julio de 2010
The Art(e) of Romance
Me das asco vos y tu falso interés
Y tus caras de goma espuma
Fingiendo sorpresa
Ante cada palabra y acto
Y anécdota
No te culpo
Solo te alerto
Que no voy a seguir siendo un pelotudo
Por mucho tiempo más
Me transformé en vos
Por media hora
Y soy yo ahora el que ficcionaliza interés
Pero es solo para llevarte a la cama
Y no volver a verte
Ni hablarte
Ni siquiera pensar
En vos
Nunca mas
Y tus caras de goma espuma
Fingiendo sorpresa
Ante cada palabra y acto
Y anécdota
No te culpo
Solo te alerto
Que no voy a seguir siendo un pelotudo
Por mucho tiempo más
Me transformé en vos
Por media hora
Y soy yo ahora el que ficcionaliza interés
Pero es solo para llevarte a la cama
Y no volver a verte
Ni hablarte
Ni siquiera pensar
En vos
Nunca mas
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viernes, 9 de julio de 2010
Feliz año nuevo
Cinthia: Era año nuevo, un nuevo comienzo. Mi familia comía pero yo me encontraba aislada, en mi cabeza. Iván ocupaba todo el espacio de mi mente, incluso más de lo que podía llegar a abarcar. Me generaba una sensación de claustrofobia, culpa, soledad.
Lo extrañaba ¿O extrañaba la idea de Iván?
Mi primita correteaba por toda la casa y comenzó a llorar porque se golpeó la frente contra la punta de la mesita ratona. Hielo le pusieron. Lloraba y se abrazó a mí. Me la cargué a upa y comenzó a chorrearse el hielo sobre su vestidito blanco. Mi mamá me pasó una servilleta para secarla. Al rato dejó de quejarse y comenzó a chupar el hielo. El agua fría se le chorreaba por la pera. Un gran chichón adornaba su frente.
Fuimos a la mesa a comer. Todos hablaban y gritaban. Los platos y fuentes, llenas de comidas giraban de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.
No di un solo bocado. No presté atención a los gritos y risas y charlas de mis tíos y primos y abuelos y de toda mi gran familia. Me quedé enclaustrada en mi cabeza, pensando en el cuerpo descompuesto de Iván. Me pregunté si a esa altura seguiría habiendo carne sobre sus huesos. No pude dar un bocado.
Me imaginé a su papá, como se sentiría en este primer año nuevo sin Iván. Me pregunté como estarían el resto a quienes no volví a ver, el Alex.
Ya era la hora, brindamos y fuimos todos a la terraza. Alcé a mi primita en brazos porque no alcanzaba a ver.
No me llegó ningún mensaje de texto. Me angustió saber que nadie pensaba en mí.
Los fuegos artificiales incendiaban la noche pero la luna brillaba más fuerte que todos.
Lo extrañaba ¿O extrañaba la idea de Iván?
Mi primita correteaba por toda la casa y comenzó a llorar porque se golpeó la frente contra la punta de la mesita ratona. Hielo le pusieron. Lloraba y se abrazó a mí. Me la cargué a upa y comenzó a chorrearse el hielo sobre su vestidito blanco. Mi mamá me pasó una servilleta para secarla. Al rato dejó de quejarse y comenzó a chupar el hielo. El agua fría se le chorreaba por la pera. Un gran chichón adornaba su frente.
Fuimos a la mesa a comer. Todos hablaban y gritaban. Los platos y fuentes, llenas de comidas giraban de izquierda a derecha y de derecha a izquierda.
No di un solo bocado. No presté atención a los gritos y risas y charlas de mis tíos y primos y abuelos y de toda mi gran familia. Me quedé enclaustrada en mi cabeza, pensando en el cuerpo descompuesto de Iván. Me pregunté si a esa altura seguiría habiendo carne sobre sus huesos. No pude dar un bocado.
Me imaginé a su papá, como se sentiría en este primer año nuevo sin Iván. Me pregunté como estarían el resto a quienes no volví a ver, el Alex.
Ya era la hora, brindamos y fuimos todos a la terraza. Alcé a mi primita en brazos porque no alcanzaba a ver.
No me llegó ningún mensaje de texto. Me angustió saber que nadie pensaba en mí.
Los fuegos artificiales incendiaban la noche pero la luna brillaba más fuerte que todos.
jueves, 8 de julio de 2010
BRET EASTON ELLIS
Luca: Toqué el timbre de nuevo a los diez minutos, me estaba congelando y el hijo de puta no bajaba más. Me comencé a soplar las manos para calentarlas y a pegar saltitos para entrar en calor.
Al rato abrió la puerta. No lo veía hacía bastante. Me impresionó. Estaba demacrado. Su pelo lacio y sano era ahora una maraña de rulos inflados y caóticos. Sus ojos verdes eran opacados por unas gruesas ojeras que lo contorneaban como un antifaz.
Seguía siendo tan alto como siempre y mantenía su sonrisa con muletas.
Iván estaba destruido. Su separación con Cinthia lo había devastado. Iván se estaba matando y todos hicimos ojos ciegos a eso. No pensamos en lo irreversible de su situación, solo nos dedicamos a verlo cavar su fosa y ver su degradación. Nos dedicamos a compartir cada tanto un porro con él, alentando así su deterioro.
-Dale boludo ¿Cúanto tardás en bajar a abrir? Hace un frío de cagarse.
-Perdón, estaba ordenando.
Pasé y dejé la campera en el perchero, su perro comenzó a ladrar y a olerme.
Entré a su habitación y era un desorden total, no había ordenado nada.
Había un taper abierto con comida, lo agarró y se puso a comer. Estiró la mano ofreciéndome y alzó las cejas.
-¿Qué es?- pregunté.
-Ensalada de papa, huevo, pollo, mayonesa y zanahoria.
- Ensalada Rusa, pelotudo- le dije.
-No tarado, la rusa lleva arvejas.
Recorrí su habitación mientras el masticaba despacio la ensalada rusa sin arvejas.
No había nada en orden, sobre su escritorio había pilas de cables y ropa, libros desperdigados por el suelo y el tacho d basura revalzaba. Las paredes estaban blancas, iluminaban casi. Desentonaban con el resto del cuarto.
Tirado sobre su cama, había una versión de Las reglas de la atracción de Bret Easton Ellis.
Lo tomé. Estaba bastante gastado, era usado, se notaba. Pasé el dedo rápido por todas sus hojas. Logré visualizar varias subrayadas.
-¿Qué haces leyendo a este puto?- pegunté.
-¿Cómo a “este puto”?- repreguntó.
-Sí, a Easton Ellis.
-No es puto.- afirmó ofendido y me sacó el libro de las manos.
-Sí.
-No.- dijo y soltó el libro sobre la cama.
-Que sí, es puto.
-¿Cómo sabes?- me preguntó.
-Yo sé, yo sé.- le afirmé.
-¿No serás medio puto Luca?
Me hirió esa pregunta, no pensé que la volvería a escuchar.
-No.- respondí. Lo sé porque lo leí en una entrevista ¿Tenés mi porro?
-Es mí porro y te lo estoy vendiendo, no es tu porro.- dijo, medio enojado no se porqué.
-Si me lo vendés pasa a ser mío.
Me dio la bolsa, le di la plata, no la contó.
Me fui.
No volví a verlo.
Con vida.
Al rato abrió la puerta. No lo veía hacía bastante. Me impresionó. Estaba demacrado. Su pelo lacio y sano era ahora una maraña de rulos inflados y caóticos. Sus ojos verdes eran opacados por unas gruesas ojeras que lo contorneaban como un antifaz.
Seguía siendo tan alto como siempre y mantenía su sonrisa con muletas.
Iván estaba destruido. Su separación con Cinthia lo había devastado. Iván se estaba matando y todos hicimos ojos ciegos a eso. No pensamos en lo irreversible de su situación, solo nos dedicamos a verlo cavar su fosa y ver su degradación. Nos dedicamos a compartir cada tanto un porro con él, alentando así su deterioro.
-Dale boludo ¿Cúanto tardás en bajar a abrir? Hace un frío de cagarse.
-Perdón, estaba ordenando.
Pasé y dejé la campera en el perchero, su perro comenzó a ladrar y a olerme.
Entré a su habitación y era un desorden total, no había ordenado nada.
Había un taper abierto con comida, lo agarró y se puso a comer. Estiró la mano ofreciéndome y alzó las cejas.
-¿Qué es?- pregunté.
-Ensalada de papa, huevo, pollo, mayonesa y zanahoria.
- Ensalada Rusa, pelotudo- le dije.
-No tarado, la rusa lleva arvejas.
Recorrí su habitación mientras el masticaba despacio la ensalada rusa sin arvejas.
No había nada en orden, sobre su escritorio había pilas de cables y ropa, libros desperdigados por el suelo y el tacho d basura revalzaba. Las paredes estaban blancas, iluminaban casi. Desentonaban con el resto del cuarto.
Tirado sobre su cama, había una versión de Las reglas de la atracción de Bret Easton Ellis.
Lo tomé. Estaba bastante gastado, era usado, se notaba. Pasé el dedo rápido por todas sus hojas. Logré visualizar varias subrayadas.
-¿Qué haces leyendo a este puto?- pegunté.
-¿Cómo a “este puto”?- repreguntó.
-Sí, a Easton Ellis.
-No es puto.- afirmó ofendido y me sacó el libro de las manos.
-Sí.
-No.- dijo y soltó el libro sobre la cama.
-Que sí, es puto.
-¿Cómo sabes?- me preguntó.
-Yo sé, yo sé.- le afirmé.
-¿No serás medio puto Luca?
Me hirió esa pregunta, no pensé que la volvería a escuchar.
-No.- respondí. Lo sé porque lo leí en una entrevista ¿Tenés mi porro?
-Es mí porro y te lo estoy vendiendo, no es tu porro.- dijo, medio enojado no se porqué.
-Si me lo vendés pasa a ser mío.
Me dio la bolsa, le di la plata, no la contó.
Me fui.
No volví a verlo.
Con vida.
Respuestas de rechazo
Hola Ariel,
por el momento no estamos recibiendo nuevos títulos.
gracias y disculpá.
------------------------------------------------
Hola Ariel, en este momento por problemas de traducción no estamos aceptando txts.
Desde ya muchas gracias por el interés en nuestro proyecto.
--------------------------------------------------
Gracias Ariel pero el estilo de la novela no es lo que estamos buscando por el momento.
Gracias.
------------------------------------------------
Dear Ariel Pukacz:
We appreciate the opportunity to read your work, but unfortunately this submission was not a right fit for PANK.
Please wait at least seven days before submitting more work for our consideration.
Thank you for thinking of us.
Sincerely,
The Editors of PANK
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lunes, 5 de julio de 2010
EL PRÓXIMO GRAN ENEMIGO DEL MUNDO
Iván: Filas interminables de pequeños féretros de vidrio que se reproducían infinitamente en las paredes espejadas.
En una de ellas, estaba mi hermanita. Incubándose hasta no se cuando. Algunas semanas o meses talvez.
Sofía.
Ya la quería y no la había visto.
Miré através del grueso vidrio todos esos bebés recién nacidos y tuve sentimientos encontrados.
Alegría por tener una hermanita, pensar en ser hermano mayor. La alegre sensación de que la gente sigue creyendo pese a las situaciones de mierda y adversidades, en la vida. Pese a lo que cuesta vivir la gente sigue trayendo vida al mundo.
Ver esos bebés, sin ser corrompidos todavía. Sin preocupaciones, sin dolor, sin angustia sin ser concientes de lo que es la maldad o la muerte. Sin saber nada en absoluto. Vírgenes.
Por otro lado pensé en lo egoísta que es el acto de concebir. Desde la propia voluntad de tener un hijo al que cuidar y criar y ver crecer, dos personas engendran uno sin saber si ese chico desea nacer, existir y sufrir.
Miré un buen rato las incubadoras, intentando adivinar en cual estaría mi nueva hermanita.
Vi a esos niños durmiendo y llorando por haber nacido, por tener su tranquilidad perturbada por el aire contaminado, la luz, asustados de su propia existencia y pensé: Un bebé que acaba de nacer puede ser el próximo gran enemigo del mundo.
Hitler, Stalin, Videla, fueron bebés. Tiernos bebés, mimados, cuidados, fotografiados, sonrientes. Sin maldad. Hasta que fueron concientes del poder de la idea, de la palabra.
Estaba cansado, ya ni sabía en lo que pensaba.
Mi papá me invitó a desayunar algo mientras su mujer descansaba en la habitación de la clínica.
Fuimos al bar del último piso del hospital. Tenía el techo de vidrio y dejaba ver unas negras nubes que se avecinaban con violencia. Las paredes, cubiertas de un empapelado Bordeaux berreta y una guarda dorada con dibujos aleatorios. La iluminación era cálida. Un lugar ambientado como los hoteles, casinos o aeropuertos. Para hacer sentir a uno como en casa o en viaje constante, en un lugar donde el tiempo no existe. Ambientado entre el mal gusto y la delicadeza. Con falsa finura.
Un jugo de pomelo y un tostado. Mi papá café.
Abrió La Nación, lo desplegó y abarcó todo el ancho de la mesa. Lo tapó por completo, ni sus canas podía ver, solo sus dedos sujetando los bordes del papel.
Tengo la teoría de que mi papá lee el diario para enterarse de las cosas malas que en ese día no le pasaron a él y conformarse y quedarse tranquilo de que podría estar peor.
No nos dijimos una palabra.
En una de ellas, estaba mi hermanita. Incubándose hasta no se cuando. Algunas semanas o meses talvez.
Sofía.
Ya la quería y no la había visto.
Miré através del grueso vidrio todos esos bebés recién nacidos y tuve sentimientos encontrados.
Alegría por tener una hermanita, pensar en ser hermano mayor. La alegre sensación de que la gente sigue creyendo pese a las situaciones de mierda y adversidades, en la vida. Pese a lo que cuesta vivir la gente sigue trayendo vida al mundo.
Ver esos bebés, sin ser corrompidos todavía. Sin preocupaciones, sin dolor, sin angustia sin ser concientes de lo que es la maldad o la muerte. Sin saber nada en absoluto. Vírgenes.
Por otro lado pensé en lo egoísta que es el acto de concebir. Desde la propia voluntad de tener un hijo al que cuidar y criar y ver crecer, dos personas engendran uno sin saber si ese chico desea nacer, existir y sufrir.
Miré un buen rato las incubadoras, intentando adivinar en cual estaría mi nueva hermanita.
Vi a esos niños durmiendo y llorando por haber nacido, por tener su tranquilidad perturbada por el aire contaminado, la luz, asustados de su propia existencia y pensé: Un bebé que acaba de nacer puede ser el próximo gran enemigo del mundo.
Hitler, Stalin, Videla, fueron bebés. Tiernos bebés, mimados, cuidados, fotografiados, sonrientes. Sin maldad. Hasta que fueron concientes del poder de la idea, de la palabra.
Estaba cansado, ya ni sabía en lo que pensaba.
Mi papá me invitó a desayunar algo mientras su mujer descansaba en la habitación de la clínica.
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Un jugo de pomelo y un tostado. Mi papá café.
Abrió La Nación, lo desplegó y abarcó todo el ancho de la mesa. Lo tapó por completo, ni sus canas podía ver, solo sus dedos sujetando los bordes del papel.
Tengo la teoría de que mi papá lee el diario para enterarse de las cosas malas que en ese día no le pasaron a él y conformarse y quedarse tranquilo de que podría estar peor.
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sábado, 3 de julio de 2010
Noche en Kika
Aclaración: Este texto lo reposteo porque en su momnto cuando lo escribí, fue un texto autónomo. Hoy en día tiene mucha más lógica para mí y conformará un capitulo de mi novela como los úlimos textos que postée. Un saludo. a.-)
Luca: Suena Lords of the new church pero yo prefiero a los dead boys, sigo sorbiendo del vaso con la ilusión de exprimir un poco más de gin o de agua tónica de los hielos sin un buen resultado. Una chica se me acerca y me dice que me conoce de una fiesta en la casa de no se quien. Le digo que puede ser pero no me acuerdo de ella.
El Dj que se parece a Marc Bolan pone I´am a Cliche de X Rays Spex pero es demasiado pesada y la cancela con No Feelings de los Sex Pistols pero yo prefiero escuchar Public Image Limited.
Sigo esperando que aparezca alguna banda en escena pero todavía están los plomos organizando cables y amplificadores.
Una chica me mira pero se interpone una muchedumbre en el medio y la pierdo de vista, intento ubicar a mis amigos pero están cerca de la cabina del dj charlando con él y no me interesa.
Me percato de que la bola de espejos no tiene forma de bola sino de camello y que no gira, estática refleja las luces que le apuntan los cañones y los lasers del boliche.
Se me acerca de nuevo la chica que conocí en una fiesta de la que no me acuerdo y me pregunta si quiero ir a la casa. Me quedo pensando un poco y me dice que tiene cocaína. Sigo sin responder y me dice que es alita de mosca. No le creo pero llamo a mis amigos y vamos.
Vive en un departamento sobre Libertador y nos cuenta que sus papás están en Miami porque quieren comprar unas propiedades porque están muy baratas por la crisis. Yo no respondo nada, me dedico a tomar. Le vaciamos la bolsa y me dispongo a irme.
Se me tira y le digo que no, gracias, que soy gay. No queda satisfecha con la respuesta.
Nos quedamos un rato más, todos en silencio, incómodo. Ella comienza a hablar y a presumir. Yo estoy duro y mis amigos también. No la escucho me pongo a pensar en todos los problemas que tuve durante el año. Miedo a no terminar la carrera, a no aprobar ética y deontología, al fracaso, a no conseguir trabajo, a la muerte, a que me roben, a que me traicionen, a esperar colectivos, a que me humillen, a morir.
Ya está, el año ya pasó.
Me tomo un taxi y me fijo recién adentro si tengo plata suficiente. La tengo. Va muy rápido y me comienzo a sentir mal, con la presión baja pero resisto. Escucha muy fuerte una banda de cumbia peruana que en otra situación hubiese disfrutado. Falta un buen rato para llegar a casa. Mierda, necesito dormir.
Luca: Suena Lords of the new church pero yo prefiero a los dead boys, sigo sorbiendo del vaso con la ilusión de exprimir un poco más de gin o de agua tónica de los hielos sin un buen resultado. Una chica se me acerca y me dice que me conoce de una fiesta en la casa de no se quien. Le digo que puede ser pero no me acuerdo de ella.
El Dj que se parece a Marc Bolan pone I´am a Cliche de X Rays Spex pero es demasiado pesada y la cancela con No Feelings de los Sex Pistols pero yo prefiero escuchar Public Image Limited.
Sigo esperando que aparezca alguna banda en escena pero todavía están los plomos organizando cables y amplificadores.
Una chica me mira pero se interpone una muchedumbre en el medio y la pierdo de vista, intento ubicar a mis amigos pero están cerca de la cabina del dj charlando con él y no me interesa.
Me percato de que la bola de espejos no tiene forma de bola sino de camello y que no gira, estática refleja las luces que le apuntan los cañones y los lasers del boliche.
Se me acerca de nuevo la chica que conocí en una fiesta de la que no me acuerdo y me pregunta si quiero ir a la casa. Me quedo pensando un poco y me dice que tiene cocaína. Sigo sin responder y me dice que es alita de mosca. No le creo pero llamo a mis amigos y vamos.
Vive en un departamento sobre Libertador y nos cuenta que sus papás están en Miami porque quieren comprar unas propiedades porque están muy baratas por la crisis. Yo no respondo nada, me dedico a tomar. Le vaciamos la bolsa y me dispongo a irme.
Se me tira y le digo que no, gracias, que soy gay. No queda satisfecha con la respuesta.
Nos quedamos un rato más, todos en silencio, incómodo. Ella comienza a hablar y a presumir. Yo estoy duro y mis amigos también. No la escucho me pongo a pensar en todos los problemas que tuve durante el año. Miedo a no terminar la carrera, a no aprobar ética y deontología, al fracaso, a no conseguir trabajo, a la muerte, a que me roben, a que me traicionen, a esperar colectivos, a que me humillen, a morir.
Ya está, el año ya pasó.
Me tomo un taxi y me fijo recién adentro si tengo plata suficiente. La tengo. Va muy rápido y me comienzo a sentir mal, con la presión baja pero resisto. Escucha muy fuerte una banda de cumbia peruana que en otra situación hubiese disfrutado. Falta un buen rato para llegar a casa. Mierda, necesito dormir.
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