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domingo, 2 de enero de 2011

parentesis a Epecuén()

Este texto hace referencia a un cortometraje. Aqui, un año y medio después de su rodaje, lo comparto.
Fue dirigido y guinado por Jorge Rodriguez Mazzini.

todo sobre nosotros from Jorge Rodríguez Mazzini on Vimeo.

martes, 21 de septiembre de 2010

NOTA DE RECHAZO

Hola, Ariel,

Perdón la tardanza, pero es tanto el material que llega que no damos abasto por momentos.
Por lo que leí de los que nos enviaste, no es el tipo de literatura que estamos buscando en este momento. Te sugiero eliminar el comienzo (si es que ese par de páginas forman parte de la novela): son innecesarias. Lo que leí está muy bien: bien escrito, ágil, interesante. Pero, como te decía, no es lo que estamos buscando: preferimos literatura que tenga otro tipo de trabajo sobre la lengua; textos menos trabajadas sobre la primera persona y los diálogos y que tengan otro tipo de búsqueda. Pero eso no quiere decir que no sea bueno lo que vos escribiste.

Te deseo suerte con la novela. Hay muchas editoriales, así que es cuestión de dar con la indicada.

Un abrazo.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Para Sofía

Mi sobrina cumple un año. Ese mismo día yo leía en un ciclo y escribí este texto sobre lo que pasó aquel día y lo terminé usando para mi novela.


Hacía más de cuarenta horas que no dormía. Todavía me repetía el shawarma. Llegar a Constitución había sido una travesía y ni siquiera habían empezado.
No esperaba nada de aquella noche.
Lo primero que recuerdo es haber estado en ese departamentito perdido en algún edificio aleatorio del barrio y tener frente a mí a un brasilero con un porro en la boca intentando hacer foco con una súper ocho. Yo nunca había actuado en mi vida.
Hijo de puta- pensé. Su única preocupación es hacer foco con esa cámara de mierda, no le importa estar envejeciendo a cada instante. Hacer foco en este momento es lo más importante de su vida, qué hijo de puta.
Su negligencia respecto de su propia existencia me hizo sentir solo o tal vez soy demasiado trágico.

Estaba tirado, sucio de cáscara de maní, con ojeras y sueño, rodeado de gente alterada por la posición de las luces, por el fotómetro que no andaba, porque estaba por amanecer y faltaban cinco tomas, eran siete. Mierda, que noche tonta.
Yo observaba en silencio sin comprender las cosas que me hacían hacer frente a cámara una y otra vez.
Recibí un mensaje de mi novia. Estaba borracha, me hizo sentir más minúsculo y solo en aquel barrio. Parecía Varsovia durante la guerra, lejano y ajeno.
Terminamos con frío y de mal humor a las nueve y media de la mañana, el sol estaba alto y solo, sin nubes que le sacasen protagonismo.
Caminar por el centro un domingo es patético, nada excepto edificios cerrados, algún linyera y bolsas de consorcio llenas, ilustran las calles.
Corrí el colectivo una cuadra, no me esperó y se me escapó un insulto: Vas a ser colectivero toda tu vida hijo de puta.
No me quedó otra que seguir esperando.
Al entrar a mi casa, todos estaban despiertos, yo zombie. Me había llegado una carta, de una editorial, dos cuentos en una antología, no esperaba ganar ese concurso, el día estaba soleado y comenzaba bien.
Fue entonces cuando tuvimos que salir corriendo.
No pude dormir nada porque ya estaba en camino. Esquivando autos mi papá dentro del suyo dijo algo que me angustió: El nacimiento es el primer trauma de la vida, uno nace llorando. Se topa con todo y abandona la tranquilidad y seguridad del útero.

Mierda, uno aparece aterrorizado, muerto de miedo. Nacer llorando demuestra cuán triste y terrible es el acto de vivir, cuán inservible es, cuán ridículo y sinsentido.

Dios todopoderoso, cuídala de la tristeza y males que sobran en el mundo porque si no, te juro que me voy a ver obligado a matarte.

Sofía este Relato es para vos.
Te quiere.
Tu hermano Ramiro.
20/9/2007

lunes, 13 de septiembre de 2010

Un mundo lleno de aire pero sin oxígeno

Cinthia: Abro la heladera descalza y mi mamá me dice que me voy a electrocutar. Me sueno los dedos de los pies torciéndolos y cruzándolos como puedo entre ellos, crujen como la cáscara de una nuez partiéndose.

Le digo a mi mamá que no puede presagiarle algo tan horrible a su hija y busco en la heladera algo rico para comer pero no hay nada y me acuerdo que mi mamá está a dieta y que mi papá prometió lo mismo y que entonces obligadamente yo también estoy metida en el asunto. Cierro la heladera decepcionada y la puerta truena al cerrarse y mi mamá me pregunta si también soy así de delicada con mi novio. No respondo y me siento sobre la mesada de mármol que está demasiado fría. Me bajo los shorts lo más que puedo para que no se me duerman los muslos pero es inútil y entonces me bajo.

Mi mamá me pregunta si estoy inquieta y no le respondo. Abro la alacena en busca de algo rico pero no hay nada y rescato del fondo una barrita de cereal light. La abro y pruebo y es horrible y la tiro en el tachito de la mesada. Me dice que hay gente que no tiene lo qué comer y que yo derrocho la comida como si nada. Le respondo que si la gente que no tiene lo que comer tuviese plata para hacerlo no la gastaría en esas barritas de mierda.

Me dice que me ponga medias, que me voy a resfriar y hago como si no la escuchara y subo la escalera hacia mi habitación. Siento que mis pasos suenan con retardo como si pisara y recién sonara el paso anterior. Debo estar loca.

Hace calor y el solcito entra por mi ventana y hace que mi cama luzca más cómoda de lo que en verdad es, me tiro sobre ella. La sábana esta calentita y la disfruto. Me pongo a pensar en Ramiro y me cuesta recordar su cara aunque lo vi la noche anterior. No sé todavía si estoy enamorada de él pero me gusta lo suficiente como para ser su novia.

Recuerdo la primera vez que me quedé a dormir en lo de un chico y el diálogo que tuve con mi mamá: Me da miedo que te quedes a dormir en lo de un desconocido- dijo ella.
-Un desconocido para vos- le respondí.
-Mirá si te hace algo- me argumentó
-¿Algo como cogerme? - le pregunté. -Sí, seguro que sí, le respondí después.

Me dijo que era una maleducada y llamó a mi papá y me fui rápido de la casa y me llamaron durante toda la noche al celular que había apagado. Al día siguiente al volver a mi casa me acusaron de puta y me prohibieron salir y no se los respeté.
Ahora ya soy más grande y la relación es difícil, sigo haciendo lo que yo quiero pero no los hago estallar en mil pedazos. Ahora no les respondo pero tampoco los escucho.

Miro el mapamundi inflable que cuelga torcido de mi techo y me paro en la cama y lo hago girar y lo freno y selecciono un país aleatoriamente con mi dedo índice. Mi dedo marca Argentina y me deprimo y siento que voy a estar empantanada en este país por siempre. Me bajo de la cama y decido cortarme el pelo, lo tengo por los hombros y creo que me va a quedar mejor unos cuatro o cinco centímetros más corto. Estoy por ir a preguntarle a mi mamá qué opina pero lo analizo bien y no me importa su opinión. Pienso en llamar a Ramiro para preguntarle pero prefiero que sea una sorpresa.

jueves, 26 de agosto de 2010

Early Grey

Lupe se sacó su campera gris y la colgó en el perchero. Marcial le gritó desde la otra punta de la casa que se sacara las zapatillas porque le iba a embarrar toda la casa y su papá lo iba a cagar a patadas en el orto y justo que su papá le hiciera eso, no le gustaba.
Le hizo caso.

Él se apareció en calzoncillos. Lupe le dijo que se vistiera y él le hizo caso. Ella se sentó a ver televisión pero ningún canal la conformaba así que dejó uno de videos musicales en el que pasaban una canción que le gustaba de chica.

Se puso a mirar las fotos de la familia. Marcial, su mamá, su hermano y su papá.
Se preguntó en qué momento Marcial se dio cuenta de que era homosexual. Ella sabía que en parte lo suyo era una pose para llevar adelante su estilo de vida. Un personaje con el que se hacía cargo exageradamente. Le resultaba más fácil parodiarse a si mismo, burlarse de si mismo que sentarse a recibir bromas e insultos ajenos. Si te burlas a vos mismo dejás a los otros desarmados. Lupe sabía que en el fondo Marcial sufría.

Siempre le pareció una broma de mal gusto el nombre que le pusieron sus padres, especialmente por su apellido: Marcial Defacto.

Marcial se apareció vestido y ella dejó de pensar. Sonrieron.
Marcial estaba vestido como para salir. Se acercó a su amiga , la besó en la mejilla y la abrazó.
Puso música, un viejo disco de Ennio Morricone con todos sus hits. Ambos tarareaban mientras charlaban.

-Vení, vamos a la cocina.- dijo Marcial. Lupe lo siguió.
-¿Qué querés tomar bonita?
-Un té.
-¿Cuál?
-Un Early Grey.
-¿Early Gray? Bruta. Earl Grey se llama.
-Mentira.
-Si.- se ofendió Marcial.

-No sabía, toda mi vida le dije Early Grey. Tiene más sentido para mi: “Gris prematuro” o algo así.
-No, se llama Earl Grey porque lo descubrió un soldado de apellido Grey o algo así.
-Es mi té preferido.- dijo ella sin escucharlo.
-El mío también.
-Lo tomé una vez en lo de Ramiro y no pude parar, antes sólo tomaba té con leche.- dijo ella.

-Pobre Ramiro.
-Lo extraño a veces.
-Yo también, que flojos estuvimos. Era tan lindo.
-Early Grey, que pelotuda.- dijo Lupe.
Los dos rieron. Hacía mucho que no reían. Desde antes de que Ramiro muriese.

sábado, 24 de julio de 2010

El billete de dos pesos

Alex: Paré en un quiosco a comprarle cigarrillos a Ramiro antes de llegar a su casa, me había pedido por mensaje de texto.
Aproveché y me compré un alfajor nuevo que había salido, compro todas las golosinas nuevas. Siento que si no las pruebo talvez me esté perdiendo de algo muy increíble.
Cuando el quiosquero me dio el vuelto me quedé mirando los billetes, no conté si me había dado bien o mal el vuelto. Me quedé hipnotizado mirando el billete de dos pesos de arriba de todo. Tenía una inscripción en azul, torcida y lavada. El billete era casi inútil, tan gastado que era suave, negro de haber pasado por tantas manos. Me quedé mirando el billete porque me pregunté si ese billete ya había pasado antes por mis manos. No recordaba el número de serie pero por alguna razón recordaba el billete.
Salí del lugar y volví a entrar antes de que la puerta de vidrio llena de calcomanías de marcas se cerrase porque dejé lo que había comprado en el mostrador.


Ramiro me abrazó, nunca nos habíamos abrazado. Creo. Pasé directo a su habitación, su perro me acompañó todo el trayecto saltando y ladrándome para que lo saludase. No lo hice.
Entramos a su habitación, era un chiquero. Estaba tomando Pepsi del pico de una botella de litro y medio de vidrio.
El perro se coló con nosotros y se puso frenéticamente a oler todo.
Su tacho de basura estaba en la mitad de la habitación, era de metal y estaba abollado. Rebalzaba de basura: latas de gaseosa, papeles y preservativos. Nunca ponía bolsita para la basura. La empleada tenía que juntar con las manos los forros llenos de semen.
Me desplomé en su cama y salió una nube de polvo como había pasado hacía tan solo unos días en el telo cuando Cinthia golpeó la frazada.
Nos pusimos a hacer música con uno de sus sintetizadores y bases de batería con un programa que tenia en su computadora.
Hicimos una improvisación desarticulada durante un buen rato hasta que nos cansamos del ruido y nos sinceramos con nosotros mismos, estábamos haciendo mierda. Por ser dos y con aparatos no éramos tan buenos como Suicide. No éramos tan buenos como nadie, no éramos buenos. No éramos nada.

Le pedí prestado un controlador midi para hacer la música de un cortometraje que estaba editando para la facultad. Nunca más se lo devolví, no llegué a dárselo. Más de una vez pensé en devolvérselo a su padre pero para el sería solamente un objeto y para mi tenía un gran valor, sentimental y también útil. Una de las octavas no andaba del todo, nunca la mandé a arreglar, quise conservarlo exactamente como me lo había dado mi amigo. Alterarlo sería pisotear su memoria de algún modo.

Después de tocar se puso a tomar de la botella de Pepsi que tapó mal y me la pasó sin preguntarme si quería pero acepté y le di un sorbo.
-Antes que el perro.- dijo Ramiro. No entendía de que hablaba.
-Dale, agarrala antes que el perro- repitió y me quedé mirándolo sin comprender.
¿Me haces el favor de agarrar la tapa antes de que el perro se la coma Alex?
La levanté y la ajuste a la botella de Pepsi de dos litros. No la limpié.
Ramiro me contó que estaba participando de varios concursos literarios con sus cuentos y que todavía no había tenido respuesta positiva de ninguno. Estaba un poco decepcionado. Le dije que no se desesperara, que creyera en sus textos. Pero era yo el que no creía en lo que le estaba diciendo.

domingo, 18 de julio de 2010

HELP

Terminé mi segunda novela, titulada Early Grey.
Estoy comenzando la tercera, llamada Flâneur.

Busco editor.