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jueves, 20 de mayo de 2010

Cocaína en la UBA

Abro con cuidado el celular para que la profesora no me mire mal y leo un mensaje que dice que soy un tarado por no haber sacado a pasear al perro pero salí apurado y me olvidé. No soy tarado. La pantalla me ilumina la cara y todo a mí alrededor.
La profesora sigue mostrando proyecciones y miro los rostros de mis compañeros en vez de la pantalla de tela plástica para ver si hay alguien que valga la pena, no lo hay.
Comienzo a responderle el mensaje a mi hermana pero me arrepiento y cierro el celular, en su lugar miro la hora. Faltan cuarenta minutos de clase y ya estoy claustrofóbico, aunque sea que prendan las luces por dios.
La profesora habla y señala las imágenes que están levemente fuera de foco y no puedo prestar atención porque me mareo, ya perdí el hilo de la clase hace como media hora y salgo un rato a tomar aire. Pido permiso e interrumpo la atención de todos mis compañeros porque estoy lejos de la puerta y salgo en puntitas de pie como si eso fuese a remendar el fastidio que generé. Salgo con la carpeta por si no vuelvo a la clase.
Lo pienso bien y no estoy saliendo a tomar aire sino cocaína pero primero paseo un poco por el pasillo y me arremango la camisa, por el calor y espero que no se me arrugue.
Un tubo de luz titila y genera un ambiente tétrico asíque me meto de una en el baño de hombres y me miro al espejo y mis ojeras son muy llamativas y resaltan mucho. Me pregunto si estaré enfermo o algo o si simplemente soy así. Me lavo las manos porque soy un fóbico y me encierro en uno de los cubículos donde hay inodoros y me siento sobre la tapa y saco una bolsita del bolsillo que esta prolijamente cerrada y tardo en desatarla y me acomodo el pelo que se me mete en los ojos.
Logro armar una línea finita en la carpeta y la jalo con violencia y el sonido que emite mi nariz me resulta desagradable y me doy cuenta de lo antinatural que es meterse cosas por la nariz pero no me importa y armo otra y la vuelvo a tomar con más fuerza.
Recuerdo la primera vez que vi tomar cocaína a alguien en mi vida. Luego de un recital fallido de la banda de una amiga, fuimos esquivando botellazos a la casa de un amigo en común que llevó en auto los equipos. Fuimos con calma, lento porque le había sacado el auto al padre y no tenía la edad para manejar.
Una vez en la casa de aquel chico estaba una conocida, hija del dueño de un canal de televisión que pasaban videos musicales que ya no existe. Pidió un plato y como una cocinera se puso a armar las líneas y a tomarlas de a una, con calma, despacio, como había manejado el chico el auto de su padre hasta su casa. Su nariz quedó embarrada, me dio impresión. Nunca supuse que tiempo después iba a hacer lo mismo en un baño de la facultad.
Los padres de mi amigo, Alan, estaban en Miami de segunda luna de miel o algo así.
De fondo sonaba Alice in Chains y yo estaba muy borracho y angustiado por una chica y me quebré en llanto y vomité y me quedé dormido en el baño y a la mañana siguiente cuando desperté, no se como pero estaba mi papá tocando el timbre y gritando que baje. Lo hice y me llevó en auto a casa y me insultó mucho. No se de donde sacó la dirección de mi amigo pero no me dio lugar a preguntárselo. Esa noche era mi fiesta de egresados del secundario y no pude tomar de lo asqueado que estaba de la noche anterior, me deprimí y me quedé en un rincón esperando que las horas pasasen.
Dejo de pensar en aquel primer acercamiento a la cocaína y miro los dibujos y frases que hay escritas en la puerta del baño.
“El Indie mató al rock”
“Punk is dead” y al lado dice “¿Por qué en inglés botón?”y al lado de eso el logo de Crass.
Una svástica mal dibujada, varios números de teléfono con frases del tipo “Me dejo coger, por favor llamame” y esa clase de bromas tontas.
Anoto un par de números por las dudas.
En la mitad de la puerta hay un dibujo hecho con marcador indeleble grueso.
Dice, Marque con una cruz:
Hetero: x x xxxx xxx x x x x x

Bi: x x xx x(pero nadie sabe) xxxx x

gay: x x xx xx xxx

Hago una cruz rápido en la hilera del medio, con miedo de que haya cámaras filmando o algo así y que todos se enteren.
Me tapo uno de los orificios de la nariz y jalo, luego hago lo mismo con el otro. Intento salir de ahí pero la puerta esta trabada y le pongo una patada con todas mis fuerzas y la bisagra de arriba se rompe y la puerta queda colgando. Me miro en el espejo y me limpio el barro.
No vuelvo a clase.

lunes, 12 de abril de 2010

No existe el príncipe azul pero si el macho violento

Así comienza mi segunda novela. El titulo no va a ser ese o dudo que sea ese.



Las pertenencias de una persona son meras mierdas que compra para intentar llenarse en el transcurso de su vida. Nada es realmente necesario ¿Libros? Están gratis en las bibliotecas ¿Reloj? ¿Quién quiere ser por propia voluntad esclavo del tiempo? ¿Televisor? Mejor no exponerse a los rayos mortales.

Las pertenencias son cosas inservibles que las personas amontonan a lo largo de muchos años. Cobran valor cuando esa persona muere, se tornan tesoros invaluables, en representaciones materiales de lo que esa persona fue; en fragmentos inertes de su historia. En un mapa de su vida. Íconos del muerto. En esa persona pero sin rostro.

De Ramiro tengo solo un papel, con su email. Nunca borré su dirección de mis contactos, sería sentir que muere de nuevo.
Recuerdo la noche en que lo conocí pobre chico, no lo reconocí. Estábamos en una fiesta en un hotel alquilado. El vestía una camiseta del Inter y me vino a hablar y lo evadí porque estaba hecho un harapo y no quería que las chicas me viesen con él, que ni sabía quien era hasta ese entonces.

“Vos ibas a mi misma facultad”- me dijo. Yo asentí y me fui a buscar un trago.
Al rato volvió y repitió la misma frase como un zombi e intenté evitarlo de nuevo pero me di cuenta quien era. No solo había ido a mi facultad (y dejado) sino que había ido a mi mismo colegio y había sabido ser el chico más lindo. En su época dorada había tenido a todas las chicas atrás pero no le interesaban demasiado, tenía otras cosas más importantes en mente, como drogarse.

Al reconocerlo, entre canciones plásticas electrónicas a todo volumen y gin tonic, nos pusimos a charlar. Nos presentamos y me hizo una lista interminable (y aburrida) de toda la gente que teníamos en común.

Me dijo después de un rato que me había visto en la Biblioteca Nacional, en un recital gratuito de un músico experimental.
Me preguntó si hacía música o algo y le dije que sí, que tocaba la guitarra con efectos. El me dijo que tenía sintetizadores y aparatos que deberíamos juntarnos. Le dije que sí para sacármelo de encima.

Fuimos hasta la recepción en búsqueda de una birome y un trozo de papel, me anotó su email. Aún conservo ese papel. Aun sigue en mi lista de contactos, borrarlo sería sentir que muere de nuevo.

Esa noche, al irme, recuerdo que lo vi, dormido al costado de una escalera del hotel, al lado de un tacho de basura. Una botellita de cerveza pendía de su mano, medio llena, medio vacía.

lunes, 6 de julio de 2009

El príncipe azul no existe pero si el macho violento (Parte I)

No existe el príncipe azul pero si el macho violento-leyó en una pared de una iglesia mientras viajaba en colectivo. La gente con barbijo ya no lo preocupaba y tampoco el smog, ni los robos ni los accidentes de tránsito ni las armas nucleares. Le preocupaba encontrar a su príncipe azul. Ya había tenido demasiados machos violentos, aunque todos piensen que los putos son afeminados, siguen siendo hombres y había algunos bien hijos de puta, que usaban y lastimaban como cualquier heterosexual.

Viejos amigos a quienes les ocultó su condición homosexual, rechazaban el sexo anal en las charlas de “machitos”, era para putos. Pero se olvidaban que un gay tiene el mismo cuerpo que un hetero lo que siente uno lo siente el otro. Obvio que hay preferencias pero la negación al sexo anal en los mataputos le resultaba una forma de tapar su homosexualidad latente. Siempre discutían sobre por cuanta plata se dejarían romper el orto. Le resultaba estúpida aquella discusión que siempre daba vueltas sobre lo mismo, quien resultaba ser el puto más barato. Ya sea por plata, por gusto o control médico a la larga a todos nos rompen el culo-les dijo una vez. Todos se quedaron callados y reflexionando.

-Por gusto y plata sos puto, pero control médico es salud, es ciencia-respondió el más homofóbico de sus ex amigos.

-Si pero el culo te termina roto igual, a los cuarenta al proctólogo tenes que ir si o si-respondió el.
-¿No serás medio puto Luca?