Se apareció un amigo del barrio, el gorrito de lana le tapaba casi íntegramente los ojos, meramente estético, hacía un calor preocupante.
-Hey Tom ¿Te enteraste de lo que pasó en el centro? Hubo una persecución policial.
-Sí, justo fui a comprar un vino y vi como doblaba una patrulla, un peligro, podría haber pisado a alguien.
-De hecho lo hizo.
-¿Qué?
-Sí, la patrulla atropelló al nenito ese que vive cerca de casa ¿Cómo es que se llama? Ah, sí, Bruno.
-¿En serio? Hablé con él hace un rato ¡Qué tragedia!
-Los padres van a demandar al Estado o a la policía.
-¿Atraparon a los ladrones?
-No. Ah, dice El Burro que te va a matar, se enteró que te coges a su novia.
-Decile si lo ves, que aquí estoy, que suba.
Tom siguió clavando las putas tejas.
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martes, 8 de septiembre de 2009
martes, 25 de agosto de 2009
Para el techo, las noticias (Parte IV)
Se apareció al rato un señor de anteojos, pelado y muy alto, parecía que iba a hablar pero no lo hacía, amagaba nomás. Al rato pudo.
-D-d-disculpe.
Tom no lo escuchó ni lo vio, siguió pintando y tomando vino.
-D-d-disculpe.
Lo intentó una tercera vez, con un poco más de ímpetu, Tom lo escuchó.
-Diga.- dijo el negro desde arriba dándose un leve descanso y secando el sudor de su pelada.
-Las tejas de mi techo están bastante mal y, y, me gustaría que usted venga a arreglarlas si tiene tiempo.
-Sí, cobro por hora.- dijo Tom aprovechándose de la ingenuidad de aquel blanquito tembloroso.
-¿Está bien, podría venir mañana?
-A primera hora, anóteme su dirección y déjela debajo de aquella maseta.
Nuevamente una teja cayó del techo y nuevamente Tom tuvo la suerte de que no lastimase a nadie, pero asustó a una anciana.
-¿Por qué no se fija lo que hace muchachito?- dijo la vieja de mierda.
-Disculpe señora, disculpe.- dijo Tom sin ganas de discutir.
-Sí, disculpe pero casi me partís la cabeza ¿Tiene permiso para hacer ese trabajo?
-¿Se va a poner en policía señora?
-No jovencito, no en policía pero es un peligro lo que hace ¿Tiene permiso o no?
-Sí, del dueño.
-No, no. No me tome por tonta, del gobierno.
-Señora, estoy laburando, no le estoy afanando a nadie ¿no me rompa quiere?
-Habría que devolverlos a África.- dijo la anciana bien, bien por lo bajo, sin agallas.
Tom pateó otra teja que cayó nuevamente cerca del vejestorio. Si seguía a este ritmo se iba a quedar sin tejas para reemplazar.
El sol estaba descendiendo pero Tom no, seguía allí firme perdiendo bastante tiempo. Le gustaba la altura, se sentía invulnerable, Dios. Escuchando desde arriba a la gente, y cada tanto bajando para comprar un vino.
-D-d-disculpe.
Tom no lo escuchó ni lo vio, siguió pintando y tomando vino.
-D-d-disculpe.
Lo intentó una tercera vez, con un poco más de ímpetu, Tom lo escuchó.
-Diga.- dijo el negro desde arriba dándose un leve descanso y secando el sudor de su pelada.
-Las tejas de mi techo están bastante mal y, y, me gustaría que usted venga a arreglarlas si tiene tiempo.
-Sí, cobro por hora.- dijo Tom aprovechándose de la ingenuidad de aquel blanquito tembloroso.
-¿Está bien, podría venir mañana?
-A primera hora, anóteme su dirección y déjela debajo de aquella maseta.
Nuevamente una teja cayó del techo y nuevamente Tom tuvo la suerte de que no lastimase a nadie, pero asustó a una anciana.
-¿Por qué no se fija lo que hace muchachito?- dijo la vieja de mierda.
-Disculpe señora, disculpe.- dijo Tom sin ganas de discutir.
-Sí, disculpe pero casi me partís la cabeza ¿Tiene permiso para hacer ese trabajo?
-¿Se va a poner en policía señora?
-No jovencito, no en policía pero es un peligro lo que hace ¿Tiene permiso o no?
-Sí, del dueño.
-No, no. No me tome por tonta, del gobierno.
-Señora, estoy laburando, no le estoy afanando a nadie ¿no me rompa quiere?
-Habría que devolverlos a África.- dijo la anciana bien, bien por lo bajo, sin agallas.
Tom pateó otra teja que cayó nuevamente cerca del vejestorio. Si seguía a este ritmo se iba a quedar sin tejas para reemplazar.
El sol estaba descendiendo pero Tom no, seguía allí firme perdiendo bastante tiempo. Le gustaba la altura, se sentía invulnerable, Dios. Escuchando desde arriba a la gente, y cada tanto bajando para comprar un vino.
miércoles, 19 de agosto de 2009
Para el techo, las noticias (Parte III)
Caminó por el barrio hasta llegar a su almacén, no era de él pero quienes lo atendían eran sus amigos y generalmente le daban el alcohol a precio o gratis.
Tom entró y saludó al encargado- Me agarro un vino- dijo y lo retiró del estante casi con los ojos cerrados. Había trabajado un tiempo en aquel lugar pero no duró demasiado, no le gustaba tener que cumplir un horario, lo deprimía.
-Pagalo, me estoy fundiendo.- dijo el empleado del lugar, un viejo amigo del padre de Tom.
-¿Cómo que te estas fundiendo?- preguntó Tom sin saber si preocuparse o reírse de una broma.
-Están por abrir un supermercado a dos cuadras, treinta años en el barrio y ahora me la ponen, no se que voy a hacer.
- Tenés tus compradores.
-Clientes se dice.
Tom dejó un billete en el mostrador.- no te vas a fundir, el barrio te va a seguir comprando a vos, vas a ver.
Las palabras entusiasmaron al viejo, lo llenaron de esperanza. Se aferró a la mano de Tom y sonrió.
Cuando iba volviendo, vio como una patrulla doblaba a toda velocidad por la esquina y perseguía infelizmente a un auto muy lastimado, no escuchó ningún disparo.
Se subió al techo nuevamente, el crimen perfecto, nadie lo había visto bajarse. Pero no se percató de que Ortiz se dio cuenta de que el martilleo había cesado. Antes de poder siquiera abrir el cartón de su delicioso vino tinto, el dueño de casa se apareció. Tom no llegó a ocultar el envase tras la caja de herramientas.
-¿Tomando vino?- preguntó el Señor Ortiz
-Disculpe señor
-Terminá el trabajo de una vez.- se metió en la casa.
Tom siguió ahí haciendo equilibrio entre tejas sueltas, pisó una y se resbaló, casi cae pero logró atajarse, lo que si calló fue una teja que por suerte no le pegó a Bruno, un nenito del barrio.
-¡Tené cuidado Tom, casi me matás!- dijo el chico mientras intentaba dominar el manubrio de su bicicleta.
-Disculpame brunito, se me calló una teja ¿Cómo anda todo niño?
-Todo bien, hoy me saque un ocho
-¡En qué te sacaste un ocho?- preguntó el obrero muerto de ternura.
-En un examen de historia ¿Sabías que Cristóbal Colón descubrió América en 1498?
El hombre se quedó pensando en el tejado, o la profesora era una bruta o el nene le estaba haciendo una broma.
-Chau Tom.- dijo el nene agitando su manito y siguió su camino a alta velocidad por la vereda.
Tom entró y saludó al encargado- Me agarro un vino- dijo y lo retiró del estante casi con los ojos cerrados. Había trabajado un tiempo en aquel lugar pero no duró demasiado, no le gustaba tener que cumplir un horario, lo deprimía.
-Pagalo, me estoy fundiendo.- dijo el empleado del lugar, un viejo amigo del padre de Tom.
-¿Cómo que te estas fundiendo?- preguntó Tom sin saber si preocuparse o reírse de una broma.
-Están por abrir un supermercado a dos cuadras, treinta años en el barrio y ahora me la ponen, no se que voy a hacer.
- Tenés tus compradores.
-Clientes se dice.
Tom dejó un billete en el mostrador.- no te vas a fundir, el barrio te va a seguir comprando a vos, vas a ver.
Las palabras entusiasmaron al viejo, lo llenaron de esperanza. Se aferró a la mano de Tom y sonrió.
Cuando iba volviendo, vio como una patrulla doblaba a toda velocidad por la esquina y perseguía infelizmente a un auto muy lastimado, no escuchó ningún disparo.
Se subió al techo nuevamente, el crimen perfecto, nadie lo había visto bajarse. Pero no se percató de que Ortiz se dio cuenta de que el martilleo había cesado. Antes de poder siquiera abrir el cartón de su delicioso vino tinto, el dueño de casa se apareció. Tom no llegó a ocultar el envase tras la caja de herramientas.
-¿Tomando vino?- preguntó el Señor Ortiz
-Disculpe señor
-Terminá el trabajo de una vez.- se metió en la casa.
Tom siguió ahí haciendo equilibrio entre tejas sueltas, pisó una y se resbaló, casi cae pero logró atajarse, lo que si calló fue una teja que por suerte no le pegó a Bruno, un nenito del barrio.
-¡Tené cuidado Tom, casi me matás!- dijo el chico mientras intentaba dominar el manubrio de su bicicleta.
-Disculpame brunito, se me calló una teja ¿Cómo anda todo niño?
-Todo bien, hoy me saque un ocho
-¡En qué te sacaste un ocho?- preguntó el obrero muerto de ternura.
-En un examen de historia ¿Sabías que Cristóbal Colón descubrió América en 1498?
El hombre se quedó pensando en el tejado, o la profesora era una bruta o el nene le estaba haciendo una broma.
-Chau Tom.- dijo el nene agitando su manito y siguió su camino a alta velocidad por la vereda.
martes, 18 de agosto de 2009
Para el techo, las noticias (Parte II)
Toc, toc, etc. Seguía déle que déle hasta que su labor se vio nuevamente interrumpida por un vecino que salió a las puteadas de su casa.
-Pero negro boludo ¿No te das cuenta que es la hora de la siesta?
-Boludo será usted, es mi trabajo.- Y lo era, el mulato se cogía a la mujer de ese, Escalada se llamaba, José y su esposa Mariel. Mientras José estaba en su pedorra oficina en el centro, Tom se pasaba el rato con Mariel
No era nadie y se creía que era un gran empresario. Estaba llevando a una PYME de segunda a ser de cuarta. Era un fracasado y él lo sabía, sus hijos lo sabían, su esposa lo sabía y Tom lo sabía; También el resto del barrio, pero solo Tom se la cepillaba, al menos era del único que se sabía. José era un boludo, uno de primera pero no podía admitirlo, necesitaba mantener su imagen de apócrifo triunfador.
En el fondo se sentía mal de ser así y de saber que un negro se cogía a su mujer, si hubiese sido uno de descendencia europea no le hubiese jodido tanto. Un racista manicero e/o impotente.
Tom siguió golpeteando el tejado, José no se volvió a quejar del ruido, siguieron conviviendo en paz y el negro cogiendose a su mujer.
Bajó del techo para comprarse otro vino, necesitaba muchos cartones para emborracharse, ese físico fibroso por naturaleza, necesitaba mucho alcohol para ser tumbado. Se colocó los breteles del jardinero para que no lo detengan por exhibicionismo, si un blanquito lo hacía, seguramente no pasaba nada, prefirió doblegarse y seguir la ley para poder terminar su trabajo de una vez por todas y poder embriagarse de verdad y de un tirón.
Odiaba las pequeñas dosis, odiaba tomar de a tragos, odiaba los canapés. A lo grande, platos llenos y botellas enteras de un solo trago. Guarro, salvaje, pero feliz.
-Pero negro boludo ¿No te das cuenta que es la hora de la siesta?
-Boludo será usted, es mi trabajo.- Y lo era, el mulato se cogía a la mujer de ese, Escalada se llamaba, José y su esposa Mariel. Mientras José estaba en su pedorra oficina en el centro, Tom se pasaba el rato con Mariel
No era nadie y se creía que era un gran empresario. Estaba llevando a una PYME de segunda a ser de cuarta. Era un fracasado y él lo sabía, sus hijos lo sabían, su esposa lo sabía y Tom lo sabía; También el resto del barrio, pero solo Tom se la cepillaba, al menos era del único que se sabía. José era un boludo, uno de primera pero no podía admitirlo, necesitaba mantener su imagen de apócrifo triunfador.
En el fondo se sentía mal de ser así y de saber que un negro se cogía a su mujer, si hubiese sido uno de descendencia europea no le hubiese jodido tanto. Un racista manicero e/o impotente.
Tom siguió golpeteando el tejado, José no se volvió a quejar del ruido, siguieron conviviendo en paz y el negro cogiendose a su mujer.
Bajó del techo para comprarse otro vino, necesitaba muchos cartones para emborracharse, ese físico fibroso por naturaleza, necesitaba mucho alcohol para ser tumbado. Se colocó los breteles del jardinero para que no lo detengan por exhibicionismo, si un blanquito lo hacía, seguramente no pasaba nada, prefirió doblegarse y seguir la ley para poder terminar su trabajo de una vez por todas y poder embriagarse de verdad y de un tirón.
Odiaba las pequeñas dosis, odiaba tomar de a tragos, odiaba los canapés. A lo grande, platos llenos y botellas enteras de un solo trago. Guarro, salvaje, pero feliz.
martes, 11 de agosto de 2009
Para el techo, las noticias (parte I)
Toc Toc Toc, golpeaba Tom con el martillo, asegurándose de que las tejas no se vuelvan a salir nunca más. Nunca más, porque la tercera es la vencida y de nuevo no le iban a pagar par hacer el trabajo, los Ortiz no eran pelotudos. Tenían plata, sí, pero no para estar derrochando una y otra vez con las tejas. Ojo, Tom no lo hacía de vivo, lo hacía de incompetente, o sea no lo hacía. Va sí, pero mal.
El negro estaba empapado en sudor, con los breteles del jardinero colgándole a la altura de la cintura, dejando al descubierto sus tatuajes baratos. Con gruesos guantes para no arrancarse los dedos a martillazos y para secarse el sudor. Tenía su caja de herramientas haciéndole equilibrio entre las tejas azules y amenazando con caer al vacío y matar a algún peatón. También tenía un cartón de vino que escondía cuando salía algún Ortiz.
Toc toc toc y el negro seguía sudando, no tanto como sus antecesores debieron haberlo hecho en África, pero él no era africano, era…
Tom bebía el vino barato como un animal, justo se estaba limpiando el mentón y Ortiz Sr sale a la calle, el esconde el envase detrás de su caja de herramientas y espera atento la pregunta o reto del señor.
-Tom ¿Cuánto falta para que termines ese tejado? Estas hace más de una hora ahí arriba.
-Disculpe señor, hay varias tejas en muy mal estado y tuve que cambiarlas.
- ¿De dónde sacaste las nuevas?
-De su garage señor.
- ¿Estaban pintadas?- preguntó el señor poniendo su mano sobre sus ojos para tapar al demoledor Rey Sol.
-No, las tuve que pintar yo señor.
-¿De dónde sacaste la pintura Tom?
-De su garage señor
El Sr Ortiz gruñó o algo así y se metió de nuevo en la casa.
El negro estaba empapado en sudor, con los breteles del jardinero colgándole a la altura de la cintura, dejando al descubierto sus tatuajes baratos. Con gruesos guantes para no arrancarse los dedos a martillazos y para secarse el sudor. Tenía su caja de herramientas haciéndole equilibrio entre las tejas azules y amenazando con caer al vacío y matar a algún peatón. También tenía un cartón de vino que escondía cuando salía algún Ortiz.
Toc toc toc y el negro seguía sudando, no tanto como sus antecesores debieron haberlo hecho en África, pero él no era africano, era…
Tom bebía el vino barato como un animal, justo se estaba limpiando el mentón y Ortiz Sr sale a la calle, el esconde el envase detrás de su caja de herramientas y espera atento la pregunta o reto del señor.
-Tom ¿Cuánto falta para que termines ese tejado? Estas hace más de una hora ahí arriba.
-Disculpe señor, hay varias tejas en muy mal estado y tuve que cambiarlas.
- ¿De dónde sacaste las nuevas?
-De su garage señor.
- ¿Estaban pintadas?- preguntó el señor poniendo su mano sobre sus ojos para tapar al demoledor Rey Sol.
-No, las tuve que pintar yo señor.
-¿De dónde sacaste la pintura Tom?
-De su garage señor
El Sr Ortiz gruñó o algo así y se metió de nuevo en la casa.
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