Se despierta con la sábana marcada en su espalda
Dibujándole un mapa de ningún lado
Me mira, con un solo ojo
El otro está hundido en la almohada todavía
Seguramente cerrado
Me acaricia el pelo sin cariño
Y me dice
Que no puede seguirme viendo
¡Por qué? Pregunto
O intento porque el nudo de mi garganta me ahoga
Vos sabés porqué
No nos pertenecemos
Gélido intento observarla toda
Para hacer un mapa mental de su rostro
y de su cuerpo
Desnudo
Para recordarla
Por siempre
La insulto
Porque sé que tiene razón
No nos pertenecemos
Me acaricia nuevamente el pelo
Con la misma ternura con la que acaricia a mi perro
Te quiero me dice
La insulto
Porque sé que me está mintiendo
La insulto una última vez
Con todas mis fuerzas
Con todo mi amor que a ese punto es también
Todo mi odio
Le pregunto
¿Cuando dejaste de ser mi novia para convertirte en mi enemiga?
Nunca respondió
Nunca más la vi.
domingo, 4 de abril de 2010
sábado, 3 de abril de 2010
Todo niño sensible sabrá de que estamos hablando
arbolito
la bicicleta
el chupetín
fanzines
que lindo que es
patineta
el muñequito
el disco
la camita
helado
maldad
la casa
cosas lindas
la chicha

Escuchen este disco.
la bicicleta
el chupetín
fanzines
que lindo que es
patineta
el muñequito
el disco
la camita
helado
maldad
la casa
cosas lindas
la chicha

Escuchen este disco.
domingo, 28 de marzo de 2010
Morir como un astronauta
Este texto, fue inspirado por la música de un proyecto llamado Morir como un astronauta. que me gusta.
Morir como un astronauta
Sólo
Rodeado de nada
Por nadie
Con palabras mudas
Ahogadas
Y el mundo
Allá lejos
No me pertenece
Morir como un astronauta
Sólo
Rodeado de nada
Por nadie
Con palabras mudas
Ahogadas
Y el mundo
Allá lejos
No me pertenece
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jueves, 25 de marzo de 2010
Haiku (PAJAS, DESAMORES Y FLEMA)
Más pajas que polvos
Más desilusiones que amoríos
Pero siempre ahí
las canciones de siempre
Para rescatarme
Más desilusiones que amoríos
Pero siempre ahí
las canciones de siempre
Para rescatarme
martes, 23 de marzo de 2010
Sabrás lo que es perder (III) o Sabrás quien sos
Sabrás quien sos
cuando por una razón u otra
dudes
dudes en matar o no a tus padres
en engañar o no a tu pareja
en cagar o no a un amigo
Cuando te preguntes quien tiene más valor en tu vida
si vos o el resto
cuando esa duda te mutile el cerebro
cuando puedas decidir
tendrás una leve idea
de quien sos
cuando dudes y luego existas
sabrás que clase de persona sos
yo soy
...
cuando por una razón u otra
dudes
dudes en matar o no a tus padres
en engañar o no a tu pareja
en cagar o no a un amigo
Cuando te preguntes quien tiene más valor en tu vida
si vos o el resto
cuando esa duda te mutile el cerebro
cuando puedas decidir
tendrás una leve idea
de quien sos
cuando dudes y luego existas
sabrás que clase de persona sos
yo soy
...
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domingo, 21 de marzo de 2010
Charles Bukowski: Confesión
Este poema es de Charles Bukowski y quiero compartirlo porque es uno de los tantos que le envidio y quisiera haber escrito yo. Lo leí originalmente en inglés de su libro Las night on the eart poems, publicado dos años antes de su muerte.
Bueno, aquí el poema:
Confesión
Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama
Me da tanta pena
Mi mujer
Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:
<< !Hank! >>
Hank no
Responderá.
No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.
Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado
Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:
Te amo.
Bueno, aquí el poema:
Confesión
Esperando la muerte
Como un gato
Que va a saltar sobre
La cama
Me da tanta pena
Mi mujer
Ella verá este
Cuerpo
Blanco
Rígido
Lo zarandeará una vez y luego
Quizás
Otra:
<< !Hank! >>
Hank no
Responderá.
No es mi muerte lo que
Me preocupa, es mi mujer
Que se quedará con este
Montón de
Nada.
Quiero que
Sepa
Sin embargo
Que todas las noches
Que he dormido a su lado
Incluso las discusiones
Más inútiles
Siempre fueron
Algo espléndido
Y esas difíciles
Palabras
Que siempre temí
Decir
Pueden decirse
Ahora:
Te amo.
martes, 16 de marzo de 2010
También
Los feos también se enamoran
Los lindos también cagan
Los retardados también tienen derecho a coger
y los buenos también roban
Los nazis se enorgullecen de sus hijos
y las minorías engañan a sus parejas
Los genios copian y envidian y viven a la sombra de otros genios.
Los podrioseros añoran comida y un hogar
y los ricos
libertad
Los lindos también cagan
Los retardados también tienen derecho a coger
y los buenos también roban
Los nazis se enorgullecen de sus hijos
y las minorías engañan a sus parejas
Los genios copian y envidian y viven a la sombra de otros genios.
Los podrioseros añoran comida y un hogar
y los ricos
libertad
domingo, 14 de marzo de 2010
Una noche larga
¿Y si te digo que no?- indagó ella con la absurda intención de demostrar coraje, muerta de miedo por dentro.
-Vas a decir que sí, vas a decir que sí- afirmó y reafirmó él con mucha calma para aclarar que tenía la situación en sus manos.
-Sos un hijo de puta- le respondió llena de bronca e impotencia mientras se hacía bolita y desplomaba en un rincón de la habitación.
Él comenzó a desabrocharse el cinturón y ella a llorar. Iba a ser una noche larga.
-Vas a decir que sí, vas a decir que sí- afirmó y reafirmó él con mucha calma para aclarar que tenía la situación en sus manos.
-Sos un hijo de puta- le respondió llena de bronca e impotencia mientras se hacía bolita y desplomaba en un rincón de la habitación.
Él comenzó a desabrocharse el cinturón y ella a llorar. Iba a ser una noche larga.
viernes, 12 de marzo de 2010
Mi mamá y mi papá intentaron educarme al pedo
Y cae un hombre moribundo en la vereda
Y otro hombre lo asiste
y Mil miran
y diez mil siguen caminando
Yo, miro.
Y otro hombre lo asiste
y Mil miran
y diez mil siguen caminando
Yo, miro.
miércoles, 10 de marzo de 2010
Sabras lo que es perder II
Ya no me importa nada que valga la pena
No me importan los perros retorciéndose bajo la lluvia
Ni los niños muertos de hambre y sedientos
No me importan los ríos contaminados ni la guerra atómica
Solo me importo yo
Tener suficientes púas
Batería en el celular
Saber el horario del próximo capitulo de Lost
Y que en Taringa esté el último disco de Omar Rodriguez
Me angustia pero
Me ganaron
Veintiún años
Y derrotado
No me importan los perros retorciéndose bajo la lluvia
Ni los niños muertos de hambre y sedientos
No me importan los ríos contaminados ni la guerra atómica
Solo me importo yo
Tener suficientes púas
Batería en el celular
Saber el horario del próximo capitulo de Lost
Y que en Taringa esté el último disco de Omar Rodriguez
Me angustia pero
Me ganaron
Veintiún años
Y derrotado
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martes, 9 de marzo de 2010
Edinburgo (Parte I)
Todo giraba en torno al castillo, la ciudad se circuncía bajo sus ladrillos de piedra. Las charlas giraban sobre él, prometiendo visitarlo e interesarnos en su historia y leyendas.
El cielo estaba más claro que en Londres, el aire se respiraba con mayor facilidad que en Londres. La gente vestía peor que en Londres.
El acento fue el primer problema.
Mi valija rota, el segundo. La angustia e impotencia de arrastrar veinte kilos por el piso, sin ruedas que ayuden forzó la frenada brusca de un taxi para escapar de aquella antigua estación de tren. Solo se veía una diminuta porción del castillo desde ahí, la única conexión que teníamos con el exterior.
Fuimos primero a la universidad de Marian en busca de las llaves de su departamento en donde nos alojaríamos.
Problema número tres, no estaba en el lugar de encuentro y las fichas del taxi seguían cayendo, en libras y rápido.
Franco fue en búsqueda de un teléfono público para llamar a Marian y yo me quedé esperando, con todas las valijas en la calle, a que apareciese. Miedo de argentino paranoico, por sí el taxista pensaba en “tomárselas” con nuestras cosas preferí bajarlas.
Me miraba con desconfianza y tenía razón.
Pensé en su triste esposa mirándolo con pena al verlo llegar del trabajo, derrotado. Comiendo latas de Spam y fumando cigarrillos armados sin filtro. Sus charlas vacías que retumbaban en la habitación solo porque habían firmado un contrato que decía que debían compartir el resto de sus vidas por más que la esencia y el amor se hubiesen desintegrado como un mosquito que muere incinerado por las lámparas de luz amarilla.
Pensé en su mujer, con arrugas de dolor y encierro, deseando escapar y conocer el mundo y al amor de su vida, que no era su esposo pero no lo sabía.
Todo eso pensé hasta que Marian apareció, al trote, estaba en clase y no había podido escaparse antes. Me dio las llaves y me explicó como llegar a su “flat” y con que llave abrir cada cosa. Quedé en que lo pasaríamos a buscar a las 17. Se despidió y deshizo el camino trotando.
Tuve que esperar a Franco. Las fichas del taxi seguían cayendo, el taxista se enriquecía sin gastar nafta. Eso era lo que importaba para él, no gastar, porque su tiempo no valía nada. Ni para él, ni para su jefe, ni para mí, ni para sus hijos ni su esposa ni para nadie.
Seguimos finalmente rumbo al departamento. Quedaba a pocas cuadras de la universidad de Arte donde Marian estudiaba, al fondo de un callejón sin salida. Estábamos rodeados por edificios.
Problema cuarto: ¿Era ese el edificio? La dirección que teníamos anotada decía Dunbar ST 9/5. Marian nos indicó que era al final de la calle, el último departamento. Allí estábamos, en el nueve. La puerta estaba abierta y nos generó desconfianza. Franco se animó a subir hasta el quinto piso para asegurarse de que fuese ahí. Tras maniobrar un buen rato con todas las llaves del manojo, consiguió abrir. Bajó y comenzamos a subir, de a poco y con poca paciencia, las valijas, piso a piso, escalón tras escalón. Con el pulso repiqueteándonos en las sienes y el sudor cubriéndonos por todos lados, llegamos. Estábamos por fin, en casa.
El cielo estaba más claro que en Londres, el aire se respiraba con mayor facilidad que en Londres. La gente vestía peor que en Londres.
El acento fue el primer problema.
Mi valija rota, el segundo. La angustia e impotencia de arrastrar veinte kilos por el piso, sin ruedas que ayuden forzó la frenada brusca de un taxi para escapar de aquella antigua estación de tren. Solo se veía una diminuta porción del castillo desde ahí, la única conexión que teníamos con el exterior.
Fuimos primero a la universidad de Marian en busca de las llaves de su departamento en donde nos alojaríamos.
Problema número tres, no estaba en el lugar de encuentro y las fichas del taxi seguían cayendo, en libras y rápido.
Franco fue en búsqueda de un teléfono público para llamar a Marian y yo me quedé esperando, con todas las valijas en la calle, a que apareciese. Miedo de argentino paranoico, por sí el taxista pensaba en “tomárselas” con nuestras cosas preferí bajarlas.
Me miraba con desconfianza y tenía razón.
Pensé en su triste esposa mirándolo con pena al verlo llegar del trabajo, derrotado. Comiendo latas de Spam y fumando cigarrillos armados sin filtro. Sus charlas vacías que retumbaban en la habitación solo porque habían firmado un contrato que decía que debían compartir el resto de sus vidas por más que la esencia y el amor se hubiesen desintegrado como un mosquito que muere incinerado por las lámparas de luz amarilla.
Pensé en su mujer, con arrugas de dolor y encierro, deseando escapar y conocer el mundo y al amor de su vida, que no era su esposo pero no lo sabía.
Todo eso pensé hasta que Marian apareció, al trote, estaba en clase y no había podido escaparse antes. Me dio las llaves y me explicó como llegar a su “flat” y con que llave abrir cada cosa. Quedé en que lo pasaríamos a buscar a las 17. Se despidió y deshizo el camino trotando.
Tuve que esperar a Franco. Las fichas del taxi seguían cayendo, el taxista se enriquecía sin gastar nafta. Eso era lo que importaba para él, no gastar, porque su tiempo no valía nada. Ni para él, ni para su jefe, ni para mí, ni para sus hijos ni su esposa ni para nadie.
Seguimos finalmente rumbo al departamento. Quedaba a pocas cuadras de la universidad de Arte donde Marian estudiaba, al fondo de un callejón sin salida. Estábamos rodeados por edificios.
Problema cuarto: ¿Era ese el edificio? La dirección que teníamos anotada decía Dunbar ST 9/5. Marian nos indicó que era al final de la calle, el último departamento. Allí estábamos, en el nueve. La puerta estaba abierta y nos generó desconfianza. Franco se animó a subir hasta el quinto piso para asegurarse de que fuese ahí. Tras maniobrar un buen rato con todas las llaves del manojo, consiguió abrir. Bajó y comenzamos a subir, de a poco y con poca paciencia, las valijas, piso a piso, escalón tras escalón. Con el pulso repiqueteándonos en las sienes y el sudor cubriéndonos por todos lados, llegamos. Estábamos por fin, en casa.
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