Vivo en una cárcel, vivo en Devoto
Peor aún, en Villa del Parque
Pero la sensación es la misma
De encierro
Ahogo
Un barrio al que llegan las peores líneas de colectivos
Un lugar aburrido, lejano a todo
Como zona Oeste pero con precios de capital.
Ni los deliveries del barrio llegan a mi casa
Vivo encarcelado, entre las rejas de mis ventanas y los gritos de mi vecino duro
que le pega a su pareja por haberla dejado embarazada
“Hijo de puta, vos vas a pagar el aborto. Te ponés loco por la merca barata que tomás” le aullaba ella una noche y él la golpeaba contra la puerta de vidrio. El guardia miraba en silencio, con la cabeza mas abajo que los hombros.
Vivo atrapado entre los maullidos de una gata alzada a la que nunca cojen y los kioskos que cierran a las 11.
Vivo en una isla, se llama Devoto
Peor aún, Villa del parque
me está matando de a poco
De aburrimiento
De soledad
Me están matando de a poco
Sus edificios inanimados
Sus casas viejas
Las viejas que baldean
Y me miran con desconfianza cuando paseo al perro
Ya me conocen
Pero insisten en seguirme con la mirada
Como si fuese la primera vez que me ven
Como si fuese a robarles
Ya conozco los sonidos de la cuadra
Desde las alarmas de los autos y los portones de los garages
Hasta los ladridos de todos los perros
Los gritos de las parejas que se llevan mal
Y los riffs thrasheros de mi vecino y su guitarra eléctrica
Ya me voy a ir de ese barrio y no me van a extrañar
Ya me voy a ir de ese barrio y no lo voy a extrañar
Ya me voy a ir de ese barrio y no me van a recordar
Ya me voy a ir de ese barrio y lo voy a recordar
Como una cárcel
Prendida juego
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jueves, 22 de abril de 2010
viernes, 16 de abril de 2010
Un lugar al que estoy acostumbrado y nunca vi
La plaza en la que nunca jugué de chico pero que supe observar y querer de más grande sigue allí. Con la estatua de Antonio Devoto en un costado, como puesta de compromiso. Los juegos a los que no subo por vergüenza (porque estoy grande) pero no por falta de ganas. La gente corre alrededor de la plaza todos los días, todas las horas, haciendo una calesita humana que nunca cesa. Los policías miran y garronean panchos en Peter´s que fue el primero en abrirse.
Ahí, la biblioteca a la que nunca vi a nadie entrar y la que nunca visité porque no me gustan los libros gratis. Nada gratis me gusta, el consumo me es necesario, me llena (por un rato).
A la izquierda de la plaza, el hospital. Del que vi salir más bebés recién nacidos que entrar muertos recién muertos.
A cuadras de ahí, en la plazoleta anterior a la vía, está el monumento de un polaco al que nadie le importa pero que observo a diario, prometiéndome ir a averiguar quién fue, qué hizo. No lo haré nunca, lo sé.
El barrio, en él convergen dos avenidas, parece un parque de diversiones. El banco, el quiosco de revistas, el quiosco, la estación de servicios, los innumerables bares a los que nunca iré, la oficina de mi papá, el super chino, el quiosco al que no voy porque el que atiende es un pelotudo, la gomería con sus pósters de la época de la dictadura, los accidentes de auto.
Puedo pararme horas a ver que pasa, cosas mínimas, aburridas (para los demás) pero que a mi me hacen bien, me hacen disfrutar del barrio. Sentirme parte de él. Más de una vez dije no ser argentino sino ser de Devoto (bah, Villa del Parque).
El club Arquitectura, al que fui de chico y del que no recuerdo absolutamente nada pero que por alguna razón siempre quise volver. El edificio de Aguas Argentinas lleno de borrachos, pintorescos borrachos, dignos de barrios más IN como San Telmo hacen que las chicas crucen de cuadra.
La vista desde mi ventana es austera, aburrida, pero propia. No me imagino otra vista.
Ahí, la biblioteca a la que nunca vi a nadie entrar y la que nunca visité porque no me gustan los libros gratis. Nada gratis me gusta, el consumo me es necesario, me llena (por un rato).
A la izquierda de la plaza, el hospital. Del que vi salir más bebés recién nacidos que entrar muertos recién muertos.
A cuadras de ahí, en la plazoleta anterior a la vía, está el monumento de un polaco al que nadie le importa pero que observo a diario, prometiéndome ir a averiguar quién fue, qué hizo. No lo haré nunca, lo sé.
El barrio, en él convergen dos avenidas, parece un parque de diversiones. El banco, el quiosco de revistas, el quiosco, la estación de servicios, los innumerables bares a los que nunca iré, la oficina de mi papá, el super chino, el quiosco al que no voy porque el que atiende es un pelotudo, la gomería con sus pósters de la época de la dictadura, los accidentes de auto.
Puedo pararme horas a ver que pasa, cosas mínimas, aburridas (para los demás) pero que a mi me hacen bien, me hacen disfrutar del barrio. Sentirme parte de él. Más de una vez dije no ser argentino sino ser de Devoto (bah, Villa del Parque).
El club Arquitectura, al que fui de chico y del que no recuerdo absolutamente nada pero que por alguna razón siempre quise volver. El edificio de Aguas Argentinas lleno de borrachos, pintorescos borrachos, dignos de barrios más IN como San Telmo hacen que las chicas crucen de cuadra.
La vista desde mi ventana es austera, aburrida, pero propia. No me imagino otra vista.
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