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jueves, 27 de mayo de 2010

Para Eduardo galeano

Era mi apoya vasos, estaba en la mesita de luz justo a la altura como para poner mi taza de té de todas las noches. Té de tilo porque no puedo dormir. Iván me recomendó que lo leyera, no podía no hacerle caso a un muerto. En vida no lo escuchaba, pero muerto, sus palabras se re significaban como si viniesen de un sabio.
Apoyé la taza en la fórmica de la mesa, agarré el libro y lo abrí en una página aleatoria

Mapamundi se llamaba el capítulo y decía:
“El Sistema:
Con una mano roba lo que con la otra presta.
Sus victimas:
Cuanto más pagan, más deben.
Cuanto más reciben, menos tienen.
Cuanto más venden, menos cobran”

No me decía nada aquel texto, pero seguí insistiendo. El libro de los abrazos, me pregunté porqué se llamaría así.
Aquel libro, mi posavasos, era para mí como tener un retrato de mi papá. No tenía ninguna foto de él. Aquel libro que no pude entregarle porque estaba con medio cerebro podrido, descansaba desde hacía meses en mi mesita de luz y por fin lo abrí, no se porqué. Decidí comenzarlo desde el principio. Rendir tributo a mi papá, a Iván y a aquella chica que lo leía en el hospital, no recuerdo su nombre. También tributo a mi mamá porque es escritora. Sí, para mi leer un libro era todo un ritual.

Me quedé tomando mi té y otro y después otro y me levanté para ir al baño y cuando me di cuenta el libro estaba terminado y volvió al lugar de siempre, la mesita de luz. De libro, nuevamente a posavasos.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

El monstruo que vive debajo de mi cama

Texto que escribí para el taller de Alberto Laiseca.

Estaba ahí, estaba allá. Estaba en todas partes, siempre que la oscuridad invadía, siempre que mi mente jugueteaba con la abstracción.

No tenía una forma definida, ni un nombre. Era un violador antes de que supiese de dónde venían los bebés, era el cuco aunque nunca había visto uno (y sigo sin haberlo visto), era un ladrón y un policía. Era todo lo malo e incorrecto y con los años fue mutando.

Era mi padre gritándome, era yo pegándole a un compañero indefenso, eran mis amigos burlándose de mí a escondidas, una novia que se coge a otro.

Recuerdo estar acostado, tapado, mirando al techo y la pared que estaba vacía frente a mí. Ahí aparecía, imágenes abstractas que me hacían llorar por lo bajo para no despertar a mis padres que dormían en la habitación contigua, era una sombra, su presencia horrible se dibujaba por toda la habitación, asfixiándome, comiéndome, violándome.

Yo mismo me encontraba boceteado a veces en la pared, con diez años más, fracasado.
Mi angustia tomaba forma, no se cual con certeza pero yo la veía ahí, en la pared blanca, mis miedos, mi ansiedad, mis secretos.

Debajo de la cama, había tan sólo medias sucias, el terror se encontraba en mi pared, en mi mente en verdad, pero la utilizaba como un proyector de mi imaginación, de mis miedos y fobias.

Finalmente, podía dormir, pero a veces mi mente no frenaba y seguía torturándome en los sueños.