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martes, 12 de octubre de 2010

Varsovia

A veces me agarran ataques
Una extraña sensación de mareo y gritos internos
Casi como un absorbente ataque de pánico
Mi cuerpo grita
¡Varsovia! ¡Varsovia!
Y recuerdo aquella ciudad y mi mente se estruja
El puente hacia el distrito de Praga, con el agua congelada del Río Vistula
Que parte la ciudad en dos
Como los dos hemisferios de mi cerebro
Las frías, grises y abandonadas edificaciones soviéticas
tristes, listas para okupar
La estatua de la sirena
El fuerte
El edificio de Stalin
Mi cuerpo y mente gritan
¡Varsovia!
¡Warszawa!¡Warszawa!
El frío penetrante
Asesino
Que abrasa y duele como un alambre de púa
Me angustia cada segundo de vida que desperdicio
Sabiendo que podría estar
De nuevo allá
Llorando
Porqué lloré
Sufrí en Varsovia
Por no encontrar respuestas
Por caminarla solo
Y no poder compartir con alguien
En ese lugar del que me echaron
Sufrí en Warszawa
Pero me contentó
Saber que ese lugar de algún modo es también mío
Yo acá
Escribiendo
Y Varsovia tan lejos

martes, 5 de enero de 2010

La Lluvia

Los incesantes redobles y rayos no dejaban hablar ni dormir, era un ruido continuo que desesperaba a los pobladores de…

Quienes tuvieron suerte, se subieron a los techos de sus casas, los caminos y cualquier cosa que hubiese quedado debajo ya había sido arrasada. Vehículos, animales, bebés, muebles, todo. Todo era llevado por un espeso mar marrón que se comía lo que pasase por delante suyo como un agujero negro hace en el espacio. Pero esto era más urgente y desesperante porque pasaba ahí, a la gente, no a planetas deshabitados.

No iba a cesar más- pensaban los pobladores, empapados y tiritando de frío y angustia por la acaudalada lluvia. Así, más de un ferviente creyente pensó que aquello era el Apocalipsis, pero no, era tan solo una lluvia densa y maldita.

Cadáveres comenzaron a flotar, como boyas pero de carne. Algunos boca abajo y otros boca arriba; con la ropa rasgada por la corriente o directamente sin ella. Muertos, crucificados en el agua, arrastrados hacia ningún lado.

Se generaban fuertes olas cuando el agua roñosa chocaba con furia contra las paredes de las casas, por la precariedad, algunas llegaron a desmoronarse y a formar parte de ese todo que avanzaba como El Golem. Pero esto no era Praga, aunque cerca.
Días o semanas más tarde, la lluvia comenzó a disminuir, pero el pueblo estaba muerto. Los techos estaban colmados de cadáveres, por la inanición o hipotermia y el suelo, completamente húmedo, también estaba lleno de cadáveres amontonados y casas destruidas.

Los pocos sobrevivientes se encargaron de arrojar a los hombres muertos a una fosa común y refrigerar como podían los cadáveres de los jóvenes para alimentarse de ellos y a las jovencitas a violarlas, ya que vivas no hubiesen accedido, era su oportunidad.